Figo sólo fue ayer un número uno en su golazo, que valió tres puntos. Arrriba, Raúl en pugna con Pacheta. Miguel Berrocal e Ignacio Gil

El Madrid, un golazo y poco más

MADRID. José Miguel Mata
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REAL MADRID (4-2-3-1) Casillas; Míchel Salgado, Hierro, Karanka, Roberto Carlos; Makelele (Munitis, m. 76), Helguera (Celades, m. 68); Figo, Raúl, McManaman; y Morientes (Solari, m. 86).

NUMANCIA (4-4-2) Núñez; Jaume, (Morán, m. 71), Antía, Soria, Octavio; Iñaki, Nagore (Marini, m. 81), Pacheta (Manel, m. 58), José Manuel; Rosu e Iván Pérez.

ÁRBITRO Medina Cantalejo. Amarilla a Helguera, Jaume, Hierro, Nagore, Roberto Carlos, Figo y Manel

GOL 1-0, m. 27: Figo.

REAL MADRID 1

NUMANCIA 0

Con angustia, sintiendo el aliento del rival en el cogote y pidiendo la hora. Así acabó el Real Madrid frente al Numancia. Ayer más que nunca salvó los muebles gracias a la enorme calidad de sus hombres. A este equipo le basta un resquicio para machacar. Ayer fue de falta directa. A la tercera, la vencida. Primero Roberto Carlos disparó a la barrera; luego Hierro se encontró con Núñez; y llegó Figo, magistral, para pegarla a la misma cruceta dejando la portería sin telarañas. Tres especialistas fueron demasiado para los sorianos, que claudicaron. Un tanto que vale tres puntos... y gracias.

El parón liguero pasó factura a ambos conjuntos, pero sobre todo a un Real Madrid que dio impresión de falta de ritmo, como si necesitara colocarse de nuevo el «chip» de equipo. Pecó de imprecisión en muchos pases, le faltó colocación en el campo y le sobró precipitación. El engranaje de su maquinaria tuvo algo de herrumbre después de que sus jugadores hayan pasado casi quince días sin trabajar juntos.

DOMINIO INSULSO

A los quince segundos un cabezazo del rumano Rosu al larguero puso en evidencia que los blancos estaban físicamente en el partido, pero mentalmente no lo habían comenzado. Y les costó entrar. Figo estaba incluso lento, a Raúl no le llegaban balones ni a pesar de su constante ir y venir en el desmarque y Morientes aparecía y desaparecía como el Guadiana. Sin embargo a los locales les bastó la labor incansable arriba y abajo de Helguera y las incursiones de Roberto Carlos y McManaman por la banda izquierda para dominar el duelo ante un Numancia que intentaba tocar y salir con rapidez, pero que también mostró sus vergüenzas, sin ninguna profundidad.

El tanto de Figo cambió poco el panorama. Si acaso espoleó algo a los sorianos y mantuvo en su sesteo a los blancos, que siguieron inmersos en su sopor pensando quizá que con ese gol el rival se hundiría por su propio peso. Se equivocaron y casi lo pagan, porque pudo llegar el empate.Primero en una falta que lanzó Nagore y se encontró Casillas después de dos rebotes, y sobre todo en una incursión de Iñaki —quien ganó la espalda a un Roberto Carlos que no recuperó la posición tras un ataque y al que nadie hizo la cobertura—a cuyo disparó respondió el meta metiendo una mano salvadora cuando el balón buscaba la red.

A la vuelta del descanso la situación pareció cambiar. El Madrid dejó de jugar en primera y metió otra marcha en busca de sentenciar el partido. Le bastó emplearse algo más en la presión para acogotar al Numancia en su terreno. Fruto de ello Raúl tuvo en su diestra el 2-0, pero Núñez demostró sus reflejos rechazando su disparo, y el propio Raúl, casi sin ángulo, obligó al meta a despejar con el trasero.

GRAN OCASIÓN DE ROSU

Pero el gran fallo del Madrid de las últimas semanas está en su falta de continuidad. Se va de los encuentros con la misma facilidad con que los sentencia, en apenas un segundo. Así que dio vidilla a un enemigo que dejó de defenderse como su propio nombre indica y se fue hacia arriba con más convicción. Con ello le bastó para volver a rondar el empate, ya que casi cada una de su incursiones barruntaba el peligro. Pero fallando opostunidades como la de Rosu, con toda la portería para él después de un pase de Iñaki, el mejor de su equipo, es difícil aspirar a sacar algo del Santiago Bernabéu.

El partido quedó abierto, tanto que los propios defensas blancos (menos Roberto Carlos, al que tira el ataque), decidieron ni acercarse a la medular por lo que pudiera pasar. Señal de que el Madrid guardaba un resultado consciente de su importancia y de sus limitaciones para ampliarlo. Lo pudo hacer Raúl (al que se le anuló un gol por fuera de juego de milímetros), pero su vaselina se fua ligeramente alta.