El «CAM» se hundió ayer en el campo de regatas de la Copa América

PEDRO SARDINAVALENCIA. «Fuera, abandonad el barco inmediatamente», fueron las palabras de Fernando León, armador del «CAM», cuando entendió que no se podía hacer más por evitar el hundimiento de su

Actualizado:

PEDRO SARDINA

VALENCIA. «Fuera, abandonad el barco inmediatamente», fueron las palabras de Fernando León, armador del «CAM», cuando entendió que no se podía hacer más por evitar el hundimiento de su Transpac 52.

La desgracia se cebó con el «CAM» en el primer tramo de la primera ceñida de la segunda prueba de ayer, cuando inesperadamente la proa del barco se abrió en dos y comenzó a entrar agua. La tripulación del «CAM» enseguida se colocó en la popa del barco para intentar levantar la proa, mientras el «TAU Andalucía», que regateaba muy pegado, bajaba sus velas y se acercaba para ayudar en todo lo que fuera posible para, al menos, poner a salvo a la tripulación.

Saltó al barco Noluco Doreste, uno de los constructores del «CAM», que navega en el «TAU Andalucía», para hacerse con la dirección del salvamento. Rodrigo Sanz, el proa, se dejaba la piel intentando despejar la cubierta de velas, cabos, tangón y todo lo que dificultaba las maniobras de rescate, mientras dos tripulantes sacaban del habitáculo todas las velas y con cubos intentaban achicar el barco.

Quince minutos de angustia

Fueron quince minutos de angustia. El «CAM» se amorraba poco a poco rodeado de neumáticas del Real Club Náutico de Valencia y de la Cruz Roja del Mar. Las balizas de barlovento fueron utilizadas para intentar reflotar la proa del barco, pero sin ningún éxito.

Cada segundo que pasaba, la proa se hundía más y peligraba la integridad del palo, ya que no estaba sujeto por nada. La neumática del «TAU Andalucía» se abarloó sobre la amura de babor del «CAM» y la del «Desafío» sobre la de estribor. Ambas trataban de darle flotación al barco, pero cada vez entraba mucha más agua y el «CAM» iba desapareciendo. Ni con una bomba de achique era posible evacuar el agua acumulada.

Un golpe de mar pasó por encima de la proa y Fernando León consultó, con una mirada, con Noluco Doreste la situación. Doreste movió la cabeza negando y asintiendo del inminente hundimiento y León mandó abandonar la nave.

Algunos tripulantes lloraban de rabia e impotencia mientras el barco iba desapareciendo poco a poco. Los chalecos salvavidas flotaban a su libre albedrío por el mar, mientras Rodrigo Sanz se aferraba al barco.

Cinco minutos de lágrimas

El hundimiento fue muy rápido. Tras abandonar los intentos de reflotarlo, no pasaron ni cinco minutos cuando el agua cubría completamente la cubierta y sólo se veía sobresalir unos veinte metros de mástil. En esos momentos, Rodrigo Sanz saltó al agua desde la neumática con un cabo para intentar amarrarlo a la perilla del palo. Luchó el jovencísimo proa entre las olas y el vacío que hacía el barco y consiguió asirse al palo. Fueron momentos de tensión. El palo iba desapareciendo, pero Sanz consiguió su objetivo. Esta maniobra se hizo para que, cuando el velero se posara en el fondo, se le pudiera atar una baliza de señalización para que los barcos que navegaban por la zona pudieran avistar el escollo.

El bulbo del «CAM» tocó fondo dejando un metro de palo al aire, lo que quería decir que había unos veintiocho metros de profundidad. Afortunadamente el velero se clavó en la arena y no se volcó. Se aseguraron dos balizas de señalización y se marcó el lugar con un GPS por si el barco volcara y desapareciera la señalización, y así poder reflotarlo en los próximos días.

La llegada al Real Club Náutico de Valencia fue emotiva. La Reina y el Príncipe de Asturias esperaban en puerto. La cara de incredulidad de Don Felipe cuando Fernando León y Kiko Sánchez Luna le informaron de lo sucedido daba muestras de la gravedad del incidente. El Príncipe de Asturias, que normalmente patronea el «CAM», recibió la noticia con mucha tristeza.

A pesar del hundimiento, el «CAM» recibió la copa como segundo clasificado de la clase Transpac 52 subiendo toda la tripulación al estrado mientras con sus dedos señalaban, en señal de agradecimiento, a la tripulación del «TAU Andalucía», que esperaba su turno como campeón.