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El cuerpo de Blanca Fernández Ochoa no tenía signos aparentes de haber sufrido una caída

La familia ha reconocido la ropa de la deportista hallada en Collado del Rey; junto al cadáver estaba su mochila y el ticket de la compra en el súper del día 24

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Blanca Fernández Ochoa: hallan pastillas y una botella de vino junto a su cadáver

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Ni el mar ni la montaña devuelven siempre a sus víctimas. Y eso se temía en el caso de Blanca Fernández Ochoa con el paso de los días. Ayer, sobre las doce y media de la mañana, un sargento del Servicio Cinológico de la Guardia Civil, libre de servicio, acompañado de un amigo y de su perra ( Xena), hallaron el cadáver de la exesquiadora, de 56 años. El animal olió el rastro en la zona de Collado del Rey, un paraje en un alto que conduce al pico de La Peñota, a una hora y media de caminata del lugar en el que Blanca dejó estacionado su coche en Las Dehesas de Cercedilla. Estaba junto a un pinos y unas rocas, a unos 1.600-1.700 metros de altitud, y desde la senda no se veía el cuerpo. El acceso no es fácil, son veredas escarpadas salpicadas de piedras y vegetación de alta montaña.

El avanzado estado de descomposición -«estaba irreconocible», según quienes pudieron acceder al lugar- hace imposible que, a simple vista, se pueda precisar la causa de la muerte, pero según estas fuentes no tenía signos aparentes de haber sufrido una caída. El lugar en el que se encontró y la posición abonan esta hipótesis.

A expensas de que la autopsia determine la causa y la data del fallecimiento, los investigadores barajan que o bien pudo sobrevenirle la muerte por causas naturales o bien pudo tener un componente de voluntariedad. Pero admiten que hasta que los forenses no acaben su trabajo tampoco puede descartarse por completo una causa accidental e insisten en el mal estado del cadáver.

El cuerpo, sometido a altas temperaturas en los últimos días y a tormentas y cambios bruscos, indica también a priori que Fernández Ochoa probablemente murió en las horas siguientes a su desaparición, producida once días antes. La última vez que se la vio con vida fue el día 24 de agosto, cuando compró una porción de queso en el Hipercor de Pozuelo, entre la una y las dos de la tarde. En las últimas horas, en medio de una marea de colaboración ciudadana, un vecino de la zona contó a la Policía que la había visto entre el 24 y el 25 en la plaza del pueblo de Cercedilla y que le explicó que se dirigía a La Peñota. La familia, tras el mazazo de la noticia, identificó las ropas de la medallista olímpica. Junto a ella había una pequeña mochila tipo bandolera y no llevaba saco de dormir, como se había especulado. En el interior de la mochila conservaba el ticket de compra del Hipercor.

Un guía y su perra

La Peñota, en el límite con Segovia, y la zona de Collado del Rey, no se había inspeccionado. No se sabía que Blanca pensaba dirigirse a esa zona hasta la información recibida en las últimas horas. Ayer, cuando se cumplía el tercer día de búsqueda intensiva, estaba previsto acometer ese pico por la tarde.

Por la mañana el Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS) de la Guardia Civil se había sumado al dispositivo para inspeccionar las masas de agua del entorno de Cercedilla con lanchas y con motos de agua por si la deportista hubiera sufrido alguna caída o desvanecimiento. Se iban a centrar en el embalse de Navalmedio y el de Berceas. Sin embargo, todos los planes dieron un giro inesperado y trágico.

Fue cuando el sargento Francisco Borrego, guía de Drogas del Servicio Cinológico, se dirigió desde Los Molinos con un amigo suyo y la perra Xena hacia allí, como voluntarios, ya que ambos conocen bien esa ruta. A la altura de Collado del Rey, el animal, una pastora checa de tres años que se quedó con su guía cuando la descartaron para el servicio, dio con la pista de Blanca Fernández. Echó a correr, se salió del camino y se dirigió al cuerpo. Eran las doce y media de la mañana.

Nadie hablaba

La noticia sobresaltó a los medios de comunicación que estaban en el puesto de mando, situado en el aparcamiento de Las Dehesas, como cada jornada. Esta comenzó de forma extraña. Lola, la hermana de la exesquiadora, el clon de Blanca, que siempre iba caminando y hablaba con los medios de comunicación, subió por la carretera a bordo de un vehículo policial, esquivando a los periodistas. Adrián Federighi, su marido y portavoz de la familia, que permaneció desde el lunes junto a los informadores, estuvo ausente.

El alcalde de Cercedilla no quiso hacer declaraciones. Nadie hablaba. Se barruntaba que algo sucedía. Al mediodía, los portavoces policiales anunciaron que los responsables del dispositivo de búsqueda iban a dar una rueda de prensa. La expectación creció, pero el resultado fue frustrante. Lo único relevante fue que se había hallado una pista en el coche de la medallista que estaban siguiendo, pero, obviamente no podían revelar. No había certezas de nada. De que estuviera en Siete Picos. De que saliera sola o acompañada.... La hipótesis no variaba: se trataba de una desaparición voluntaria.

A las tres de la tarde, su hermana Lola, hecha un mar de lágrimas y rodeada de otros hermanos, hijos y cuñados bajó al puesto de mando. Las emociones pugnaban por desbordarse. La hija de Blanca, Olivia, de 21 años, llegó corriendo desde la concentración con la selección española de rugby en Granada y se fundió en un abrazo con el grupo. Luego, se encaminaron al único bar situado en el aparcamiento. Hasta ahí acudieron psicólogos del Summa para atender a los allegados de la exesquiadora. Uno de ellos fue el hijo de la fallecida, David, de 20 años.

La delegada del Gobierno, Paz García Vera, no confirmó que el cuerpo hallado fuese el de la medallista hasta que no lo determinen los forenses. Los hechos hablan por sí solos porque el dispositivo de búsqueda quedó paralizado. El consejero de Justicia, Interior y Víctimas, Enrique López, apeló a la responsabilidad de los medios para no especular sobre las causas de la muerte.

Agentes de Policía Científica realizaron la inspección ocular. Sobre las seis de la tarde, el juez ordenó el levantamiento del cadáver, que fue bajado en helicóptero desde Collado del Rey y trasladado al Instituto Anatómico Forense. «La familia no ha identificado aún el cadáver. Ojalá que no sea Blanca. Nos aferramos a esa esperancita. Esperamos la confirmación oficial. Todos los indicios apuntan a que es ella. Ojalá que no lo sea. De serlo, Blanca está junto a la montaña que tanto amaba», explicó nervioso el cuñado de la infortunada.