Bruno Hortelano
Bruno Hortelano - AFP
Atletismo | Europeo de Berlín

Bruno Hortelano luce el guante de la fe

El velocista pasó a la final de 200, corre con un manguito negro para no olvidar jamás su accidente de tráfico

Berlín Actualizado: Guardar
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Cuestión de inquietudes, Óscar Husillos se motiva con vídeos en Youtube de Michael Johnson, Usain Bolt o Wayde van Niekerk. Sueña con parecerse algún día a ellos. Bruno Hortelano busca la inspiración lejos del deporte, en personajes extraordinarios que ayudaron a la humanidad, una palabra que es de uso corriente en su vocabulario. Nelson Mandela, Isaac Newton... Otro perfil. El velocista, que ayer se clasificó con solvencia, una sonrisa y el puño en alto para la final de 200 metros con un buen registro (20.29), posee un rico mundo interior que expresa en palabras y gestos. Corre con un guante negro en su mano derecha para no olvidar nunca aquel 5 de septiembre en que, por culpa de un accidente de tráfico en la autopista A6 de Madrid, volvió a nacer.

Hace cincuenta años en los Juegos Olímpicos de México 68, dos atletas estadounidenses, Tommie Smith y John Carlos, mostraron al mundo su protesta por los derechos civiles de los negros en América levantado el puño con un guante negro al recibir sus medallas de oro y bronce, también en los 200 metros. Hortelano, tipo culto e inquieto, licenciado en ingeniería biomédica en Cornell (Estados Unidos) que pretende estudiar la carrera de Medicina y cuyos padres científicos se han pasado la vida viajando de país en país (trabajan en Kazajistán, Hortelano nació en Australia), se ha propuesto emplear los malos recuerdos como una fuente de vitalidad.

Seña de indentidad

Ayer saltó a la pista azul del estadio Olímpico de Berlín con un guante negro similar al de aquellos pioneros americanos. Lo hizo no por una superstición o por el consejo del doctor que le operó la mano derecha, Xavier Mir, para que no le dé el sol. Lo hace porque quiere que se convierta en su seña de identidad, en una parte de él mismo. «Representa mis debilidades, pero después de superar el accidente, de dos años, también representa mi fuerza», apuntó Hortelano en una reciente entrevista que concedió a ABC.

Antes de comenzar la carrera, el español se dedicó a sí mismo un instante de recogimiento, como si le pasaran en ese momento todos las vivencias y andanzas de estos dos años de recuperación. Su rival por el oro, el turco nacido en Azerbaiyán Ramiil Guliyev, se había dejado ir en la serie anterior con una sensación magnífica y un tiempo estimable (20.33).

Aguanta el dolor

Ciudadano del mundo, habitante del planeta, el velocista que ayer volvió a sentirse triunfador al ganar su ronda en la semifinal de 200 se está liberando de la pesadilla que vivió a través de su transparencia para comunicar. Hace unos días lanzó un vídeo en el que volvía a recordar. «Lo primero que pensé en el hospital después del accidente fue : ¿Qué me ha pasado en la cabeza? ¿Tengo mis piernas?».

Rafa, un enfermero del Hospital 12 de Octubre, le dijo que estaba bien, no así su mano derecha, para la que nadie se atrevía emitir un pronóstico favorable. El padre del atleta, que llegó dos días después desde Astana, escuchaba el riesgo de la amputación. El motorista accidentado que compartía habitación con el velocista español murió a consecuencia de las heridas. Hortelano asumió que debía aguantar el dolor y sobrellevar la tristeza.

El doctor Mir rehizo la mano deshecha del deportista con tejidos de su antebrazo. Una obra de arte de la cirugía. Siete horas en el quirófano. Una eterna recuperación por delante, que se ha prolongado durante más de un año y medio. «Miraba en el espejo y veía a otra persona, y con el tiempo, entré en una depresión», admite Hortelano.

Ayer en Berlín corrió con mucha propiedad, esa seguridad en sí mismo que desprende cuando se desplaza por el estadio a toda mecha. Riguroso, concienzudo, los brazos altos, la zancada larga, la velocidad innata en esas piernas y esos pulmones que han cambiado el paisaje del atletismo español. De fondistas a velocistas. Hortelano, actual campeón de Europa, pasa a la final con el segundo tiempo (el suizo Alex Wilson llegó a 20.16 y Guliyev, dicho está, se dejó ir).

El madrileño de adopción ha salido del hoyo con ayuda psicológica y su férrea voluntad. «Bruno vuelve para marcar sus límites, para superarse y, de paso, para ganar», dice ahora, henchido de su proverbial optimismo. Su inseparable guante negro le recuerda, como decía la canción de Manolo García, que solo somos levedad.