El Billy Elliot español

El Billy Elliot español

JULIÁN SÁEZ, SARA PEDROLA | SUECA (VALENCIA)
Actualizado:

«Quiero ser campeón de España de gimnasia rítmica en el próximo certamen, pero no me dejan competir». Con sólo doce años, Juan Pérez no balbucea. Tiene muy claro que quiere luchar por su reto, como el protagonista de la película «Billy Elliot», la historia de un niño al que su padre no le dejaba bailar. Pero al pequeño Juan no le dejan «subir a un tapiz con unas mazas o una cinta» en los campeonatos de España. «La gimnasia es ahora cosa de chicas» viene a decir una nueva normativa de la Federación Española. La Internacional, por su parte, tiene, según comentan fuentes federativas, «un completo vacío legal. No obstante, la semana que viene hay prevista una reunión de la Comisión Delegada de la Federación [Internacional). De ellos depende que Juan y otros niños en su misma situación puedan competir. De momento, las cosas están en «stand by»».

Por el momento, la contestación oficial no satisface a María Jesús Navarro, entrenadora del club (el Aceus de Sueca) donde hace gimnasia Juan. Tampoco a su madre. «Es inconcebible en una sociedad donde se busca la igualdad», claman.

Juan no puede disputar torneos nacionales, sin embargo, a finales de octubre participó en el VI Trofeo Internacional «Ciudad de Oviedo» (quedó sexto), una prueba que, según Tere Ribes, edil de Deportes de la ciudad, «estaba avalada por la Federación Nacional».

Fue el único chico en ese torneo, pero no es un caso aislado. Según su preparadora, «hay más de treinta niños sólo en la Comunidad Valenciana». Niños que, como él, persiguen su sueño de competir en la gimnasia rítmica. Y a su caso se une, además, el de un buen estudiante. «Toca el clarinete -dice su madre-, y va al conservatorio de música. Pero todo lo hace por la gimnasia. Esa es su verdadera pasión». Empezó por el aerobic, pero lo abandonó para enfundarse un maillot de color vivo y, sobre un tapiz, moverse a ritmo con mazas, cintas o pelotas; desde hace más de cinco años, con muchas horas de trabajo duro. Todo por un sueño que, por ahora, está a la espera de solución en unos despachos.