Hierro es la imagen de la decepción blanca, mientras los jugadores del Bayern celebran su triunfo. Reuters

El Madrid regaló todas sus opciones

MÚNICH. Enrique Ortego, enviado especial
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BAYERN MÚNICH 2 - REAL MADRID 1

Es difícil, muy difícil, encontrar una explicación mínimamente coherente a la falta de concentración con que el Real Madrid saltó ayer al estadio Olímpico. Parece imposible que un equipo cuyos jugadores llevan una semana diciendo que se sienten capacitados para ganar en Múnich porque son mejores pueda ofrecer esa serie de facilidades al rival. El Bayern lo tenía claro. Ensayó la función en cuartos de final contra el Manchester United y le salió bien. El mandamiento era sorprender de salida. Lo increíble es que el rival te lo permita con tanta comodidad.

En los dos primeros minutos hubo dos ocasiones de gol. Dos paradas de Casillas. Dos despistes tremendos de una defensa que cuando se quiso colocar ya había recibido el primer tanto. Sí, porque a la tercera fue la vencida. Elber aprovechó una serie de errores dentro del área pequeña para poner el partido como aquel contra el Manchester. Es inaudito que entrara ese balón. Parece imposible que ni Míchel Salgado, ni Casillas, ni Helguera ni nadie fueran capaces de quitarse esa pelota de encima justo en su línea de gol.

Algunos jugadores madridistas no sabían dónde estaban. El Bayern no daba crédito a tanta permisibilidad. Del Bosque decidió al final no sacar a Morientes desde el principio y apostó por Guti, pero el problema por aquellos minutos no estaba en el ataque, estaba en el centro del campo y la defensa. Makelele y Helguera flotaban en zona de nadie y cada balón adelantado de la defensa del Bayern se podía convertir en una situación de peligro para Casillas. Sólo la capacidad que tiene este equipo para sacarse un gol de la nada permitió al Madrid meterse en el partido. Raúl lo fabricó y Figo lo materializó.

MUCHA NUEZ PARA TAN POCO RUIDO

También era inaudito que a esas alturas del partido, y después de no hacer absolutamente, nada el equipo español tuviera un resultado bastante mejor que el del principio, pero no hubo la más mínima continuidad. El Madrid no tocaba dos veces seguidas y la actitud defensiva seguía siendo un hándicap insalvable. Bien es verdad que el danés Nielsen puso su granito de arena para desquiciar aún más a los blancos. No quiso ver una agresión a Míchel Salgado en las barbas de uno de sus jueces de línea y tampoco un claro penalti a Guti.

Ya era evidente que del árbitro sólo se podía esperar lo peor, tanto como de los propios jugadores blancos. El segundo tanto del Bayern fue tan verbenero como el primero. Ni formaron barrera ni estuvieron atentos a las alternativas que Scholl tenía ante sí. Makelele cayó como un pardillo. El alemán señaló para un lado, sacó para el otro... y Jeremies remató absolutamente solo al borde del área. Así no hay equipo capaz de superar una semifinal en campo ajeno.

ULTRAOFENSIVA INÚTIL

Al menos, en la segunda parte el Madrid adoptó la predisposición que era de esperar del equipo que iba perdiendo y habrá que recordar que salía derrotado desde el Bernabéu. Tuvo el balón, mandó sobre el campo y buscó la remontada con más empeño que sutileza, también es verdad. Del Bosque tardó quince minutos en sacar a Savio por un McManaman desdibujado y Morientes tuvo que esperar unos minutos más. El Bayern no arriesgó. Volvió a ser el del Bernabéu. Se encerró atrás a la espera de que el Madrid le ofreciera alguna otra oportunidad en bandeja, como sucedió a la salida de un córner en el que Casillas mantuvo viva la esperanza después del enésimo error de su zaga, que dejó rematar con tranquilidad a un rival en el segundo palo.

Con veinticinco minutos por delante, el Madrid pasó a jugar como en la década de los cincuenta, con cinco delanteros. Figo y Savio en las bandas y Guti, Morientes y Raúl en el centro. Cualquier intento fue vano. Los alemanes se atrincheraron delante del área de Kahn y pelearon por cada balón como merecía la ocasión. Cada minuto que pasaba estaban más cerca de la final y ese pensamiento les mantenía vivos aunque hubieran renunciado ya a todo lo que no fuera defender ante un público que se lo perdonaba porque se veía en San Siro. Incluso Hitzfeld sacó al suizo Ciriaco Sforza en un intento de que su equipo mantuviera la pelota al menos unos segundos seguidos, ya que aunque el Madrid apretaba sin ahogar la portería de Kahn, tantas y tan seguidas llegadas siempre podían acabar en un tanto que les complicara la eliminatoria.

Pero no supo entonces ese Real Madrid ultraofensivo sacar una sola tajada. No hubo forma de hincarle el diente a la muralla bávara. Savio fue quien más lo intentó, porque el Madrid inclinó el campo hacia la izquierda ya que Sagnol no parecía cogerle la medida al brasileño, pero como tantas veces no por atacar con muchos se llega antes al gol. En el caso de ayer fue todo lo contrario y el Madrid se quedó sin novena con más pena que gloria. Entregó todas sus opciones en una primera mitad deprimente y deja al Valencia la responsabilidad de poner en su sitio a este equipo alemán que un día, hace ya mucho, deslumbraba a Europa..

BAYERN (3-3-3-1) Khan; Kuffour, Andersson, Linke; Sagnol, Jeremies (Sforza, m. 69), Lizarazu; Salihamidzic, Hargreaves, Scholl (Santacruz, m. 59); y Elber (Zickler, m. 85).

REAL MADRID (4-2-3-1) Casillas; Salgado, Hierro, Karanka (Morientes, m. 65), Roberto Carlos; Makelele, Helguera; Figo, Raúl, McManaman (Savio, m. 60); y Guti.

ÁRBITRO Nielsen, de Dinamarca. Enseñó tarjetas amarillas a Helguera, Jeremies, Hierro, Sforza y Guti.

GOLES 1-0, m. 7: Elber. 1-1, m. 17: Figo. 2-1, m. 33: Jeremies.