A la piscina no le gustan las milésimas
Jeanette Ottesen y Aliaksandra Herasimenia - REUTERS
NATACIÓN

A la piscina no le gustan las milésimas

Dos empates ya en los Mundiales, que solo quieren medir hasta las centésimas

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Fue en Múnich, fue en 1972. Gunnar Larsson de Suecia y Tim McKee, de Estados Unidos, lograron parar el cronómetro de los 400 metros estilos en 4:31:98. Ambos, el mismo tiempo. Fue el primer empate en la natación olímpica, pero se decidió por las milésimas. Dos más para el americano, el oro fue para Larsson. Fue la primera y última vez que las milésimas jugaron algún papel en la natación. Desde ese momento, solo se contabiliza hasta las centésimas. Si el resultado es el mismo, la medalla se comparte. Las primeras en probarlo fueron las estadounidenses Carrie Steinseifer y Nancy Hogshead en los Juegos de Los Ángeles de 1984. Su crono: 55.92, exacto para ambas en los 200 braza. El oro fue para las dos y la plata se quedó desierta.

Durante los Mundiales de Natación que se están disputando en Shanghái ya se han registrado dos oros entregados ex-aequo porque los cronómetros se pararon en la misma centésima. No se fue más allá de ese decimal para demostrar quién había ganado y se les concedió la medalla a los dos. Primero, los franceses Camille Lacourt y Jeremy Stravius pararon el cronómetro en 52.76 segundos en los 100 metros espalda, y ayer, la danesa Jeanette Ottesen y la bielorrusa Aliaksandra Herasimenia hicieron el mismo tiempo de 53.45 segundos en los 100 metros libres. Todos compartieron metal como así lo especifica la Federación Internacional de Natación (FINA) en sus normas. Pero, ¿por qué no se utilizan las milésimas, a pesar de que se cronometran desde 1972? Porque la FINA puede asegurar la exactitud de los tiempos registrados, —la tecnología de Omega, empresa encargada de todos los sistemas de medición, afina cada vez más los resultados—, pero, sin embargo, no puede garantizar que las calles de la piscina midan exactamente lo mismo.Para la FINA, por tanto, el "fallo" humano también forma parte del juego.

Michael Phelps ganó el oro en los 100 metros mariposa de los Juegos Olímpicos de Pekín (2008) por una centésima de segundo que captaron las cámaras de foto-finish. Un detallado análisis posterior, realizado por un miembro de Omega y cronometrador oficial de los Juegos, estipuló que esa centésima de diferencia entre el norteamericano y su rival, el serbio Cavic, equivalía a una distancia de apenas 4.7 milímetros. ¿Cómo asegurarse entonces de que su calle no era esos 5 milímetros más larga que la de Phelps? La tecnología digital prevalece sobre la arquitectura manual. ¿O es al revés?

Hasta hace unos años ni siquiera se contabilizaban las centésimas, según comenta Alberto Montenegro, juez territorial de Cataluña y responsable de prensa de la Federación Española de Natación. Se hizo necesario ya que los resultados cada vez eran más ajustados. Sin embargo, no cree que estos empates en el Mundial de Shanghái sean suficientes para incluir también las milésimas, no solo por la posible inexactitud arquitectónica, sino porque hace 36 años que no se daba un empate en categoría femenina —el último fue en el Campeonato Mundial de 1975 en Colombia, entre la holandesa Wanda Mayereeuw y la alemana Hannelore Anke—.

Carreras de desempate

Desde la Federación Española no se contempla siquiera la posibilidad de ampliar el cronómetro. Prefieren que las medallas, por lo menos en los Juegos y en los Mundiales, puedan ser compartidas por el resultado obtenido en el agua, con los métodos de medición actuales, pues también creen que la precisión de los tiempos es superior a la de la construcción.

No es este el único caso en el que se evita utilizar las milésimas. En el supuesto en el que dos nadadores registren el mismo tiempo y solo uno puede acceder a la ronda siguiente, se efectuará una carrera de desempate, sin importar los tiempos registrados hasta el momento. Y se repetirá este mismo «reto» en caso de que vuelvan a empatar.

Omega introdujo el primer dispositivo automático de medición en los Juegos Olímpicos de Melbourne en 1956, y las incomprendidas milésimas llegaron en el 72. La vista humana tampoco ganó la batalla tecnológica y en los 60 se incorporaron las pantallas táctiles para que fuera el propio nadador el que parara su tiempo. Para evitar problemas y desventajas en las salidas, Omega también instaló unos sensores que detectaban las salidas en falso y los dispositivos acústicos sumergibles aseguran que todos los nadadores puedan escuchar la salida en el mismo momento. Ya en 2008, en el caso citado anteriormente de Phelps y Cavic, la centésima decisiva se contabilizó gracias a las videocámaras foto-finish, que registran la imagen a alta velocidad. Aún así, a pesar de toda la tecnología, la decisión final se toma ecuánimamente, para evitar que los “fallos” de la mano humana puedan tergiversar la exactitud de la tecnología digital.