Atletismo y natación frenan a España

J. GÓMEZ PEÑA, ENVIADO ESPECIAL I PEKÍN.
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Las medallas hay que matizarlas. Aunque sean del mismo metal, no pesan igual. La cumbre de la selección española en Pekín ha sido la plata en baloncesto. El partido de los Juegos. El esperado por todos: el campeón del mundo frente a los mejores, los de la NBA. Un fogonazo histórico. Sólo hitos instantáneos, como los nueve segundos de Bolt, o las gestas interminables, como los ocho oros de Phelps, quedan por encima.

Ricky Rubio, Rudy Fernández y la «bomba» Navarro ocuparon el lugar que Epi tuvo hace 24 años, en la otra gran final del baloncesto español. Aquélla, ante Jordan, también fue una medalla de plata. Pero de distinto grosor.

En Los Ángeles 1984 España rascó sólo cinco podios. Era un país deportivamente irrelevante. En Pekín ha sumado 18, una menos que en Atenas´2004, aunque con más capa de oro (cinco por tres en Atenas y en Sidney). Aun así, no despega. Cuando Epi, España iba camino de la cima, de las 22 medallas de Barcelona´92 (13 oros). Ahora, 16 años después, todavía no ha podido superar esa barrera. Y vino a Pekín a eso. Objetivo incumplido, pese a sus cinco oros, diez platas y tres bronces (decimocuarto país en el medallero). Incumplido pese al fantástico broche de plata ante la NBA.

España tiene su vivero en deportes de financiación profesional: el baloncesto, el tenis y el ciclismo. Es un país de generación espontánea de talentos. Por ejemplo, Joan Llaneras, su abanderado en la ceremonia de ayer. Su líder en el medallero: dos oros y dos platas. El ciclismo de velódromo español es paupérrimo. Casi marginal. Y en ese páramo surge uno de los grandes de la historia del anillo: siete mundiales y dos títulos olímpicos. La chica de metal de la pista, Leire Olaberria, es lo mismo: ella sola, sin más apoyo que su empeño, cogió una bicicleta hace cuatro años para subirse en Pekín al podio. El ciclismo, tras la vela, es la modalidad más rentable en la historia del olimpismo español. Cinco medallas en Atenas y cuatro en Pekín, más el cuarto puesto de Contador en la contrarreloj. A barcos y bicicletas les sigue el tenis. De Arantxa a Nadal.

KO en el eje olímpico

Faltan, en cambio, los ejes de la cita olímpica: la natación, el atletismo y la gimnasia. España saca del agua medallas previstas como las de vela y las de David Cal, o emocionantes como la de K-2 de Craviotto y Pérez Rial. Y también pesca en la natación sincronizada. Es lo único que tiene en la piscina. Ahí mandan los países con pasado y esqueleto deportivo: Estados Unidos, Australia, Italia, Francia... España se ahoga.

A la gimnasia la han sostenido, en Atenas y aquí, dos deportistas que ya están practicamente jubilados. Gervasio Deferr, con su plata en suelo y sus mil lesiones a rastras. Y Almudena Cid, la «última mohicana» de la modalidad artística, que ha disputado su cuarta final olímpica, un record histórico en esta dura disciplina. Tras ellos sólo parece venir el vacío.

Algo así le pasa al veterano equipo de atletismo. La gran decepción. Llegaron 54 participantes. «El mejor conjunto de la historia», lanzó José María Odriozola, presidente de la federación. Y ninguna medalla. «No me gusta la palabra fracaso. Eso sí, estoy decepcionado. Teníamos la ilusión de igualar a Barcelona´92», dice. Sólo María Vasco, en marcha, tuvo opciones de metal. Batió el récord de España y ni así. Marta Domínguez se trompicó en la última valla. Y «Paquillo» falló. A cero el casillero. Desde los Juegos de Seúl 1988 no sucedía algo así. Antes, a España la habían consolado el marchador Jordi Llopart, en Moscú´80, y el cántabro Abascal (1.500 metros) en Los Ángeles´84. Sólo hubo sequía total en Seúl. Y ahora en Pekín.

Envejece el atletismo

En Barcelona´92, los «Juegos referencia», Fermín Cacho y el marchador Daniel Plaza fueron de oro; el decatleta Peñalver, de plata, y el pertiguista García Chico, de bronce. Hace cuatro años, ya sólo quedó la plata de «Paquillo». En Pekín, ni eso. Por consolarse, Odriozola tira del número de finalistas: «Más que nunca, once». Pero es una estadística ajena al medallero. Y lo peor: la selección tiene arrugas. Es mayor. Está a la espera de un relevo que se demora.

España luce en la pasarela del deporte profesional. Copa la moda: el número uno de Nadal, la final de la NBA con Gasol, el Giro con Contador, el Tour con él y con Sastre, los tres mundiales de Freire, los dos de Fernando Alonso, las motos... Cada fin de semana hay disculpas de sobra para sentarse a pedalear, lanzar triples, pegar un volantazo o darle a la bola con el mando a distancia. Cualquier cosa menos correr en un estadio, colgarse de las anillas o darse un chapuzón. Las tres alergias que fastidian al saludable deporte español. Al de Nadal, Samuel Sánchez o los chicos del baloncesto que ayer tutearon a las estrellas aplicadas de la NBA. Un salto enorme desde aquella final de Epi ante Jordan en 1984. Salvo para correr y nadar.