Guti y Savio celebran uno de los tantos blancos con López Vallejo en primer término. Ignacio Gil

En memoria de don Ramón

MADRID. José Miguel Mata
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El Real Madrid dio otro paso de gigante hacia el título. Y lo hizo con contundencia, demostrando que, cansado o no, le quedan recursos sobrados para pasearse por la Liga. Si faltó Raúl, apareció Guti para hacer un triple en las redes rivales; si falló Figo, ahí estaba Roberto Carlos... Un arsenal digno de un equipo que huele a campeón.

El Real Madrid comenzó perdido, como si el sentido minuto de silencio en memoria del ex presidente Ramón Mendoza le hubiera dejado el corazón encogido y sus jugadores tuvieran la cabeza más en el cielo que en la tierra. Los amarillos se aprovecharon de ello asfixiando con su presión y pudieron haber dejado el choque casi sentenciado en un minuto. En el seis con un tiro al palo de Palermo, que resolvió así un barullo en el área blanca; y en el siete después de una gran jugada entre Calleja y Jorge, con sombrero de éste a Hierro y paradón de Casillas.

El problema es que al Madrid, si le buscas las cosquillas, lo mejor es matarle de risa rápido porque de lo contrario te expones a que él ría el último, y entonces suele carcajearse mejor. Espoleados por los aguijonazos del Villarreal los blancos comenzaron a reaccionar. Primero se hicieron con el balón gracias a la labor siempre sacrificada de Makelele, y luego se lo dieron a Roberto Carlos —ante la mala tarde de un Figo más voluntarioso que efectivo— para abrir por la izquierda un boquete en la zaga del submarino amarillo.

GOLAZO DE GUTI

Guti tuvo la primera ocasión al quedarse solo ante Vallejo, pero su lentitud en el remate permitió a Arruabarrena cortar el disparo. Poco después el portero visitante pudo irse a la ducha tras una entrada a Salgado, que se había quedado solo gracias a un pase profundo de Helguera, pero su falta se quedó en amarilla y el trallazo de Roberto Carlos lo despejó a córner. Y en el mejor momento del cuadro local una jugada de tiralíneas, con pase en profundidad de Savio y centro al primer toque de Roberto Carlos, la culminó Guti, que antes y después había estado absolutamente aislado y desasistido, con una volea magnífica que se coló casi por la escuadra. Un golazo.

El tanto calmó los ánimos. El partido, que hasta entonces había sido de ida y vuelta, se tranquilizó. El Madrid comenzó a tocar y tocar sin encontrar profundidad y el Villarreal intentó recuperar de nuevo la presión de los primeros minutos. Pero a los de Víctor, con un Palermo que se iba demasiado atrás para recibir y se inutilizaba él mismo al alejarse del área, también les faltaba llegada. Así que apenas un disparo de Víctor en una falta fue lo que dio de sí antes de marcharse al descanso.

Y LLEGÓ EL FESTIVAL

A la vuelta del mismo, aún estaban los jugadores colocándose en el campo cuando en otra rápida combinación McManaman dejó un balón a Guti para que éste sólo tuviera que empujar a la red. Un mazazo para los visitantes, que aturdidos vieron cómo apenas cuatro minutos después Roberto Carlos colocaba una falta en la escuadra de López Vallejo sentenciando el partido. Y otros cuatro más tarde Savio, escapándose en velocidad por el centro, dejó en bandeja el cuarto a Guti.

A la contra, el festival del Madrid pudo culminar en una goleada de escándalo. La banda izquierda rival era una autopista para Savio, McManaman y Roberto Carlos y las ocasiones comenzaron a caer como fruta madura (Míchel Salgado, de nuevo Guti, otra vez Roberto Carlos —al palo—)... Pero al final los de aquí abajo se conformaron, como se supone que lo haría don Ramón desde allá arriba...