Foto: José Ramón Ladra | Vídeo: David del Río
Boxeo

Joana Pastrana: «Nunca he tenido ganas de rendirme»

La madrileña disputa el mundial del peso mínimo este viernes en Alcobendas

Camarera hasta hace dos años, hoy es la única mujer que vive del boxeo en España

MadridActualizado:

En el gimnasio donde Joana Pastrana ( Madrid, 1990) entrena cada tarde no huele a goma húmeda ni hay sacos remendados con cinta americana. Es el signo de los tiempos. Ella pertenece a una generación que apenas vio boxeo por televisión y quizá por eso su vocación es tan intensa, porque la descubrió en primera persona y no por mímesis. Ella tocó la puerta del gimnasio hace unos tres años y todo lo demás vino por inercia: una ilusión, una lesión grave y dos campeonatos de Europa consecutivos. Ahora, tras meses de una preparación metódica, disputará mañana en Alcobendas el Mundial del peso mínimo.

«La motivación que yo encuentro en esto es alcanzar lo que en un principio me propuse, que es ser campeona mundial, y lo tengo muy cerca», resume Pastrana antes de empezar su entrenamiento en el Víctor Kirtan Ullate. «Esa es la motivación: la de no decepcionarme a mí misma, porque me hice una promesa que tengo que cumplir».

Hace tres años, Pastrana pasaba más tiempo levantando bandejas que levantando pesas. Trabajaba como camarera y compaginaba su medio de vida con su ilusión. «Claro que es muy duro después de trabajar diez horas irte a un gimnasio, dar la cara y entrenar. Pero todo depende de cómo lo enfoques», recuerda ella.

«Era muy trabajadora y con una capacidad de sufrimiento muy alta», añade Nico González, su entrenador y uno de los mejores superligeros del país. «Tenía mucho coraje y no le daba miedo hacer sparring con ningún chico. Álvaro [su promotor] vio su actitud y es ahí cuando le ofreció entrar como profesional en el equipo».

Tres años después, Pastrana tiene dos cinturones de campeona de Europa, un récord brillante (12-1) y una cicatriz en la mano que le recuerda que su única derrota profesional llegó con el metacarpiano roto. «Nunca he tenido ganas de rendirme», asegura valorando aquel episodio. «Sí hay momentos en los que te encuentras mejor físicamente y peor de cabeza o al revés. Hay días que dices “no me apetece salir de la cama”, pero ganas de rendirme no he tenido nunca».

Determinación

Ella ejercita sus reflejos mientras la tele del gimnasio repite su primer Campeonato de Europa. No le presta mucha atención, convencida de que el futuro se escribe desde el presente y no desde el pretérito, por muy perfecto que este sea.

¿Vas a ser campeona del mundo?

Voy a ser campeona del mundo. De este año no pasa –responde.

Pero esto es deporte, a veces pasan cosas que no se esperan.

Si no ocurriera tendría que ser por una razón de peso. Algo como una lesión irreparable que no pueda salir de ella. Pero estoy muy convencida del resultado, que será positivo.

¿De dónde sacas el convencimiento de que todo va a ir bien?

Yo creo que me imagino tantos millones de veces en mi cabeza que va a ser positivo que lo saco de ahí, que no hay lugar a otra alternativa.

Joana no está suscrita a Netflix ni lleva música en el móvil. Es la mayor de dos hermanas y los niños del cole la elegían de las primeras para compartir equipo de fútbol. Ella tiene el privilegio de ser quizá la única mujer que puede vivir del boxeo en España. Su promotor, Álvaro Gil-Casares, le encontró un patrocinio y ella ha sabido conservarlo. «Les tienes que entrar por el ojo. Tienen que ver que no eres un cafre, que tienes un buen aspecto y que vas a dar buena visibilidad a la marca», concluye Nico González, que inicia su entrenamiento cuando Pastrana termina el suyo.

La lealtad entrenador-boxeadora se refleja en momentos como este. Mientras González entrena, Joana espera. Son códigos de gimnasio: él le dedicó su tiempo y ella le devuelve ahora su paciencia, aunque esto le suponga llegar a casa más tarde de lo recomendable. «Cuando pones la alarma y ves que te quedan 4 horas y 16 minutos quieres tirar el teléfono contra la pared», bromea Joana, que tiene mañana la primera oportunidad para cumplir una promesa. La suya.