El efecto Figo y el «otro» Athletic

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Cada partido tiene sus condicionantes y el de ayer en San Mamés estaba marcado por la goleada del Camp Nou y la ausencia de Figo. Ambas premisas condicionaron a los dos equipos. El Athletic confirmó lo que todos sabemos. Que tiene dos caras. La careta que saca en San Mamés impresiona al enemigo por su simple gesto de agresividad. Con ella es capaz de ganar a cualquiera, incluso al líder. La que se pone con más miedo que prudencia cuando juega fuera es la que le conduce a descalabros como el del sábado anterior.

El Madrid acusó mucho más de lo que cabía esperar la ausencia de Figo. No es cuestión de proclamar ya que sea insustituible, pero es verdad que sin el portugués el equipo no juega igual. Algo por otra parte trivial porque no existe un doble de Figo. Está tan acostumbrado el Madrid a su presencia activa en el juego colectivo que cuando no está parece que son diez y no once.

Lo que más se echó de menos ayer fue su presencia física como tal. Figo entra tanto en juego a lo largo de un partido, participa de tal manera en las acciones ofensivas que ayer sus compañeros no sabían a quien darle ese balón que él siempre baja a recibir para que haga con él lo que le venga en gana.

Por encima de todo faltó eso, un hombre que se responsabilizara de echarse a sus hombros la remontada, o lo que es lo mismo, el que siempre encara y desborda, el individuo que alterna la conducción del balón en jugada individual hasta el área contraria con el pase preciso desde la banda. Raúl fue quien más le echó de menos. Pero también Guti. Y en la última media hora hasta Morientes.

Enrique ORTEGO