Bela posa para ABC durante la presentación del Adeslas Padel Team
Bela posa para ABC durante la presentación del Adeslas Padel Team - ABC
Pádel

Belasteguín: «Soy un enfermo de querer mejorar cada día»

El exnúmero uno del World Padel Tour, que dejó de serlo tras 16 años por una lesión, charla con ABC antes del torneo de Alicante

Actualizado:

Por primera vez en 16 años, Fernando Belasteguín (Argentina, 1979) no comenzó la temporada en el número uno del pádel mundial. Una sensación extraña que, lejos de acercarle a la retirada, le anima a continuar para recuperar el trono. Reconquista que comenzará este fin de semana en el Estrella Damm AlicanteOpen, tras no haber logrado llegar ni siquiera a la final en los dos primeros torneos de la temporada. Mientras conversa con ABC atiende a una decena de seguidores, lo que pone de relieve el crecimiento de este deporte y la magnitud de la figura del argentino dentro de él.

¿Nota que cada vez le reconocen más por la calle?

Sí, pero el pádel sigue siendo un deporte pequeño. No pasa nada. No eres una estrella del rock ni nada así. Todavía puedes andar por la calle sin mucho problema... Es verdad que estamos en la época de las redes sociales, la información le llega más rápido a más gente y quieras o no eso hace que seas más conocido.

¿Y cómo lleva usted lo de las redes sociales?

Pffff (resopla). A mí me ha cogido en una edad complicada, porque yo no nací con las redes sociales y me he tenido que adaptar a ellas. Creo que tienen un componente peligroso, porque esconden mucho halago fácil y eso es muy peligroso para el deportista. Es el peor enemigo que te puedes encontrar y en las redes hay mucho halago fácil. Porque yo puedo perder 6-1 y 6-1 y me llegan 200 mensajes llamándome ídolo y fenómeno porque hice un buen punto. Hay que ir con mucho cuidado por eso. Las redes sociales pueden convertirse en el peor enemigo.

Y cuando escucha tantos halagos, ¿cómo pone los pies en el suelo Fernando Belasteguín?

Con mi familia. Con mi mujer. Mi entorno. Muchas veces a los deportistas se nos magnifica en función de lo que hagas. Vas a un acto, firmas un puñado de autógrafos, te haces unas fotos y se nos trata como si fuéramos personas especiales cuando lo único que hacemos diferente es pegarle bien a la pelotita. Yo ahora tengo tres hijos y no veo que los médicos que operan a corazón abierto o que curan el cáncer infantil a chiquillos como los míos firmen tantos autógrafos y esa gente sí que son especiales e importantes. Hay muchas veces que el deporte te ubica en un sitio irreal y si no tienes claro que eso es pasajero luego puede ser muy duro. Porque habrá un día en el que esa lucecita que te alumbra se apagará y te quedará todo lo demás. Por eso hay que cuidar el entorno. Para mí ha sido uno de los principios fundamentales de mi carrera saber que juego bien al pádel y nada más.

«Las redes sociales tienen un componente peligroso, porque esconden mucho halago fácil que es malo para el deportista»

¿Y tiene ya pensado qué hará cuando se acabe su carrera?

Sí, tengo claro que voy a seguir ligado al pádel. Tengo ya pensado un proyecto para crear clubes con mi nombre: el «Bela Padel Center». El primero estará en Barcelona, para exportar el modelo a otros países. Más allá de llevar el pádel fuera, quiero mostrar que es posible educar a los niños a través del deporte. El deporte te ayuda a todo en la vida. Soy un convencido de eso y por ahí irá mi futuro, sin duda.

En nada cumple 40 años, ¿hará algo especial?

Sí, lo tengo bien mirado, porque el sábado es la comunión de mi hija y al día siguiente, el 19 de mayo, es mi cumpleaños. Así que si todo va bien estaremos toda la familia, incluidos mis padres, en Barcelona y lo vamos a festejar por todo lo alto, porque son 40 años y porque a los argentinos nos gusta mucho celebrar las cosas así a lo grande.

A su edad no es normal estar a un nivel tan alto. ¿Qué secreto tiene Bela?

No lo hay. Trabajo y cierta dosis de fortuna. Mire, fui número uno desde los 22 años. Exactamente 16 años y ocho meses seguidos, pero ha sido ahora cuando me he dado cuenta de la inmensa suerte que he tenido todo este tiempo. Lesiones le pueden pasar a todos, pero yo nunca tuve nada hasta ahora. En el deporte es muy difícil ganar partidos, es muy difícil ganar torneos y ser número uno. ¿Cuántos lo han sido alguna vez? Yo lo he sido durante 16 años y por eso le agradezco tanto al deporte por permitirme dejar una marca en el mundo del pádel. Porque sé que al menos hasta dentro de otros 16 años nadie va a igualarme. Si hoy fuera la última vez que jugara al pádel me quedaría con la tranquilidad de haberlo dado todo cada día como si fuera el último. El mejor recuerdo que me voy a llevar de mi carrera, y llevo desde los 15 como profesional, es haber entrenado cada día al máximo. Porque si me aprietas como una esponja, no sacas nada, porque me lo he dejado todo en la pista. Eso se lo inculco siempre a mis hijos, que intenten ser los mejores, darlo todo, en aquello en lo que quieran ser.

«Muchas veces el deporte te ubica en un sitio irreal y si no tienes claro que esto es pasajero luego puede ser muy duro»

¿Y no se cansa? ¿Qué pasión tiene para seguir jugando?

Mejorar. Hoy soy mucho mejor jugador que el año pasado y soy peor que el que seré dentro de dos años. Soy un enfermo de querer mejorar cada día. Es lo más importante y es lo que me ha llevado a mantenerme ahí arriba durante tantos años. El día que no tenga esa ilusión no jugaré más al pádel.

¿Se acuerda de la primera vez que sintió esa ilusión por el pádel?

¡Claro! Empecé con diez años en el club donde yo jugaba al fútbol. Allí hicieron la primera cancha de pádel del pueblo y yo jugaba al fútbol y al pádel. Era un apasionado de los dos deportes. Me encantaba el fútbol, pero era un defensa central muy duro y los clubes grandes de Buenos Aires venían a buscar a los que hacían goles. Yo pensaba para mis adentros que siendo defensa central iba a estar jugando siempre en mi pueblo. El pádel se me daba muy fácil, así que empecé a viajar por Argentina. Lo hacía bien y lo que era mi ocio me llevó a jugar como profesional con solo 15 años. Me he plantado en los 40 y me ha pasado la vida rapidísimo. Echo la mirada atrás y no puedo creer lo que he conseguido en el deporte. Si me hubieran dicho que iba a ser número uno cuando tenía diez años le hubiera dicho que estaban locos. He tenido mucha suerte en mi carrera.

¿Y sigue yendo a esa pista cuando vuelve a casa?

Por supuesto. Sigo yendo cada vez que regreso a mi pueblo, porque ir allí me hace recordar que soy el hijo de la maestra de la escuela y del empleado de banca. Allí me desintoxico de todo. Porque España y el pádel son mi profesión, pero aquello es mi vida.

«En mi pueblo me desintoxico de todo. Allí soy el hijo de la maestra y del empleado de banca. España y el pádel son mi profesión, pero aquello es mi vida»

¿Y ha imaginado alguna vez cómo sería su vida como futbolista?

Mi sueño como futbolista no era muy grande. Mi única ilusión habría sido debutar con el equipo de mi pueblo en mi Primera, porque es el que llevo en el alma. Para mí es algo que el pádel me ha quitado. De ahí, no sé si habría llegado a más. No era bueno técnicamente, pero corría y perseguía al delantero por todos los lados. Era un defensa pesadísimo.

¿Cómo fue su infancia?

Fue muy feliz. Ahora duermo en muchos hoteles de cinco estrellas y demás, pero mi infancia fue muy sencilla. Mis abuelos me enseñaron a ser feliz con nada. Mire, cuando iba a visitarlos, ellos eran felices con un beso de los nietos. No les hacía falta saber ni tener nada más. Eso para mí es lo más importante.

¿Qué le habría gustado cambiar de su carrera?

Que no disfruto nada, porque estoy obsesionado con mejorar. Cuando no juegue más no me cabe duda de que lo disfrutaré un poco más. Ahora, solo puedo pensar en mejorar.

¿Qué le ha enseñado la lesión?

Cada día que me levantaba mientras estaba lesionado daba gracias de la suerte que tuve en mi carrera. Porque hasta que no paras y ves las cosas desde fuera no valoras lo bien que te ha ido.

Lloró después de ganar el Máster en diciembre. ¿Es el momento más emotivo de su carrera?

Ése y el Mundial 2004 que gané justo después de una grave operación de mi madre. Quizá este Máster más, porque está más cerca. Y sobre todo, porque al ser padre te cambia la vida. Yo siempre estoy tratando de inculcarles cosas a mis hijos, aunque parece que les entra por una oreja y les sale por la otra. Pero un día, vino mi niña, en octubre, que hacía dos meses que estaba lesionado, y me dio un papelito en el que ponía que un «Belasteguín no se rendía nunca». En el Máster, lo encontré en la bolsa entre muchas cosas que había allí y me acordé de Sofi y creo que para mí lo voy a recordar toda la vida. En mi casa no hay trofeos, los regalo todos, pero los recortes de prensa del lunes después del Máster, con el papelito de Sofi, los hemos juntado y los hemos puesto en un cuadrito porque es uno de los momentos más especiales de mi carrera. Es mi trofeo. Lo vamos a recordar toda la vida.

«Voy a trabajar para poder ver algún día al pádel en unos Juegos Olímpico, aunque yo no pueda jugar allí»

Ha empezado la temporada sin ser número uno... y sin poder alcanzar la final en los dos primeros torneos, ¿qué sensación tiene?

Mire, los últimos 17 años empecé siendo número uno, sin tener a nadie por delante y aun así encontraba la motivación para entrenarme, así que imagine ahora que tengo a siete personas mejor colocadas que yo en el ránking. Ahora tengo más ganas que nunca.

¿En qué ha cambiado el circuito en estos últimos años?

La evolución es brutal. Hay que tener en cuenta que es un deporte muy nuevo y todo lo que viene por delante es crecimiento. Es decir, 2018 fue el mejor año, pero es que seguro que 2019 será el mejor. Eso habla de lo bien que se están haciendo las cosas y también de que es un deporte muy joven. 2019 será el mejor año, seguro, pero será muy inferior a lo que veremos en cinco o diez años.

¿Por dónde debe ir la evolución?

En que los jugadores sean cada vez más profesionales y los medios sigan apoyando. Es algo fundamental que los medios sigan apostando por este deporte como están haciendo en los últimos años. Creo que todos los que estamos dentro del circuito debemos mejorar para que el producto sea más interesante cada vez.

Este verano hubo un amago de divorcio entre los jugadores y el WPT, ¿ayudan esas turbulencias?

Cuando hay tensión, siempre busco el lado positivo. Si fuéramos un deporte sin interés no habría habido posibilidad de ir hacia otro lado. Lo que tenemos que entender es que el jugador de pádel es un trabajador que hoy pertenece al World Padel Tour pero que debe estar abierto siempre a escuchar otras ofertas como ocurre en todos los trabajos. Como un periodista o cualquier otro trabajador. Claro que podemos escuchar otras ofertas. Lo veo bien, porque obligas al circuito a mejorar a marchas forzadas. Es bueno para todos que haya competencia, porque es algo que nos alimenta a todos.

¿Y en el futuro cree que el pádel estará en unos Juegos Olímpicos?

Personalmente voy a trabajar cada día para dar a conocer el pádel y ojalá que, aunque yo no juegue, pueda presenciar el pádel en unos Juegos Olímpicos. Voy a hacer lo posible para poder llevar este deporte a unos Juegos más pronto que tarde.