McManaman celebra su gol con Roberto Carlos. Fotos: Miguel Berrocal e Ignacio Gil

4-0: McManaman rubrica con un gol de brillantes la noche de oro de Figo

MADRID. José Miguel Mata
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Del purgatorio a la gloria. De la nada al todo. El Real Madrid ofreció dos caras muy distintas en su reencuentro con el liderato. Timorato en la primera parte, a merced del Oviedo, se transformó en la segunda hasta acabar no sólo arrollando al rival en el marcador, sino realizando quizá los mejores minutos de la temporada y rubricando la fiesta de oro de Figo con un gol de McManaman que fue de oro... y brillantes. Octavo triunfo consecutivo de los de Del Bosque, que parecen lanzados a la reconquista de una Liga que se les niega desde hace cuatro temporadas.

Visto lo visto en la primera parte nada hacía presagiar lo que llegaría después. Salvo acciones esporádicas, a los cuarenta y cinco minutos iniciales les faltó el brillo del oro y les sobró el resplandor de la hojalata. Fue casi un fútbol de despropósitos en el que el Real Madrid no pudo jugar porque no tuvo el balón y el Oviedo, que se hizo dueño del mismo, no supo sacarle partido. Casi siempre fue suyo porque, con sus líneas muy bien escalonadas y una perfecta presión, se lo robó una y otra vez a un cuadro merengue en el que Makelele y Helguera se mostraban negados en la circulación y contaban con escasos apoyos de los hombres de las bandas.

RUIDO OVETENSE, NUECES BLANCAS

El Oviedo manejaba la pelota y el partido hasta tres cuartos de campo. Pero el área del Madrid le causaba pánico. Casi todas sus entradas por los costados, especialmente por el izquierdo, por donde Ania superaba generalmente a Geremi, terminaban con el equipo reculando ante las buenas coberturas de Hierro y Karanka. Así se entiende que los de Antic llegasen y saliesen del Bernabéu sin haber conseguido marcar todavía ni un gol en campo contrario.

Tampoco llegaba el Real Madrid, en el que se daba la extraña circunstancia de ver a sus delanteros, Morientes y Raúl, actuando como defensas y presionando a los zagueros rivales ante la negación de su equipo para ofrecerles un balón en condiciones de ser jugado. Precisamente de ese empuje nació el gol de Figo. Morientes buscó a Martinovic en la banda luchando por una pelota que era del ovetense, pero el recorte de éste lo tocó el madridista y se fue sólo hacia el área. Su pase buscando la llegada del portugués lo colocó éste con maestría en el fondo de la portería. Primera llegada blanca... y gol.

CAMBIO RADICAL

El Madrid no volvió a inquietar a Esteban hasta casi el final de este periodo y el público comenzó a silbar preocupado por cómo el Oviedo, con apoyos en corto y mucha movilidad de sus hombres, bailaba a su equipo en jugadas de toques y toques, aunque inofensivo ante la portería. Sólo un disparo de Ania que Casillas mandó a córner puso en peligro a los locales, cuya respuesta se hizo esperar pero fue magistral. Figo se fue con un buen quiebro de Danjou, levantó la cabeza y espero la llegada de Savio, cuyo zapatazo repelió el larguero y el posterior cabezazo de Morientes lo sacó Martinovic.

La segunda parte comenzó con un penalti de Danjou a Savio que al árbitro pasó por alto y un Real Madrid más dinámico, que rápido ampliaba su renta gracias a un gran desmarque de Raúl, quien abrió pasillo a Morientes para marcar. Como el Oviedo no se rindió y siguió intentanto mucho, que consiguiendo poco —apenas una entrada de Amieva que Roberto Carlos tapó bien al cruce—, irse arriba, los blancos apostaron por la contra para machacar.

APOTEOSIS FINAL

Y pudieron hacerlo porque, con los astures a pecho descubierto, aparecieron los huecos y con ellos la inspiración blanca. El resto del partido fue prácticamente un rodillo, con los locales entrando por las bandas y por el centro como el cuchillo en el queso y las ocasiones multiplicándose por momentos. Raúl entró más en juego y casi apareció en todas las acciones, habilitando pases a sus compañeros, fruto de uno de los cuales llegó el tanto de Munitis, o rematando a bocajarro y encontrándose, por dos veces, con un gran Esteban. Helguera comenzó a controlar y distribuir, Roberto Carlos a mandar por su banda...

Pero lo mejor estaba por llegar. McManaman, que cada día que sale demuestra el acierto de su cabezonería en quedarse, empaló de volea un derechazo que se coló por la escuadra de Esteban. Fue la rúbrica de brillantes a una noche bañada en oro.

REAL MADRID (4-2-3-1) Casillas; Geremi, Hierro, Karanka, Roberto Carlos; Makelele, Helguera; Figo (Guti, m. 78), Raúl, Savio (McManaman, m. 63); y Morientes (Munitis, m. 63).

OVIEDO (4-2-3-1) Esteban; Keita, Danjou, Martinovic (Paunovic, m. 56), Rabarivony; Onopko, Boris; Amieva, Tomic, Iván Ania (Rubén, m. 66); y Oli (Ivo, m. 74).

ÁRBITRO Losantos Omar. Amarilla a Keita, Onopko, Karanka, Figo, Helguera y Danjou.

GOLES 1-0, m. 14: Figo. 2-0, m. 55: Morientes. 3-0, m. 69: Munitis. 4-0, m. 87: McManaman.

REAL MADRID 4

OVIEDO 0