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RUGBY | MUNDiAL

Los «All Blacks» reinan en la tierra oval

Nueva Zelanda gana la VII Copa del Mundo de rugby; Francia se queda en la orilla con su tercer subcampeonato

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Golpearon las manos contra los muslos, inflaron el pecho, doblaron las rodillas, siguieron con la cadera, y volvieron a golpear sus pies contra el suelo. Los antihéroes ganaban a los dandys la VII Copa del Mundo de Rugby, pero los perdedores no se desvanecieron como la espiral de fuego que trazaría un niño en la noche con un tizón encendido. Murieron con los borceguíes puestos, con la cabeza alta, con el puño en el corazón. El músculo pudo con el intelecto. Mortal y rosa, Francia había llegado hasta la orilla de la marea negra, combatió, ocupó, pero le faltó un halo de inspiración para conquistar su primer Mundial.

Los galos vencieron en la batalla cuerpo a cuerpo del valle del Edén, en Auckland, y los «All Blacks» ganaron la guerra. «¡Muero! ¡Vivo!/Este es el hombre valiente/Que trajo el sol/Y lo hizo brillar de nuevo», reza la haka(danza bélica maorí), que los neozelandeses bailan antes de cada partido; sin embargo, ese ritual fue afrentado por los titanes de las Galias. Formando una «V», con el capitán Dusautoir a la cabeza, avanzaron parsimoniosamente ante la mirada atónita de los neozelandeses, que se desencajaban ante tamaña afrenta y alguno casi se traga la lengua de las mariposas. La uve se fue desplegando y convirtiéndose en una pared, en un límite vertical, casi infranqueable para Nueva Zelanda. Los ojos se clavaban en sangre como un umbraliano carnívoro cuchillo en las pupilas del XV que comandaba Piri Weepu. Conquista, combate y ocupación, se leía en el cuaderno de bitácora francés...

...Y el malditismo de los 10, como sostiene Martín Perarnau, se apropió de los aperturas, los números 10, los cerebros de cada equipo, tipos elegidos para la gloria. Imagínense a un jugador de rugby con la sabiduría y el talento de Xavi, la electricidad y equilibrio de Iniesta, el cartesianismo y pausa de Fábregas, y el trazo sublime y diagonal de David Silva.

Suplentes de lujo

Nueva Zelanda acabó la final con el cuarto apertura suplente de titular, y Francia, con el suplente de su icono Morgan Parra. Lesionado en Nueva Zelanda Dan Carter, el «Messi del territorio oval», y poco después su sustituto Colin Slade, hace tres semanas Aaron Cruden (que hace un año se recuperaba de un cáncer en los testículos) recibió un mensaje en su móvil llamándole a filas mientras hacía surf. Aparcó la tabla, pero a la media hora de la final se resquebrajó la pierna, y le sustituyó Stephen Donald, el hombre tranquilo, que hace dos semanas estaba de vacaciones y ayer anotó tres puntos de oro.

Por Francia, a Parra le partieron la cara y la nariz; salió pateado por McCaw de una de esas riñas de gatos legendarias en los salones de Viejo Oeste, donde las sillas vuelan por el mefítico ambiente. Gajes del oficio, pensó el neozelandés, puro genio que no hizo amigos. No hay lloriqueos. Francia principió con la guillotina entre los dientes. McCaw y Harinordoquy parecían Clay y Frazier en el combate de todos los tiempos («eres mi nuevo compañero de juegos», se dedicaban con dulzura poética). Nueva Zelanda era un ditirambo de nervios en manos y pies, y el único error galo en una «touch» (saque lateral) permitió al bulldozer Woodcock anotar el único ensayo «All black», después de que Whitelock le dejara el cuero en bandeja de plata. Kaino y McCaw, en los ratos en los que no se partía los maxilares con Harinordoquy, abrieron el campo al chapapote neozelandés, que no logró marear a Francia.

Bajo el estado del pavor

Yachvili, Trinh-Duc, Palisson, Rougerie, Clerc, Traille, y el zaguero «alatriste» Médard descorcharon el mejor rugby espumoso cosecha 87, con Dusautoir revivido en Serge Blanco. Los All Blacks vivían bajo el estado de miedo, pavor. A un suspiro del final, Trinh-Duc acaricia el esférico. Tiene un lanzamiento muy lejano a palos. Puede erigirse en el gran héroe del partido. Toma carrera, patea el balón y el meteorito cae del cielo sin dañar, lejos del objetivo, muy lejos. Finalmente, los All Blacks se coronan durmiendo el cuero oval. Son malos tiempos para la poética gala.