Anelka conecta el remate de cabeza que llevó al Madrid a la final de París. Miguel Berrocal

Iván Campo y Casillas recuerdan que lo pasaron mal... y dan gracias a Nicolas

MADRID. E. O.
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Quinta visita al Olímpico... y quinta derrota. Pero ésta al menos tuvo sabor a victoria porque a pesar del 2-1 adverso el Real Madrid se clasificó para la final de París, que al fin y al cabo supuso la octava. Sin duda esta eliminatoria estuvo marcada por el acento francés de Anelka. Nicolas, como le llamaban sus compañeros, marcó en el Bernabéu y en Múnich. Decisivo este último tanto de cabeza.

Iván Campo lo tiene grabado en la retina. «Fue un centro de Savio y Anelka le ganó la acción a Kuffour y marcó. Recuerdo que me puse a saltar como un poseso. Lo estábamos pasando mal, muy mal. Ni con el 2-0 de la ida los alemanes se rindieron. Nos metieron mucha presión con el primer gol y ni con el empate de Nicolas pararon. En la segunda parte lo volvimos a pasar mal porque nunca bajaron los brazos».

ECHARLE LO QUE HAY QUE ECHAR

Iván, que fue titular entonces, no sabe si lo será el miércoles, pero sí sabe lo que tiene que hacer su equipo para ganar. «Tenemos que echarle lo que le echamos cuando estamos entre la espada y la pared. Como equipo podemos ganar en cualquier campo y a cualquier equipo... pero tenemos que echarle... eso que todos estamos pensando. El Olímpico me parece un escenario magnífico para conseguir la segunda final consecutiva. Y vamos a por ellos, que nadie lo dude».

Iker Casillas disputó dos partidos la temporada pasada en Múnich. «Fueron muy diferetnes. Mi estreno fue muy triste porque me pasé el encuentro agachado recogiendo el balón de mi portería. Hasta cuatro veces. En el segundo, a pesar de la derrota, fue todo muy diferente. Ese día el objetivo era meterse en la final y supimos defender la renta del Bernabéu. Era mi primera final y el vestuario fue una fiesta. Me llamó la atención del Olímpico que, a pesar de que el público está muy lejos, entre los altavoces y la forma de cantar que tienen los alemanes parece que están encima y la presión te ahoga. Creo que es uno de los estadios más difíciles, en este sentido, en los que he jugado».