Marieke Vervoort, durante los Mundiales de Doha de 2015
Marieke Vervoort, durante los Mundiales de Doha de 2015 - AFP
Paralímpicos

Así es Marieke Vervoort, la campeona paralímpica que ha programado su muerte

La atleta belga, que sufre una enfermedad degenerativa, ha puesto en marcha su eutanasia y 2018 será su último año de vida

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Hay noches, felices para ella, en las que duerme cuatro horas y puede descansar, aunque lo lógico es que apenas logre ya conciliar el sueño. Los fuertes dolores que sufre desde hace años se han vuelto insoportables para Marieke Vervoort (Diest, 1979), que con solo 38 años mira al recién empezado 2018 como su último año de vida. Lo sabe a ciencia cierta, porque ella misma ha programado su muerte. Hace casi una década que esta campeona paralímpica belga tiene listos los papeles para poner en marcha su eutanasia –un acto legal en su país– y, tras darle muchas vueltas a la cabeza, ha decidido que la pondrá en marcha en algún momento de este año porque ya no soporta seguir viendo esa agonía en la que vive anclada desde los últimos meses.

« No quiero sufrir más, esto es muy difícil para mí. Cada día me deprimo más y más. Nunca tuve estos sentimientos, pero no pudo más. Lloro cada noche. Estoy llorando más que nunca», reconocía hace solo unos días la deportista belga en una entrevista publicada por el diario británico «The Telegraph». Vervoort sufre una enfermedad degenerativa desde los 14 años con la que ha convivido durante más de dos décadas, pero en los últimos meses le ha afectado hasta el punto de no poder continuar con su vida de manera habitual. Después de los Juegos de Río –en los que sumó su tercera medalla paralímpica tras las dos ganadas cuatro años antes en Londres–, se retiró del deporte profesional porque no podía seguir un ritmo alto de entrenamientos. Una decisión muy dura después de mucho tiempo dedicada al atletismo.

La campeona belga aterrizó en el deporte casi por casualidad. Durante una de las épocas que pasaba en Lanzarote, cuyo clima le venía muy bien para aliviar los dolores de su enfermedad, una de las empleadas del hotel donde se encontraba hospedada le invitó a participar en una carrera. Le gustó tanto que ya nunca dejó de practicarlo. Poco a poco fue haciéndose más veloz hasta que un día le llegó la llamada del comité paralímpico de su país para invitarla a participar en los Juegos de Londres 2012.

Un proceso legal en Bélgica

Durante esos años, el atletismo fue su vía de escape, aunque Marieke siempre tuvo en su cabeza cómo sería su final cuando la enfermedad se apoderara de todo su cuerpo. Por eso, en 2008 arregló los papeles para su eutanasia. Un proceso legal en Bélgica desde principios de siglo, que sigue un protocolo muy estricto. La persona que lo solicita debe ser mayor de edad y sufrir una enfermedad grave e incurable y debe ser examinada por al menos tres médicos que lo certifiquen. Una vez completado el proceso, el paciente tiene vía libre para poner fecha a su muerte. La decisión más complicada. La que Vervoort tomará a lo largo de 2018. «Es muy difícil establecer cuándo será. Cada vez que lo hago, me preguntan si estoy segura. Si estoy realmente segura», explica la velocista, triple campeona del mundo en 2015.

Vervoort asegura que su cuerpo lleva tiempo gritándole que acabe con ese sufrimiento. En Río, su última gran competición, reconocía que ese momento se acercaba, pero que antes quería cumplir algunos sueños más. Entre ellos estaba visitar Japón, sentir la sensación de lanzarse en paracaídas y escribir un libro autobiográfico. Deseos que pudo cumplir a lo largo de un 2017 cargado de emociones para ella.

Su actividad y amor por la vida no ha podido frenar el avance de la enfermedad. Este año, además de los espasmos habituales que le impiden dormir y descansar por la noche, Marieke ha empezado a perder visión. «Cuando comencé a tener problemas en el ojo, fui a ver al médico, pero me dijo que no podía nada por mí ya que el problema venía de mi cerebro y no de la vista», explica la deportista, que a pesar de su situación suele aparecer siempre en público con una sonrisa en el rostro. Como hace unos días, cuando subió una foto a sus redes sociales con los médicos y enfermeras del hospital Universitario de Bruselas, donde está ingresada desde hace unos meses y donde ha pasado la Navidad.

Con el cuerpo paralizado casi por completo, y con la inseparable compañía de su perro «Zenn» –entrenado para despertarla si sufre un nuevo ataque epiléptico–, Vervoort ha tenido tiempo de reflexionar en las últimas semanas acerca de una decisión que tenía clara desde hace tiempo y que no aplazará mucho tiempo más. Morir con dignidad, cuando ella lo decida, y asistida por el doctor Wim Distelmans. Una muerte programada para la campeona belga. Un adiós meditado que borrará la sonrisa de su rostro, pero que dejará un legado de lucha constante y capacidad de superación.