Cólera sindical en Mercedes

JOSÉ CARLOS J. CARABIAS | MADRID
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El supremo del tinglado, Bernie Ecclestone, se declara feliz por la vuelta de Michael Schumacher a los altares de la Fórmula 1. «Es fantástico que regrese con el espíritu de un niño», manifiesta mientras se relame por las audiencias televisivas con cuatro campeones del mundo (el alemán, Alonso, Hamilton y Button) el 14 de marzo en Bahrein. Pero en Alemania no es todo dicha. El comité de empresa de Mercedes-Benz ha montado en cólera.

Según las estimaciones de la Prensa germana, Schumacher va a percibir siete millones anuales por cada una de sus tres temporadas de contrato, hasta las 44 primaveras. Una nómina inaceptable para los trabajadores de la filial del grupo Daimler, que han visto recortadas sus prestaciones a lo largo de este año marcado por la crisis.

«Es difícil que a la gente se la pueda engañar más veces y para muchos de nuestros colegas, es ya imposible», declaró ayer el presidente del comité de empresa de la compañía, Uwe Werner, al periódico Frankfurter Rundschau.

En los ámbitos mediáticos, motoriles y del gran público, el retorno de Schumacher se ha saludado con un enorme entusiasmo. Se habla y no se para de la aspiración a ganar un octavo título, de la influencia que tendrá en los patrocinadores, las televisiones y las audiencias, de la reactivación de la F-1 en suelo alemán.

«Es un regreso dictado por la pasión, porque lo tiene todo para perder», cuentan los medios de comunicación locales.

En las factorías de Mercedes tienen otra visión de la jugada. «El personal había entendido que Mercedes había abandonado la Fórmula 1», dice Werner.

El desacuerdo se ha extendido a otros ámbitos. Ferdinand Dudenhöffer, de la Universidad de Duisburgo, aseguró que «Mercedes es un grupo donde el carácter deportivo no es el primer valor, sino la seguridad y la calidad».