Richie Gray, jugador de rugby de más de dos metros
Richie Gray, jugador de rugby de más de dos metros - REUTERS
Olimpismo

Centímetros lejos de la canasta

Hace años los altos estaban destinados al baloncesto. Ahora también triunfan en rugby, tenis o golf

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En el mundo del deporte ya casi nada sorprende. Han evolucionado tanto las modalidades, los deportistas y los materiales que cuando se echa la mirada atrás a imágenes en blanco y negro cuesta asimilar que lo que se practicaba hace años es lo mismo que ahora. Pero lo que sin duda haría levantarse de sus asientos a los espectadores de otras épocas es lo que han crecido los atletas.

«España había sido habitualmente un país de bajitos -comenta Bernardino Lombao, preparador físico, atleta y entrenador- pero con el cambio de hábitos alimenticios en los años 50 y 60 empezamos a subir la media». Desde que participó en los Juegos Olímpicos de Roma en 1960 hasta hoy, este técnico ha estado vinculado al deporte de élite en diversas especialidades y ha visto progresar los cuerpos de los deportistas. «Antes los velocistas trabajaban la fuerza, mientras que ahora es la elasticidad y la técnica, lo que hace que portentos físicos como Usain Bolt puedan correr las distancias cortas, porque lo hacen casi sin pisar el suelo», apunta.

El deporte en España, además, llevaba un lastre propio a causa de la ausencia de cultura física en los colegios, por lo que no se fomentaban mucho otras aficiones que no fueran las típicas de fútbol, ciclismo, boxeo, natación, gimnasia o atletismo. Un momento clave fueron las primeras Operaciones Altura de baloncesto de los años 60, para captar a los chicos de mayor estatura. «En este deporte, con la canasta allá arriba, ya tenían mucho ganado con una buena talla -bromea- y luego, con el paso de los años, surgieron talentos como los de Romay o Gasol. Pero, curiosamente, este último ya tenía un configuración de superatleta moderno, porque con 14 años jugaba de base y solo fue cuestión de pulirlo».

Altos y coordinados

Todos los avances sociales y de salud de los años pasados han provocado una mejora en la raza humana. Y eso se ha reflejado en todos los deportes, no solo en el baloncesto. Ahora es habitual ver a auténticos gigantes ganarse la vida como deportistas profesionales en las más diversas facetas. Si a su envergadura se les añade la potencia y la coordinación (antes reservada para los bajitos), se llegará a conseguir auténticos hércules imbatibles.

Que en el Seis Naciones haya jugadores como el irlandés Devin Toner (2,08 m) o el escocés Richie Gray (2,07 m) da una versatilidad a sus equipos impensable hasta hace poco; que un nadador tenga una brazada y una patada acordes a su tamaño les puede hacer imbatibles, como a Aleksander Popov (1,97 m) o Michael Phelps (1,93 m); que un tenista aproveche del látigo de un brazo descomunal también es una indudable ventaja, véase el caso de Ivo Karlovic (2,11m).

La estatura, por tanto, se ha convertido en un factor más del éxito en el deporte. Aunque debe ir acompañado de otros varios, como remata Lombao. «Ahora, los jóvenes pueden decidir su camino en función de sus habilidades, cabeza, preparación, alimentación, entorno... y, sobre todo, por su talento. Por eso a mi me encanta el atletismo, porque va encajando a cada uno en la prueba que más de adapta a sus cualidades».