Figo, desesperado en el suelo, fue la viva imagen de lo que ayer le sucedió al Madrid frente al BayernIgnacio Gil

El Madrid trabajó a destajo, pero sin gol

MADRID. Enrique Ortego
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De un Real Madrid-Bayern Múnich hay que esperar, como mínimo, lo que ayer se presenció en el Bernabéu. No fue un partido para ponerlo en un marco, pero sí para apurarlo en toda su intensidad disfrutándolo hasta la última calada. Ganó quien menos lo mereció, quien menos lo buscó, pero no fue la primera vez ni será la última que ocurre una situación semejante sobre un campo de fútbol. En esta ocasión nada se puede objetar, salvo su inoperancia ante la puerta de Kahn, al Real Madrid. Sólo él buscó la victoria y la mereció, pero el Bayern sacó la máxima rentabilidad a su expeditiva defensa y aprovechó un error para acercarse un paso más a la final de Milán.

Desde el primer minuto fue un partido serio, táctico, físico... una digna semifinal de Liga de Campeones. Un encuentro de esos en los que el equipo de casa no debe tener prisa porque el visitante sale con el freno de mano echado pensando en el de vuelta. Las dos premisas las cumplieron a rajatabla Real Madrid y Bayern. Los de Del Bosque tardaron un cuarto de hora en meterse en el partido, pero cuando lo hicieron no dejaron salir a los alemanes de su campo.

FIGO, EN TODAS PARTES

En el 1 de mayo, fiesta del trabajador, el currante mayor fue el «Balón de Oro». En estos partidos demuestran los grandes jugadores su jerarquía y la primera parte que ayer rubricó Luis Filipe Madeira, «Figo», fue un compendio de lo que sólo se puede esperar de los tocados por el hado de los grandes. Figo es un ganador. Se nota en cada acción, en cada finta, en cada regate. Se fajó por todo el frente de ataque entrando en juego en todas y cada una de las acciones ofensivas de su equipo. Un futbolista no se puede ofrecer más de lo que ayer hizo el portugués. Siempre con la mano levantada. Siempre con el cuerpo preparado para recibir y para encarar... Le falta, quizás, un puntito de velocidad, pero desde luego ayer los alemanes supieron bien quien es Figo.

El Madrid tuvo que trabajar mucho físicamente en el primer cuarto de hora para hacerse con el balón. Tremendo el desgaste de Helguera, Makelele, Figo y McManaman. Pero cuando lo consiguió, el Bayern empequeñeció hasta convertirse en un equipo miedoso y encogido. Effenberg, presionado al momento por el madridista más cercano, no tuvo su noche, Scholl quedó desenganchado y Salihamidzic estaba más preocupado de Roberto Carlos que de enlazar con Elber.

No terminó el Madrid de llegar con facilidad a puerta, pero antes del descanso Míchel Salgado, Raúl, Figo, en acción individual, y Guti tuvieron el gol cerca. La mejor virtud de los de Del Bosque, a esas alturas de partido, fue que no se precipitaron casi nunca. Jugaron como tenían que jugar, con intensidad, pero con la cabeza fría. Se volcó más el equipo hacia la izquierda, donde McManaman tenía siempre el apoyo de Roberto Carlos, también de Helguera e incluso de Figo. Y por allí también fabricaron los blancos su primera gran ocasión de la segunda parte, pero a McManaman le faltó confianza en el remate para superar a un Kahn que paró con una mano a media salida.

SORPRESA PARA CASILLAS

Le metió el Real Madrid si cabe un punto más de ritmo al partido en la continuación. El Bayern seguía agazapado y con treinta y cinco minutos por delante entró Savio en el campo, el hombre que parecía el idóneo para darle al equipo la profundidad que le podía faltar. Justo en ese momento llegó esa jugada tonta que puede resultar decisiva en el futuro de la eliminatoria. Elber cazó desde fuera del área un remate a botepronto y Casillas se tragó el balón, aunque llegó a tocarlo. Ni los dos mil aficionados del Bayern presentes en el Bernabéu podían creerlo. Su equipo no había llegado ni al área contraria... y ganaba el partido.

KAHN SALVA A SU EQUIPO

Reaccionó el Madrid con la misma confianza que había demostrado hasta entonces. McManaman volvió a ensayar y Kahn volvió a responder —palomita incluida— y Helguera tuvo el remate en su cabeza un minuto después. Sólo el lógico cansancio por el desgaste realizado hizo bajar el ritmo a los blancos. El Bayern nunca salió de su guarida y Kahn volvió a poner en evidencia que es un buen portero, pero también un tanto excéntrico.

Figo, agotado, intentó mantener viva la esperanza participando de nuevo en cuantas jugadas de ataque pasaban por su lado y hasta logró sacarle a Effenberg la tarjeta que le impedirá jugar el partido de vuelta. No todo iban a ser malas noticias para el Real Madrid en una noche en la que mereció mucho más de lo que consiguió.