El Rey, que presidió el partido, junto a Florentino Pérez. Miguel Berrocal

El Lazio no se podía ir vivo del Bernabéu

Madrid. Enrique Ortego
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REAL MADRID 3 - LAZIO 2

La Copa de Europa de toda la vida, ahora llamada «Champions», volvió al Bernabéu con toda su intensidad. No podía ser de otra forma estando por medio el campeón de Europa y el campeón del calcio. Del peligro que tiene un equipo italiano herido se dio cuenta el Real Madrid a los cuatro minutos de partido. Aprovecharon los visitantes una falta de concentración de los jugadores blancos, que estaban más pendientes del árbitro que le había mandado quitarse a Figo una cadena, para adelantarse en el marcador. Visto y no visto. Toque de Castroman, recorte precioso de Crespo a Karanka y remate del «Valdanito» con el exterior del pie.

Ya era otro partido . Los italianos, como no podía ser de otra forma, se encerraron atrás y empezaron a perder tiempo. El encuentro estaba para ellos, doble línea defensiva de cuatro hombres en la frontal del área, falta tras falta, y Crespo y Salas a la espera de otro despiste, que por cierto los tuvo la defensa blanca en los siguientes minutos. Pero con lo que no contaba el Lazio, por mucho equipo italiano que sea, es con el poder ofensivo de este Real Madrid. Es un espectáculo ver las cargas de Figo por una banda y Roberto Carlos por la otra. Los movimientos de Raúl, la constancia del portugués y la inteligencia futbolística de Helgera.

Tenía problemas el equipo blanco para sacar el balón jugado porque Verón, Nedved y Simeone apretaban al máximo a los centrales y a un Makelele más torpe que en los últimos partidos, pero cuando el balón superaba ese obstáculo entraba en acción toda la artillería. Tardó media hora en empatar el Madrid, pero estaba escrito que lo iba a conseguir. No hay equipo que pueda salir virgen de tal ofensiva. Míchel Salgado doblaba por su banda a Figo, Roberto Carlos era un extremo izquierdo en toda regla. Por el centro se buscaban movimientos sin balón y paredes en corto para sacar a Nesta y Couto de esa línea frontal donde edifican sus cimientos.

Figo tuvo veinte minutos pletóricos, con remate al poste incluido. Cuando Figo dio descanso a sus pulmones, comenzó a aparecer Helguera y su conexión con un Raúl brillante. Y ellos fabricaron el gol del empate que Morientes remató desde la posición clásica del delantero centro.

BALÓN AL POSTE

Para que el Madrid hubiera visto recompensado su fenomenal desgaste físico, no exento de momentos de buen juego, tenía que haber entrado el remate que se sacó McManaman después de una diagonal perfecta, pero el larguero salvó al Lazio. Se despidió la primera parte con un rifirafe entre Simeone y Helguera. El argentino le dejó un recado al de Santander y éste, después de recuperarse se fue a por él, empujándole. Cayó en la provocación y vio la tarjeta amarilla. Un feo final para un gran primer tiempo. Era casi imposible pensar que el segundo podía ser tan bueno e intenso, pero la vuelta a la competición europea tenía muchas sorpresas en su chistera guardadas.

Los de Del Bosque se llevaron dos sustos consecutivos en cinco minutos. Crespo perdonó por partido doble a Casillas, sin restar el más mínimo mérito al portero blanco que estuvo listo, muy listo en las dos acciones. Aguantando en pie, sin tirarse en la primera y metiendo una mano instintiva en la segunda dentro del área pequeña. Fue mucho más abierta esta segunda mitad. El Madrid volvió a tener problemas defensivos. La movilidad de Crespo y Salas, las entradas en perpendicular de Verón, las diagonales de Nedved y la posición excesivamente adelantada de Roberto Carlos crearon demasiadas acciones de confusionismo, pero tambiñn es verdad que todo podía pasar cuando Figo, Helguera o Raúl llegaban al área contraria.

Buscó Del Bosque la velocidad de Munitis, a quien colocó de acompañante de Raúl, pero fue Crespo quien volvió a tener el gol en su pierna derecha y Casillas volvió a salvar con una pierna. Se alargaron tanto los dos equipos en los últimos 15 minutos que sucedió lo que suele pasar en estos casos en los que la concentración defensiva ya no es la misma.

El primero en golpear fue el Madrid. Helguera cazó un balón en el área pequeña y parecía que aquello estaba sentenciado. Sin tiempo para la celebración, Gottardi, casi bajo el larguero, empujó el regalo de Casillas, a quien se le escapó un balón claro. Helguera se quería morir y Simeone le volvió a provocar en su cara. Craso error. Él, que no ha ganado nunca en el Bernabéu, debería saber que el Madrid no se rinde nunca.

PENALTI DECISIVO

Munitis, el más fresco, se inventó una acción personal en el área y el malísimo árbitro francés consideró que aquello era penalti, que lo podía ser, y Figo decidió que aquello lo tenía que resolver él, que posiblemente, había sido quien más había puesto de su parte en el empeño. El portugués lanzó fuerte, tocó Peruzzi, pero no lo suficiente como para evitar el gol y la tercera derrota consecutiva de su equipo en esta «Champions», lo que hace muy difícil su continuidad en la competición.

Para el Real Madrid ese penalti, ese gol, fue el justo reconocimiento a su orgullo, a su pelea, a su espiritu indomable y también al buen juego desarrollado en muchas fases de un partido de los que no deberían terminar nunca.

REAL MADRID (4-2-3-1) Casillas; M. Salgado, Hierro, Karanka, Roberto Carlos; Makelele, Helguera (Solari, m. 90); Figo, Raúl, McManaman (Guti, m. 76); y Morientes (Munitis, m. 65).

LAZIO (4-4-2) Peruzzi; Negro, Nesta, Couto, Pancaro; Castromán (Gottardi, m. 60), Simeone (Mihajlovic, m. 89), Verón (Baronio, m. 78), Nedved; Crespo y Salas.

ÁRBITRO G. Vissiere (Francia). Tarjeta a Pancaro, Makelele, Nesta, Helguera, Castromán, Verón y Couto. Roja al delegado del Lazio.

GOLES 0-1. m. 4: H. Crespo. 1-1, m. 32: Morientes. 2-1, m. 82: Helguera. 2-2, m. 84: Gottardi. 3-2, m. 89: Figo, de penalti.