Mireia Belmonte, en un entrenamiento el pasado mes de febrrero - EFE / Vídeo: 2019 es el año de Mireia Belmonte
Natación | Mundial

El enigma Mireia Belmonte

La nadadora acude al Mundial con menos preparación y marcas que años anteriores

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Siempre, por estas fechas, el verano toma el nombre de Mireia Belmonte. Es ella la que ilumina las tardes con sus potentes brazadas y sus siempre más difíciles logros. Pero este es un verano raro para ella. Las lesiones y un parón mental la obligaron a comenzar los entrenamientos algo más tarde de lo habitual. Y sin grandes resultados en esta temporada atípica hacen que su estado de forma en el Mundial de Gwangju (desde hoy y hasta el domingo 28, la natación) sea una incógnita que desvelará mañana.

Sin duda acude con la misma hambre de triunfos de siempre. Mucho más si añadimos que esta cita es la antesala de los Juegos Olímpicos y las estrategias ya comienzan a perfilarse con vistas a Tokio. Acepta su equipo, liderado por su entrenador Fred Vergnoux, que quizá llegue algo escasa de horas, pero en la mejor forma posible. Y con esa ambición de dejarse hasta el último aliento hasta que no toque la pared, como siempre, saltará al agua todos los días de esta semana. Como siempre. A por todo. Seis pruebas: 400 libres, 200 estilos, 1.500, 200 mariposa, 800 y 400 estilos. Una barbaridad que solo aceptan los elegidos.

Pero sabe ella y sabe su entrenador que las medallas se ganan en el día a día, no en la carrera final. Y en este curso, la temporada de Belmonte no ha sido todo lo redonda que ha sido otros años. Porque unos vértigos le impidieron disputar el Europeo de Glasgow el pasado verano y la obligaron a un descanso inusual en ella; y un problema en el tobillo la dejó sin Mundial de piscina corta en Hangzhou (China), en diciembre. En mayo, unas anginas la apartaron de la cita de Budapest. Demasiadas señales de un cuerpo que cumple 29 años en noviembre y que no ha podido poner en marcha con regularidad hasta enero. Demasiado parón para un deporte en el que una milésima es fundamental.

Sin grandes referencias

Su preparación ha sido similar a la de otros años, siempre al máximo de la exigencia, con diferentes deportes para activar diferentes músculos que puedan complementarse de maravilla en el agua. En un día «normal», no es difícil que su agenda cumpla con dos horas y media de natación, una hora y cuarto de boxeo, una hora de halterofilia, otras dos horas de natación… También ha añadido esquí, carreras de montaña o crossfit. Con paradas obligatorias y prolongadas en Sierra Nevada y Font Romeu para ganar glóbulos rojos y adaptarse a diferentes alturas y condiciones.

No ha firmado grandes récords ni tiempos que puedan verificar su estado de forma. Cumplió con los trámites de los campeonatos de España que dan las mínimas mundiales y abrochó un récord en 800 en Marsella que pronto vio superado. Sí que ha cosechado, como parte de su preparación, buenos números y sensaciones en largas distancias, y no tanto en cortas. Algunas de las competiciones en las que otros años ya sumaba alegrías, en este las ha utilizado como un entrenamiento más, más exigente por el ritmo de las rivales, para la cita importante.

Sin embargo, hablamos de Mireia Belmonte, de quien no se puede dudar nunca porque siempre, al final de las brazadas, tiene esa capacidad de superación impropia en los mortales pero que en ella es parte de su ADN. Llegue o no algo corta de preparación a Gwangju, su mentalidad ganadora es un plus que pocas nadadoras más tienen. Y siempre, desde aquella eclosión en los Juegos de Londres de 2012, ha sabido responder con éxito en los grandes momentos. En su objetivo, igualar, al menos las tres medallas de hace dos años en Budapest (un oro y dos platas).

Antesala de los Juegos

No le gusta acudir a las competiciones solo por probar, menos aún verlas por la televisión. Cumplirá esta semana un calendario cargado de pruebas, como siempre. Así es como gestiona su hambre y su punto de partida para con las rivales, que sí han seguido limando esas pequeñas diferencias entre la cuarta plaza y el podio, entre la plata y el oro, mientras ella lidiaba con vértigos y mareos en una estancia en casa más larga de la deseada.

Es consciente de que este Mundial es la antesala de los Juegos y más de una vez ha reconocido creer en la frase de que quien gana medalla en estas citas, atrapa también metal en las olímpicas. Y tiene esa capacidad única de revertir una mala carrera para convertirla en una alegría con esos ajustes casi invisibles que pule en los entrenamientos con Vergnoux y subraya en los momentos clave. Esa última brazada que le hace ganar por cabeza lo que no ha podido alcanzar con el entrenamiento. Hoy, la versión 2019 de Mireia Belmonte desvela su misterio.

También comienzan la competición a partir de hoy Marina García (200 braza), Jimena Pérez (1.500, 800 y 400 estilos), Jessica Vall (50, 100 y 200 braza), África Zamorano (100 y 200 espalda), Lidón Muñoz (50 y 100 libres), Hugo González (100 y 200 espalda, 200 estilos), Juan F. Segura (50 libre y 50 espalda) y Joan Lluís Pons (200 mariposa y 400 estilo).