Atletismo - Europeo en pista

Las estrellas noruegas de alma africana

Los tres hermanos Ingebrigtsen, con Jakob como punta de lanza, se presumen los protagonistas del campeonato

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En el elenco de celebridades que se han decantado este año por el Campeonato de Europa en pista cubierta que hoy arranca en Glasgow (Teledeporte) hay apellidos potentes en la escena internacional. La escocesa blanquísima y pecosa Laura Muir, aspirante al doblete 1.500/3.000; la rusa Mariya Lasitskene, imbatible en el salto de altura; el noruego Karsten Warholm, campeón mundial de 400 vallas; o el español Orlando Ortega, mejor vallista del curso en 60 metros. Ninguno es capaz de competir en popularidad con un trío de noruegos que siembra el pánico en las pruebas de mediofondo desde hace un par de años. Es la saga Ingebrigtsen, tres hermanos de alma africana que promueven al menor de ellos, Jakob, como candidato a ganar los 1.500 y el 3.000.

Los Ingebrigtsen han transformado el mediofondo europeo en un coto de su propiedad, tal es su dominio en las carreras más atractivas del atletismo. Jakob, el pequeño de 18 años, ganó los títulos continentales de 1.500 y 5.000 el verano pasado en el Olímpico de Berlín en una demostración soberbia de poderío. Henrik, de 28 años, el mayor de increíble parecido a Freddie Mercury, fue oro europeo de 1.500 en 2012 y tiene otras cinco medallas continentales. Y Filip, 25 años, fue campeón de la misma distancia en 2016 y bronce mundial en 2017. Nadie puede con los Ingebrigtsen.

«Su evolución ha sido rotunda, como si fueran peldaños de una escalera», explica a ABC Jorge González Amo, responsable del mediofondo en la selección española. «El mediano mejoró al mayor, y el pequeño ha mejorado al mediano».

La dinastía proviene de un padre autoritario y tenaz, Gjert, que se cansó del estrés laboral de su cargo como directivo en una empresa de logística y trasladó a su familia a Sandnes, población costera de 73.000 habitantes al oeste de Oslo. Reza la leyenda que papá Ingebrigtsen es autodidacta, un licenciado universitario que se cultivó en libros de atletismo para entender un deporte que le apasionaba. Así se convirtió en entrenador de sus tres hijos en una familia de siete vástagos.

Gjert Ingebrigtsen, como Richard Williams hizo con sus hijas tenistas Venus y Serena, decidió un día que sus descendientes serían atletas. Y no cualquiera. Se esmeró para fabricar campeones. Contrató a un fisiólogo, Leif Tjelta, y reclamó de él informes exhaustivos sobre las capacidades de sus hijos. Ha sometido a sus herederos a un inclemente programa basado en los entrenamientos al límite, sesiones diarias en las que trata de alcanzar el umbral máximo.

Esquí de fondo

Antes de ingresar en el atletismo, el patriarca había domesticado a sus tres hijos hacia otros hábitos. Madrugones diarios para beneficiarse de las bondades de la práctica del esquí de fondo: el trabajo de fuerza y la resistencia aeróbica.

Los esquíes no entusiasmaron a los futuros runners e Ingebrigtsen puso en práctica el método de prueba y error en los entrenamientos con el mayor, Henrik, el que menos éxitos ha logrado. Con Filip mejoró la especie y con Jakob ha hecho cumbre. Por detrás vienen Ingrid, 12 años, y William, de 5, también interesados en el atletismo. «A los tres les favorece entrenar en un grupo de tanta calidad –comenta González Amo–. Están concentrados juntos y no tienen celos unos de otros, como suele pasar en los grupos con un entrenador. En eso les beneficia ser hermanos».

Los parientes corren cada semana una media de 135 kilómetros cada uno, compiten entre ellos para que cada jornada haya un ganador y un perdedor, y se pinchan el dedo para medirse el lactato en sangre (falta de oxígeno durante la contracción muscular).

«No creo que con Jakob mi padre haya cometido ningún error, a diferencia de lo que sucedió conmigo», ha afirmado el primogénito Henrik. «Jakob tiene un consumo de oxígeno espectacular con 18 años. Yo no recuerdo a ningún atleta no africano con semejantes valores», descubre González Amo. «Solo uno, Jim Ryun, que compitó en los años 60 y tenía una marca de 3.30 en ceniza».

El menor de los Ingebrigtsen hizo 3.36:02 en 1.500 hace unos días en Dusseldorf y con ese registro debe coronarse en Glasgow. Otra cuestión, como advierte González Amo, es su duración en el atletismo, ya que ahora está exprimiendo su cuerpo. «Es un talento, sin duda, pero igual a los 24 años está acabado o no corre».