Jugadores del Cisneros en el partido jugado este sábado ante el Alcobendas
Jugadores del Cisneros en el partido jugado este sábado ante el Alcobendas - Belén Díaz
Rugby

Cisneros, pura filosofía de rugby

En su 75 aniversario, el club madrileño vive un momento dorado gracias a su gran compromiso social y deportivo

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Desde que en 1943 se creara el Colegio Mayor Cisneros, para dar cobertura a los estudiantes de la Universidad Complutense, el rugby pasó a formar parte de sus señas de identidad. El balón oval se convirtió en el referente de la institución y las sucesivas generaciones de colegiales en ejemplo de entrega y amor por unos colores. A lo largo de sus 75 años de historia han pasado por todo tipo de vicisitudes, pero siempre con la mirada puesta en defender y potenciar los valores de este deporte. Así, el primer equipo fue uno de los fundadores de la Liga Nacional en 1969 y luego, cuando se creó la División de Honor, en 1982, se fundaron los primeros equipos de cantera.

Desde 1992 las mujeres se incorporaron a la actividad y, gracias a que se constituyeron la Escuela (2003), la Fundación (2008) y la Academia Cisneros (en 2009), hoy en día cuentan con seiscientos jugadores de todas las categorías y siete equipos senior de todo nivel. «A pesar de ser uno de los equipos que más tiempo lleva en la élite nacional, nuestra filosofía sigue siendo amateur y muy de desarrollar jugadores y de ayudarlos en lo profesional y en lo personal. Y estamos muy orgullosos de ello», comenta Gonzalo Barbadillo, el actual presidente.

Dos aficionados del Cisneros
Dos aficionados del Cisneros- B. Díaz

La peculiaridad del club es que siempre ha estado vinculado al ámbito universitario y que esa idea no se pierde, como reconoce Iñaki Hidalgo, delegado de rugby en el Rectorado. «El club es Complutense desde su nacimiento, el Colegio es nuestro, y para nosotros es un valor estratégico muy importante. Por eso les ayudamos todo lo que podemos para conseguir que los jugadores se integren y se sientan a gusto con el proyecto». Estos apoyos se concretan en becas de estudios y de alojamiento y en la cesión de las instalaciones para entrenamientos y partidos. Además, las propias Facultades también acaban siendo un semillero de vocaciones, ya que hay catorce equipos femeninos y doce masculinos que tienen como referencia a sus compañeros del Cisneros.

El problema que se presenta en el mundo del deporte actual es que se busca una profesionalización cada vez mayor, pero los recursos no siempre van parejos. «Es complicado atraer talento cuando no hay muchos recursos -indica Daniel Vinuesa, el director deportivo- porque nosotros no apostamos por fichar extranjeros solo por dar más espectáculo. Creemos en nuestra filosofía de ser todavía un club amateur universitario y en defender nuestros valores de toda la vida».

Una gran familia

Lo que está claro es que quien entra en el Cisneros, ya no se marcha nunca. Así lo reconoce Paco Quintans, que empezó a jugar con catorce años en los años 80 y aún mantiene vivo el espíritu de las franjas azules. «Aunque ahora vivo en Guadalajara y entreno a chavales de allí, siempre que puedo intento volver a este campo, donde somos todos amigos».

Con motivo del partido que ayer les enfrentó al Alcobendas, las gradas del Central se nutrieron de familias enteras de rugbistas, como la de Nico Marina, que juega en la categoría sub 10 y no se pierde un partido de los mayores. «El rugby me encanta, también mis padres y mi abuelo jugaron aquí y yo no me marcharía nunca a otro club», reconoce con una sonrisa. Lógicamente, en función de la edad, cada uno va viviendo los partidos a su manera y los que son un poco mayores ya han creado su propio grupo de apoyo, una «Demencia» al estilo de la que anima siempre al Estudiantes de baloncesto. Tobías Entrápaga, el líder del grupo, cuenta que «llevo doce años en el club y esta campaña nos organizamos para animar ruidosamente cada semana, tanto a los chicos como a las chicas».

Una de las que siente ese calor es Marina Bravo, internacional y colíder de la Liga Iberdrola. «La diferencia entre profesional y amateur no la marca el dinero, sino las ganas y lo que aporte cada cual al equipo. Y eso sí que nos lo tomamos muy en serio».