Carlsen y Caruana, en el Mundial de Londres
Carlsen y Caruana, en el Mundial de Londres - EFE
Mundial de Ajedrez

Guerra a muerte contra las tablas

Ocho empates seguidos en el Mundial reabren el debate más viejo del ajedrez

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Capablanca, campeón del mundo de ajedrez entre 1920 y 1927, fue de los primeros en advertir que el exceso de tablas amenazaba con «matar el ajedrez». El ajedrez aleatorio propuesto por Bobby Fischer era una forma indirecta de rebajar el número de empates. El Mundial que disputan en Londres Magnus Carlsen y Fabiano Caruana, que llevan ocho repartos de punto consecutivos, ha reabierto el debate.

No muchos recuerdan que Karpov y Kasparov, en su primer duelo por el título, en 1984, llegaron a empatar 17 partidas seguidas (y luego otras 14). El presidente de la Federación Internacional, Florencio Campomanes, suspendió aquella lucha sin fin de forma arbitraria, en una de las decisiones más polémicas de la historia de este juego.

La discusión permanece. ¿Por qué no imitar otros deportes en los que cada partido termina, a la fuerza, con la victoria de uno de los contendientes? Existen propuestas en esta dirección, aunque el ajedrez no es el único deporte en el que el empate es posible. El problema es la frecuencia con la que se produce en la élite.

En Londres, la igualdad entre Carlsen y Caruana es tremenda. Los números uno y dos solo se sacan tres puntos Elo, a partir del sistema matemático que rige la clasificación y que mide, con precisión estadística, la fuerza de los jugadores. La FIFA, de hecho, adoptó este año el sistema.

El Mundial de Londres es, desde este punto de vista, el más reñido de la historia. Es normal que dos jugadores tan perfectos y parejos entablen casi siempre. A su capacidad natural se une otro factor determinante: el uso cada vez más intensivo de la inteligencia artificial. Los grandes maestros pulen sus escasos defectos con ayuda informática y cada vez es más difícil vencerlos, sobre todo cuando se evitan los riesgos. Caruana pudo vencer en la última partida, pero quiso hacerlo sin jugarse la vida, como requería la posición.

Se han probado diversas fórmulas. En Linares, Luis Rentero utilizaba premios y castigos para fomentar la combatividad. Los búlgaros inventaron la regla de Sofía, que se aplica en este Mundial, que prohíbe las tablas antes de la jugada 30. En algunos torneos se dan tres puntos por victoria, pero con solo dos participantes esto no sirve.

El supertorneo de Noruega, patria del campeón mundial –que ha dado su beneplácito–, utilizará en su próxima edición otra receta. Ningún encuentro terminará en tablas. Si ese es el resultado, se jugará una partida rápida para dirimir el vencedor, con las reglas ya conocidas como Armagedón: el blanco tendrá un minuto más, pero estará obligado a ganar.

La idea no es del todo original. Rustam Kasimdzhanov, excampeón del mundo de la FIDE, ya propuso un sistema similar en 2011. «Si queremos éxitos, patrocinadores, público y nuestra parte del pastel, tenemos que abolir las tablas», escribió. Su propuesta consistía, en caso de empate, en cambiar los colores y jugar otra partida más rápida. ¿Tablas de nuevo? Menos tiempo aún y vuelta jugar, así hasta que haya un ganador.

Miguel Illescas, ocho veces campeón de España, propone incluso una ligera variante, quizá más justa. Que en lugar de tener un tiempo fijo con las reglas del Armagedón, cada partida de desempate se juegue con el tiempo sobrante de la anterior, lo que otorgaría a la gestión del tiempo un valor aún mayor del que ya tiene.

De todos modos, esto se arregla hoy mismo, al menos hasta el próximo torneo, con una victoria de Magnus o Fabiano.