El Madrid se dio el baño turco

MADRID. Enrique Ortego
Actualizado:

REAL MADRID (4-2-3-1) Casillas; Míchel Salgado, Hierro, Karanka, Roberto Carlos (Solari, m. 91); Makelele, Helguera; Figo (Savio, m. 85), Raúl, McManaman; y Guti (Flavio, m. 75).

GALATASARAY (4-4-1-1) Taffarel; Bulent, Asik Emre, Umit, Fatih; Okan, Suat (Akin Bulent, m. 46), Belözoglu Emre, Hasan Sas (Arif, m. 67); Hagi; y Jardel.

ÁRBITRO: A. Frisk (Suecia). Mostró tarjeta a Okan, Hasan, Akin Bulent, Fatih y Umit.

GOLES: 1-0, m. 14: Raúl. 2-0, m. 28: Helguera. 3-0, m. 36: Raúl.

REAL MADRID 3

GALATASARAY 0

«El Madrid se debe dar un baño turco». Este era el titular de ABC en la previa del partido. Dicho y hecho. El Madrid se dio el baño turco. Al descanso los hombres del Del Bosque ya se habían puesto el albornoz, después de haber marcado tres goles y haber sudado lo imprescindible. Casi al mismo tiempo que el Bayern sacrificaba al United y ponía en bandeja la semifinal más temida. Sobre todo porque el partido de vuelta será allí, en ese Olímpico de Múnich donde los partidos nunca se acaban. No podía ser de otra manera. Entre este Real Madrid y el Galatasaray existen diferencias estratosféricas. Abismales. Sólo el ataque de pánico que afectó al equipo blanco en el segundo tiempo del partido de Estambúl impidió que ya hubiera resuelto allí la eliminatoria, como debería haber sucedido.

UN GALATASARAY VULGAR

Tenía ya uno ganas de ver a este equipo turco, que ha llegado a ganar hasta una Copa de la UEFA, retratado como realmente es, como un equipo apañadete, luchador, aguerrido, que explota el infierno de su ambiente, pero escasito de juego, de calidad y que cuando pierde a elementos como Popescu se convierte en un equipo simplemente vulgar. No. No es minimizar la victoria del Madrid porque en todos los conceptos futbolísticos que se quieran amontonar encima de una mesa el equipo español supera al turco.

No necesitó el Madrid ni una salida furiosa. Ellos, los jugadores, también sabían que había noventa minutos por delante para demostrar sus virtudes y desenmascarar las carencias de los turcos. Era cuestión de tantear el terreno y aprovechar las oportunidades. El primer gol vino tras un robo de balón en el medio campo. El segundo, a la salida de un córner. Y el tercero, posiblemente en la primera jugada colectiva larga pespunteada por los locales, que con el marcador a favor ya tenían montado el partido al contragolpe.

Fácil. Tocar y tocar. Esperar y machacar. Pero siempre con un toque de distinción. Porque calidad e inteligencia hubo en el pase de McManaman a Míchel Salgado —Figo estaba saliendo del fuera de juego—, buen toque en el centro de éste e intuición innata de goleador en el movimiento y remate de Raúl. Como ya sucediera en Estambul, a las primeras de cambio los turcos también dejaron al descubierto sus deficiencias en el juego aéreo. Helguera buscó y encontró el centro de Figo desde la esquina con la fe que concede el saberse más potente que el rival. Gol. Segundo. Más de lo previsto. Y para que no quedara ninguna duda de quién es uno y quién es otro, Raúl volvió a sacar su pierna izquierda a pasear después de otro buen pase de un McManaman inspirado.

Sobró la segunda parte, pero no renunció nunca el Real Madrid a aumentar su cuenta. El Galatasaray prefirió correr el riesgo de salir con exceso de peso en su equipaje del Bernabéu y se lanzó en busca de un tanto que le pudiera meter, al menos mentalmente, en el partido y en la eliminatoria. Cada contra del Madrid era una ocasión de gol. Sólo el egoísmo, las ganas de marcar que tenían todos y cada uno de los hombres de Vicente del Bosque, impidió la llegada del cuarto.

TANGANAS, MALOS MODOS...

Apenas se jugó en esta segunda mitad falta de todo. Faltas constantes, protestas, interrupciones, Figo y Guti que fueron víctimas de sendos codazos... Los turcos se dieron cuenta de su impotencia y la tomaron con el árbitro y los auxiliares, a los que no perdonaron la acción del primer gol del Madrid en la que reclamaron falta de Míchel Salgado a Hasan Sas. El balón fue del Galatasaray, pero sin alternativas de ataque. Hagi se empeñó en buscar a Jardel, pero entre Hierro y Karanka terminaron por dejar en blanco al ariete brasileño que tantos problemas les había creado en partidos pasados.

En los últimos minutos el Madrid dejó pasar el tiempo. Sus contragolpes ya no eran tan perpendiculares y aún así, las mejores ocasiones todavía fueron blancas. El final estuvo manchado por una tangana provocada por la impotencia de los jugadores turcos. Hubo lanzamientos de objetos desde la grada —uno de ellos pudo alcanzar a Okan, que se hizo el muerto— y acciones como esa sólo pueden costarle caro al club blanco para el futuro. Empujones y malos modos entre los protagonistas de uno y otro equipo fueron la constante de esos momentos postreros de una segunda parte para olvidar.