Luis Pereira y Roberto Carlos, dos generaciones distintasexplican por qué son diferentes los brasileños

Luis Edmundo Pereira, 51 años, y Roberto Carlos, 27, son dos ejemplos representativos de por qué los brasileños son diferentes, futbolísticamente hablando. Forman parte de dos generaciones distintas, pero los dos, surgidos de esa cantera inagotable que es el Palmeiras han triunfado en España con la sonrisa como bandera. ABC fue testigo de cómo justifican el éxito permanente del fútbol brasileño, sin importar las épocas.

MADRID. Enrique Ortego
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Madrugada de un día de partido. Los jugadores cenan tarde. Al día siguiente tienen libre. En «De María» se cita media plantilla madridista distribuida en diferentes mesas. En una de ellas, Roberto Carlos y su compañero Savio cenan con sus respectivas familias, pero Roberto tiene una cita muy especial con Luis Pereira, aquel «negro zumbón» que maravilló a la afición atlética en los finales de los setenta con sus piernas arqueadas, sus regates inverosímiles y su sonrisa perpetua.

La idea surgió del propio Roberto Carlos cuando se enteró que su ídolo de la infancia estaba en Madrid.

— ¿Por qué no quedamos mañana a cenar con Luis?

Dicho y hecho. Este periodista tiene la suerte de ser mudo testigo de la conversación para trasladársela a los lectores. El tema es único: ¿qué tienen los brasileños que les hace diferentes a los demás a lo largo de la historia del fútbol?

L. P.Estar sentado a tu lado me hace recordar que los dos hemos salida de la Academia, como se llama a la cantera del Palmeiras.

DOS DE LA MANCHA VERDE

R. C.Sí, pero tu época fue mejor que la mía, tu equipo hizo historia. Todos sentíamos envidia de vosotros. Lo único que nos une es que fuímos campeones después de dieciséis años sin que el Palmeiras ganara nada. De vosotros se saltó a nosotros. En mi época estaban Mazinho, Edmundo, Edilson, Freddy Rincón, Rivaldo, Evair... En el 93 ganamos el Campeonato Paulista y el Brasileño; en el 94, el Paulista, el Brasileño y el Rio-Sao Paulo... Pero, aquel Palmeiras de Luis era la selección.

L. P.Aquel equipo se forjó a partir del 69, pero tardó dos-tres años en ganarlo todo. En el 72 ganamos el Paulista y el Brasileño; en el 73, el Brasileño, y en el 74, el Paulista.

— R. C. Tu tienes más historia que yo. Mi padre me hablaba de ti en mi casa cuando yo era un niño. Cuando el Mundial del 74, yo tenía un año, pero luego he visto tus partidos por televisión, con mi padre conmentándolos. Estábais tú, Rivelino, Piazza, Leao, Paulo César, Jairzinho... Luego llegó Dirceu. Me sé de memoria toda tu historia, Luis, pero nunca había tenido oportunidad de decirte lo que te he admirado. Mi padre se lo sabe todo sobre ti. Él me dijo que triunfaste en el Atlético y ahora me doy cuenta de cómo te respeta la gente española, te saludan como si te hubieras ido ayer y llevas veintitantos años fuera.

— L. P. Es un orgullo para mí que cada vez que vengo a España me traten así. ¿Sabes? Tú y yo somos muy parecidos. Los dos somos personas, antes que futbolistas y por eso caemos tan bien a la gente. Tenemos un carácter muy alegre, muy comunicativos. Acá me recibieron como te han recibido a ti ahora. Nosotros somos brasileños natos y nuestro carácter enamora a los demás...

(Roberto le mira embobado. Se cogen las manos y Luis sigue hablando como un torrente, incluso salta del español al portugués).

— No me quiero meter con otros brasileños, es cuestión de genes, de carácter. Mira, ahí está Savio. Savio es más como Leivinha, que vino conmigo al Atlético. Son extraodinarios futbolistas. La bicicleta de Leivinha se hizo famosa en España, pero son más callados, más reservados. Flavio me dicen que también es retraído. Djalminha es un gran, grandísimo jugador, el más original de todos, pero tiene la cabecita un poco ida. Ronaldo es también un gran jugador y ha tenido mala suerte con las lesiones, pero también es verdad que era demasiado joven para soportar la estructura que se le puso sobre la cabeza. Como decimos en Brasil, le pesaba mucho el Atlas, el mapamundi. Tu, Roberto, eres como yo. Te diviertes jugando, disfrutas sobre un terreno de juego. Eso es lo más importante. El fútbol es tu vida, como el fútbol es mi vida. Tu luchas, peleas, hablas y te haces complice a toda la afición. Savio, Leivinha, Flavio... no saben ser así, no nacieron así.

UN CARÁCTER QUE CONTAGIA

R. C.Mira Luis, es verdad lo que dices. Yo sé que tu fuíste el jefe de aquel equipo del Palmeiras con Ademir da Guia. Fuísteis dos jugadores muy carismáticos, a lo peor no fuísteis tan famosos como Pelé o Zico, pero siempre quise seguir vuestros pasos por lo que significastéis para la «torcida». Yo ahora me siento orgulloso de cómo me trata la afición del Real Madrid.

— L. P. ¿Sabes lo que nos diferencia a los brasileños de todos los demás? Que sabemos jugar al fútbol.

— R. C. Nacemos con algo especial, nacemos con el fútbol en la piel.

— L. P. El fútbol nos sale de dentro. No tenemos que aprender, lo tenemos dentro y lo desarrollamos y lo perfeccionamos. Nuestros padres tuvieron un futbolista, no un niño cualquiera. Y eso pasa en muchas familias de Brasil, las mujeres paren futbolistas más que niños.

— R. C. Además, a nosotros nos gusta enseñar ese don con el que hemos nacido. A mí, el fútbol me sorprende cada día, yo aprendo, pero sé que he nacido con algo especial dentro, puede ser esa alegría que tenemos lo que nos hace diferentes a todos los demás. La historia lo confirma.

— L. P. Nosotros disfrutamos con lo que hacemos. Cuando estaba en el Palmeiras, y estuve once años, siete antes de venir al Atlético y cuatro después, les decía a los jóvenes que la pelota es nuestra amiga, nuestro arma de trabajo y hay que cuidarla como a una mujer, tratarla con cariño, hablarla. Vivimos de ella... Claro que decírte esto a ti es imposible con las patadas que le das a la pelota... Yo no sé cómo te sigue queriendo.

— R. C. Porque en el fondo le pego fuerte, pero con cariño. Era como cuando jugábamos descalzos de niños. Nos hacíamos polvo los pies, pero la pegábamos fuerte. Ahora, con las botas tenemos nuestras ventajas.

(La conversación deriva hacia la selección. Roberto dice que quiere volver. Luis le contesta que Leao, el actual seleccionador, es su amigo del alma y sabe que le va a llamar).

— L. P. Lo que ocurre Roberto es que tu no tienes que ir a jugar contra Venezuela o contra Bolivia o Perú... Tu tienes que pegarte la paliza para jugar contra Argentina y ganar. Te lo cuento por propia experiencia. Yo renuncié a jugar mi segunda Copa del Mundo, la del 78, Jugué las eliminatorias de clasificación y me llamaron para formar parte del equipo en Argentina, pero dije que no. Llevaba dos años sin vacaciones, el primero porque fiché por el Atlético después de un Carranza; el segundo, porque estuve lesionado y un tercero hubiera sido demoledor.

LA SELECCIÓN LO MÁS IMPORTANTE

— R. C. Los viajes se acusan es verdad, pero jugar en la selección es lo más bonito que hay en el mundo. Yo llegué muy joven y viví experiencias maravillosas. El problema de nuestro país, Luis, y tú lo sabes, es la envidia. Yo hablo contigo y me entiendo y tu me entiendes. Es más fácil hablar de estos temas con un jugador que con el aficionado.

— L. P. La envidia es lo peor del fútbol.

— R. C. En España es distinto. Acá llegas con un coche nuevo al entrenamiento y la gente no te pregunta de dónde has sacado el dinero para comprártelo. Se lo imaginan que es con el trabajo. Allá no, allá te «putean», no entienden que he ido paso a paso desde que comencé en el Sao Bento...

(Estas últimas frases Roberto las ha dicho en portugués. Se pone muy serio cuando habla de la selección).

— L. P. No te preocupes, el ala izquierda es tuya. Tienes que estar tranquilo y jugar los partidos que son importantes. Para ganar a Venezuela, con mis respetos, podemos hacer una selección de allá, pero para la Copa del Mundo tenéis que ir los mejores, los que estáis en Europa.

— R. C. Lo que me gustaría es que cuando pase el tiempo me pueda ocurrir lo que a ti, que digan que he sido un número uno en mi puesto como lo has sido tú. La afición española debería saber que en la selección brasileña de todos los tiempos, Luis Pereira tiene un sitio y saliste elegido entre