David Cal, la semana pasada, en un acto de la UCAM
David Cal, la semana pasada, en un acto de la UCAM - Carmen Juncal
Piragüismo

La nueva vida de David Cal, el rey de las medallas

Tras su retirada en 2015, el piragüista David Cal emprendió en Murcia el reto de ayudar a forjar nuevos campeones

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El hombre con más medallas olímpicas de la historia de España asegura que puede caminar sin problemas por la calle. Asegura que casi nadie le reconoce en su día a día y es esa tranquilidad es la que le ha devuelto la sonrisa. David Cal (Pontevedra, 1982) vive feliz en Murcia, donde trabaja para la UCAM tras haberse bajado en marcha de los Juegos Olímpicos de Río. Aquella retirada abrupta en 2015, a medio camino de la cita brasileña, abrió un abismo ante sí. «No es que tuviera dudas, pero el problema es que yo llevaba toda la vida haciendo lo mismo, que era entrenar todos días, y cuando pensaba en qué podía hacer tras la retirada no encontraba nada que me motivara igual que lo había hecho la canoa hasta ese momento», reconoce el gallego a ABC durante la presentación del equipo de piragüismo de la Universidad.

Un nuevo proyecto que ha redoblado su ilusión y que permitirá a Cal trabajar con algunos de los mejores palistas del país. Algunos, como Saúl Craviotto, antiguos compañeros en el equipo nacional; y otros, como Paco Cubelos o Marcus Walz, exponentes de la generación que creció siguiendo su ejemplo. «Yo era un niño cuando vi a David ganar su primera medalla. Fue aquella carrera en Atenas la que hizo que amara más este deporte. Yo quería parecerme a él y gracias a ese ejemplo pude llegar a disputar unos Juegos y a ganar una medalla de oro», asume Marcus Walz, reciente campeón olímpico en Río.

Sus palabras provocan cierto rubor en el rostro del campeón, cuyo discurso ha ganado en soltura con el paso del tiempo. No queda mucho de aquel chaval tímido que no sabía qué hacer en el podio de Atenas ni del deportista que se retiró taciturno. David Cal irradia felicidad y este nuevo proyecto de la UCAM refuerza ese estado.

Al igual que cuando era un deportista de elite, el gallego se ha entregado en cuerpo y alma a su trabajo en la universidad. Se levanta temprano para ir a trabajar y solo interrumpe su jornada para pasar por el gimnasio. Su oronda figura, muy alejada de la que lucía en las citas olímpicas, denota esos meses de abandono que ahora se ha empeñado en desterrar. «He vuelto a ir al gimnasio para retomar los entrenamientos. Además, ayudo al equipo de remo de la universidad y algunos días, cuando falta gente, me meto en el barco con ellos a remar», reconoce con un ápice de nostalgia. La misma que llevó a subirse de nuevo a una piragua hace unos días, durante una de sus visitas a San Javier.

Una etapa cerrada

«El otro día vi una canoa de las primeras que utilizaba yo. Un modelo súper antiguo, de esos muy anchos que ya no se fabrican. La vi y me entraron ganas de volver a subirme. La cogí, remé un poco y volví a disfrutar como antes. Me pasó todo por la cabeza, porque recuerdas muchas cosas, pero sobre todo aquellos primeros años en los que la competición no importaba tanto y la canoa era pura diversión». Ese paseo de Cal le confirmó que ya no echa de menos la competición y que aquella etapa está totalmente cerrada. Algo que no tenía tan claro hace unos meses en Río.

«La verdad es que allí pensaba que lo iba a llevar peor. Estuve con el equipo nacional en los Juegos y no me picó el gusanillo, que es algo que pensaba que podía ocurrirme antes de ir a Brasil. Fue entonces cuando me di cuenta de esa etapa como deportista era historia, porque lo vi todo con otra perspectiva», asume mientras bromea con Saúl Craviotto, al que ayudará en su camino hacia Tokio 2020. «Quiero ayudarle a conseguir su quinta medalla... pero hasta ahí, que no se pase más que me supera», afirma con una sonrisa en el rostro. Alegría que domina su vida y que ha dado paso a un David nuevo que confía en seguir siendo un ejemplo para los cientos de deportistas que cada año pasan por la UCAM.