Morientes (arriba) hace el 2-0. Abajo, choque de tanques, Hierro-Jankauskas. Fotos: Miguel Berrocal e Ignacio Gil

El Madrid vapulea a una sombra

MADRID. José Miguel Mata
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REAL MADRID 4

REAL SOCIEDAD 0

REAL MADRID (4-2-3-1) Casillas; Míchel Salgado, Hierro, Karanka, Solari (Celades, m. 65); Makelele, Helguera; Figo, Raúl (Tote, m. 85), McManaman; y Morientes (Munitis, m. 78).

REAL SOCIEDAD (5-2-2-1) Alberto; Fuentes, Loren, Pikabea, Julio César, López Rekarte; Luiz Alberto (De Paula, m. 72), Xabi Alonso (Tayfun, m. 55); Khokhlov, Llorente (Idiákez, m. 55); y Jankauskas.

ÁRBITRO Mejuto González. Amarilla a Hierro, Luiz Alberto, Julio César, Xabi Alonso, Jankauskas e Idiákez.

GOLES 1-0, m. 14: Morientes. 2-0, m. 35: Morientes. 3-0, m. 82: Raúl. 4-0, m. 88: McManaman.

La tarde le salió redonda al Real Madrid. Se embolsó tres puntos sin desgastar demasiado a sus jugadores, que algunos empiezan a tener la punta de la lengua pegada a los tobillos; casi llenó su coliseo, forrándose el riñón con 85 millones de recaudación; reivindicó a Raúl, que marcó otro tanto y recibió el homenaje de su afición por la afrenta sancionadora de la UEFA, a la que también se le fue la mano; y recuperó a Morientes para la causa del gol, factor que, visto lo visto, le va ser muy necesario en el esprint final de la temporada. Pero no nos engañemos, no hubo partido en el Santiago Bernabéu porque para jugar al fútbol hacen falta dos equipos. Y la Real Sociedad fue una sombra que deambuló tras un balón. Ni más y, si acaso, menos.

A un equipo que marcha antepenúltimo de entrada se le presuponen unas carencias que le han llevado a ocupar tan preocupante plaza. Pero demostrar una falta de ambición supina, escaso espíritu combativo (pelear, amigo brasileño Luiz Alberto, no es repartir hachazos cual aizkolari aficionado) y poca o ninguna concentración es imperdonable. Que en el Bernabéu se pueda perder no quiere decir que se salga a perder. Y rematar una vez entre los tres palos en noventa minutos —además, un insulso e inocente disparo de Llorente, a los 35 minutos— no es de recibo en un equipo que de momento, aunque de seguir así será por poco tiempo, juega en Primera división.

UNA INVERSIÓN MUY RENTABLE

Poco más se puede decir de la Real. Con un fútbol más simple que el mecanismo de un sonajero propició que el Real Madrid jugase a lo que quería. Plantearon los blancos un encuentro balsámico, que les diese el mayor rédito posible con la mínima inversión. Y es que algunos de sus hombres tienen el tanque físico en la reserva. Especialmente Helguera, cuya cabeza piensa mucho más rápido de lo que responden sus piernas y que se desinfló apenas comenzar el segundo tiempo ante la impaciencia de la grada, que parece haber olvidado de un plumazo las grandes campañas que está realizando el cántabro.

Pero incluso con sus jugadores a medio gas el partido fue de un dominio insultante del Real Madrid, que encontró por la banda derecha una bicoca con López Rekarte. El pequeño lateral largo puso mucho empeño (casi fue el único), pero llegar arriba para nada y retroceder luego para encararse con Figo fue demasiado para él. El portugués se fue una y otra vez bien apoyado por Salgado y desde ese costado hicieron sangre de un cuadro donostiarra que aguantó más o menos entero hasta que de un centro del luso, después de medio volver loco a Luiz Alberto con quiebros y amagos, Morientes sacó petróleo con un cabezazo académico, marcando los tiempos, que superó a Alberto.

El Madrid si sintió cómodo con la ventaja y disfrutó de sus mejores minutos. La brecha ya estaba abierta y sus hombres entraban por la derecha, por la izquierda y por el centro ante la desesperación de una defensa vendida por la blandura de su centro del campo. Helguera cabeceó al larguero una falta lanzada por Figo y McManaman, después de una gran acción de Raúl llevándose el balón entre cuatro defensas y metiendo en profundidad al inglés, obligó a Alberto a salvar el tanto. Pero nada pudo hacer instantes después ante un remate a bocajarro de Morientes, que rubricó una gran jugada con eslalon magnífico de Figo y derechazo de McManaman que rechazó el meta.

La segunda parte se consumió a la espera de que Raúl marcase el gol que esperaba la afición para resarcir a su estrella de la faena de la UEFA. Mientras llegó, Mejuto se tragó dos penaltis: una barrida de Hierro a Jankauskas y un empujón de Loren a Morientes. Nada que hubiera modificado el desenlace del duelo, pero carnaza para el sensacionalismo.

A falta de ocho minutos Raúl encontró el premio a su esfuerzo y buen partido y cabeceó a la red un centro medido de Figo en una falta. Dedicó el tanto al niño colombiano al que ha hecho feliz esta semana y luego buscó a su amigo portugués para fundirse en un abrazo. Estrujón simbólico que le dio a él el Bernabéu en forma de ovación cuando fue sustituido por un Del Bosque que sigue siendo un psicólogo de primera. McManaman, después de que Munitis dejase sentados a Pikabea y Loren, cerró la goleada.