Un Río de lágrimas en la plaza de Oriente

TATIANA G. RIVAS | MADRID
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La tensión se mantuvo hasta el último momento entre los miles de ciudadanos -12.000, según el Ayuntamiento- de todas las nacionalidades que se acercaron ayer hasta la plaza de Oriente para mostrar, por última vez, su apoyo a la candidatura olímpica de 2016. A la tercera, otro batacazo.

Decepción, lágrimas, caras largas y desilusión, mucha desilusión. Esas fueron las reacciones del público tras desvelarse, a las 18.55, el nombre de la ciudad elegida: Río de Janeiro.

La plaza se quedó pequeña para dar cobijo a todos. Procedían de todos los puntos de España y del mundo. Luis Carlos sostenía una bandera argentina y una pancarta que rezaba: «Los argentinos estamos con Madrid». No era el único suramericano que apoyaba la candidatura española en vez de la brasileña. Liliana, su marido y su hija de cuatro años también sentían la rojigualda. «Llevamos siete años en Madrid; nuestra niña es de aquí. Además, en Brasil no se habla español», comentaban emocionados cuando aún se desconocía el resultado.

Cayó Chicago a las 17.25; también Tokio a las 17.35. Sólo quedaban dos: Río de Janeiro y Madrid. Mano a mano. Todos estaban eufóricos. Incluidos el grupo de cinco brasileños provistos de la bandera de su país, pelucas verdes y amarillas y las camisetas de su selección. Vitoreaban a Río de Janeiro. Alguna que otra palabra malsonante recibieron por parte de los madrileños que tenían los nervios a flor de piel.

«Queremos que gane Río, pero si se lo lleva Madrid, también lo vamos a festejar», decía Andrés Artero, un joven natural de Río de Janeiro y afincado desde hace seis años en Madrid. «Que gane el mejor», acertaba a decir otro de sus compañeros.

Daniel, José y Marcos vinieron de Cádiz hasta Madrid el jueves «sólo para vivir este momento», apuntó uno de ellos. «Si gana Madrid, genial, pero si no, nosotros nos vamos a ir de fiesta igualmente», comentó jocoso otro.

Abajo Obama, arriba Madrid

La corazonada se hizo más intensa con la derrota de Obama. «Es nuestra, es nuestra», se escuchaba entre el tumulto de gente.

Desde ese momento, la abarrotada plaza saltó, cantó y vibró más que nunca en una tarde tan emocionante como derrotadora. Un sol agonizante atizó con fuerza a todos los presentes que tuvieron que utilizar las grandes manos de 2016 como «sombrilla».

Muchos apretaban las manos con fuerza a modo de rezo. Otros cruzaban los dedos mientras se sostenían un abanico de madera. No hubo plegaria y susperstición que valiera. Como dijo una anciana: «La suerte está echada».

Los hitos musicales españoles animaron hasta el último momento a una muchedumbre que mantuvo la corazonada hasta el final.

Todas las edades y todas las condiciones sociales quisieron vivir el momento decisivo ante una gran pantalla gigante.

Políticos «decepcionados»

Se dejaron ver por la plaza miembros de la comitiva municipal como Ana Botella, delegada de Medio Ambiente; el consejero de Presidencia, Justicia e Interior , Francisco Granados; la secretaria de Organización del PSOE, Leire Pajín, etc. Todos compartían la ilusión con el público hasta el desenlace, donde se pudo contemplar la lágrima contenida de algunos.

«Hemos estado todo el país empujando para que salga esto. No ha podido ser, pero solamente por esto ha merecido la pena. Más no se ha podido hacer. Este país se merece que Madrid organice los Juegos».

Las banderas españolas y madrileñas, las caras pintadas con los colores del logo y las miles de manos de Madrid 2016 en movimiento que se apoderaron de la plaza, desaparecieron en forma de río humano rápidamente tras la descorazonada.

Y ante el desconsuelo masivo, el optimismo de algunos: «¡A por 2020!». Como dijo Francisco Granados al término de la frustrada fiesta: «Otra vez será».