Luka Modric, capitán de la selección croata de fútbol, durante el Mundial de Rusia
Luka Modric, capitán de la selección croata de fútbol, durante el Mundial de Rusia - EFE

DeporteCroacia, la pequeña gran potencia

El país balcánico, de cuatro millones de habitantes, tiene medallas olímpicas y mundialistas en baloncesto, fútbol, balonmano y waterpolo entre otras

MadridActualizado:

¿Se imaginan a la Comunidad Valenciana quedando segunda en un mundial de fútbol? ¿O a Aragón compitiendo contra el Dream Team de Michael Jordan en la final de Barcelona 92? Croacia, un país con los habitantes de la primera y la extensión la segunda, ha logrado eso y más.

Impresiona el hecho de pensar que un país con cuatro millones de habitantes y 27 años de historia ha sido capaz de tanto. Plata y bronce mundialista en fútbol, plata olímpica en baloncesto, dos oros olímpicos en balonmano y dos mundiales ganados en waterpolo, entre otros hitos. Son una pequeña gran potencia. Y no solo ganan en los deportes colectivos: pueden presumir de dos bronces olímpicos en tenis, oros en atletismo, en tiro... Y las mismas medallas que Portugal, Argentina y México juntas en Rio 2016.

Sí, Yugoslavia fue un portento. Nadie puede discutirlo. Quizá tenga que ver con la politización que los países del este, al igual que la URSS o la República Democrática Alemana, le daban a sus deportes, probablemente el único apartado en el que podían equipararse a occidente. Quizá con la genética, ya que en la zona de los Alpes Dináricos (que se extiende por todo el territorio que cubría esta antigua república) los hombres «crecen» una media de 1,81m. Lo que es seguro es que, tras su disolución, valores como la pasión por el deporte, la competitividad y el ánimo de representar a su país quedaron impregnados en todos ellos.

La independencia no fue tarea fácil. En mayo de 1991 se convocó un referéndum para desanexionarse de Yugoslavia. Los croatas lo tenían decidido: 93% a favor. Tras esto, guerra civil durante cuatro años.

La Comunidad Económica Europea y Naciones Unidas reconocieron a Croacia como país en 1992. Los 39 atletas que acudieron pocos meses después a Barcelona 92 bajo su bandera se preocuparon de que el mundo también lo hiciese. «El deporte fue la forma más rápida y efectiva de situarnos en el mapa», contaba Sven Domitrovic, un croata que lleva siguiendo a sus equipos nacionales desde hace más de dos décadas.

El deporte no paró con la guerra. Croacia ganó durante esta, además de tres medallas olímpicas, dos bronces europeos y uno mundialista en baloncesto, una plata mundialista y otro bronce europeo en balonmano. «Los éxitos tras la independencia saben mejor», comenta a ABC Mr. Perica Bukic, exjugador de waterpolo, ganador de medallas olímpicas con Yugoslavia y Croacia. «No hay mayor reto y honor que defender los colores de tu país. Ganar un campeonato del mundo o unos juegos olímpicos es inigualable», recuerda con una sonrisa.

País con tradición

Niños de poco más de diez años, como Luka Modric o Mario Mandzukic, vieron a Davor Suker llevar a Croacia a ser tercera en el mundial de Francia 98. A otros críos, Dario Saric o Bojan Bogdanovic entre ellos, les tuvieron que contar cómo Toni Kukoc y Drazen Petrovic luchaban de tú a tú contra Michael Jordan y Magic Johnson. «Todos queríamos ser Suker, Petrovic, Patrik Cavar (balonmano) o Dubravko Simenc (waterpolo), ansiábamos representar a nuestro país y convertirnos en héroes, como ellos», añoraba Sven.

«La tradición heredada de Yugoslavia, la motivación por imitar a nuestras estrellas y los numerosos éxitos que llegaron fueron clave para la generación actual», comentó. La cultura del deporte y el ansia por mostrarse al mundo están por encima de un apoyo institucional que «solo cubre nuestras necesidades», cuenta Perica Bukic en calidad de director ejecutivo de la federación croata de waterpolo, su actual puesto. «No hay suficiente inversión, el deporte merece mucho más».

Los chavales sacan balones de debajo de las piedras para retar al primero que pase; sustituyen táctica por imaginación -algo que a Perisic o a Rakitic no les falta-. Ya aprenderán más adelante.

En los bares se habla de fútbol. O de waterpolo. O de baloncesto. Cualquier deporte con una competición en activo es motivo de charla. Pero solo si participa su selección. «Las competiciones domésticas no crean tanta expectación. Nuestros clubes no tienen el mismo potencial económico que el resto de Europa, así que los mejores jugadores salen pronto del país», sopesa Sven Domitrovic. Los Mateo Kovacic o Mario Hezonja emigran jóvenes. Pasa en todas las disciplinas salvo en waterpolo, donde mantienen una de las mejores ligas del mundo gracias a los éxitos de su país -el oro en Londres 2012, la plata en Río 2016 o el oro en el mundial 2017-.

Y todo esto comenzó con un Croacia - Estados Unidos de fútbol en 1990. Sí, antes de ser un país independiente. Fue la primera vez que los croatas se mostraron al mundo como croatas. La primera vez que un partido paraba el país. «¿Cuándo te sientes orgulloso de ser croata? ¿Qué es lo único que nos une a todos? La respuesta es, por supuesto, el deporte», celebra Sven.