Tomasevic se empleó con excesiva dureza para detener a Gasol REUTERS

Una España guerrillera no se asusta de la violencia serbia y sigue invicta

DOMINGO PÉREZ/
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ATENAS. La gama de victorias que posee la paleta baloncestística de España empieza a ser infinita. Se ganó a China desde la inspiración ofensiva. A Argentina, desde el banquillo. A Italia, desde la defensa. Y ayer a Serbia desde dos poderosas razones. Se venció, primero, porque sí, porque es mejor y eso al final siempre se nota, pero sobre todo porque cuando los yugoslavos llevaron el partido al juego sucio más que físico, España no se arredró ni un milímetro. Bien al contrario significó su despegue.

España va en cada prueba asombrando a más y más gente. Son ya 11 partidos los que lleva sin perder, incluidos los siete de preparación, y eso, en un baloncesto en el que imperan la igualdad y los marcadores apretados, empieza a adquirir tintes de hazaña. La Prensa extranjera procura no perderse ni uno de los encuentros del nuevo equipo de moda. Y en la agenda de toda la delegación española en los Juegos, federativos, deportistas y políticos, los partidos de los de Pesquera se convierten en cita obligada pase lo que pase en otras competiciones.

Con este triunfo se aseguró la primera plaza del grupo a falta de un encuentro. Ya sólo preocupa recuperar fuerzas y esperar al rival de cuartos.

La dificultad del choque estribaba, básicamente, en que era un partido de vida o muerte para Serbia. Un triunfo sobre España permitiría a Zeljko Obradovic y a sus hombres, siempre que se impusieran a China el último día, no depender de nadie para asegurarse el pase a cuartos. La derrota les deja en manos extrañas, muy probablemente hispanas pues una derrota, por remota que parezca, frente a Nueva Zelanda podría significar la eliminación de la actual campeona mundial. Con este panorama y sabiendo como se las gastan los serbios a la hora de competir, el duelo se anunciaba caliente. Y no defraudó.

No anda fino Gasol. Sufre una tendinitis en el aquiles de su pie derecho. No es nada grave, pero sí molesto, algo doloroso y con una sola solución, inviable en este torneo, descansar. No está claro cuánto puede influir en su rendimiento, pero lo cierto es que frente a Serbia anduvo desaparecido toda la primera mitad. Entre el tendón y la «leña» que recibe, su desgaste está siendo enorme y empieza a notarse. Ni un punto (0 de 1 en triples y 0 de 2, de dos), tres rebotes capturados y otros tantos escabullidos de sus manos cuando iba a atraparlos, y dos tapones. Un balance muy pobre para su enorme clase en los dos cuartos iniciales (31-31).

Navarro funciona a sus revoluciones habituales. Pero las tornas están cambiadas. Esta España es como todas las grandes Yugoslavias, que parecía que no hacían nada del otro jueves y, sin embargo, siempre iban por delante en el marcador. Y la actual Serbia recuerda a esas Españas de no hace tanto, que se deslomaban en la lucha, siempre cerca en el tanteo, pero perdiendo las más de las veces, al final y por poco, contra los buenos.

Lo novedoso es que por estos lares los buenos son los españoles. Y lo saben. Por eso no se descompone nunca el equipo. Por eso transmiten sus jugadores esa permanente sensación de seguridad. Por eso, pese a no estar bien, Gasol acabó con 14 puntos y Navarro con 13. Y por eso, cuando los serbios, hartos de ver que no había forma de vencer a los españoles, sacaron las navajas.

Mal en los tiros de tres

Para entonces el duelo continuaba igualado (51-52, m. 30). España había ido tapando sus carencias en los triples (1 de 14) y las dificultades física de Gasol y mental de Navarro con rachas de buenísima defensa (25-17, m.13); aportaciones gloriosas de Felipe Reyes, una inhabitual aspiración anotadora del sacrificado Carlos Jiménez, las piernas de negro de Calderón y la exquista sobriedad y regularidad de Jorge Garbajosa (37-31, m. 22).

Sin embargo, Serbia encontró una y otra vez la forma de regresar al partido, principalmente a golpe de destellos de Bodiroga y Vujanic, pero de forma muy especial gracias al trabajo de Pedrag Drbonjak.

El caso es que cuando en el tercer cuarto empezó a carburar Gasol, Tomasevic quiso reducirle a golpes. En concreto con una falta salvaje. Fue la llamada de la selva. España no puso la otra mejilla para que se la partieran. Endureció sus bloqueos. Se vistió de guerrillera. Repartió más de lo que recibió y acabó sometiendo a los duros yugoslavos, ya sí al final, con un juego preciosista de robos, contragolpes y mates ¡Olé!