Campeonato de Europa de AtletismoLa inesperada alegría de Carro

El atleta madrileño del barrio de Suanzes consigue la medalla de plata en los 3.000 metros obstáculos en memoria de su hermano fallecido

Enviado especial a BerlínActualizado:

Llueve como si no hubiera mañana en el estadio Olímpico y Berlín se refresca de los calores que convierten los metros, los autobuses y las calles en cocederos humanos donde se liberan toxinas y despliegan abanicos con desesperación. Suena «Cantando bajo la lluvia» en una noche que ha cruzado en el tiempo y en el ánimo las ilusiones y expectativas del equipo español. Era el gran día de Bruno Hortelano, el velocista llamado a invertir la tendencia en el atletismo ibérico, y en la desilusión de su cuarto puesto, asomó el momento de júbilo de un atleta medio desconocido, popular, criado en un barrio a las afueras de Madrid, Fernando Carro, medalla de plata en la siempre seductora y diferente prueba de 3.000 metros obstáculos.

Hortelano despliega su optimismo recalcitrante ante los periodistas mientras comparece Fernando Carro, 26 años, melena lacia y morena, medio torso desnudo, tatuajes de dragones en el pecho y los brazos, y una sonrisa que llega a la Puerta de Brandeburgo.

Es la estrella de la noche y saluda como si acabase de llegar al bar de la esquina en un mañana de cañas. Cercano y cordial, se planta ante los periodistas: «Madre mía, sois tantos que me abrumáis»,

Acaba de conquistar la plata en una modalidad de tradición africana, casi siempre gobernada por los atletas de Kenia y sus insuperables pulmones criados en el Valle del Rift. Carro es de Suanzes, distrito de Canillejas, antiguo pueblo de Madrid que se incorporó a la capital después de la expansión de los años ochenta.

Allí se crió y comenzó a practicar el atletismo para olvidar una desgracia. Su hermano pequeño falleció cuando tenía siete años de edad, y el otro hermano mayor empezó a salir a correr con los chicos de la escuela de Suanzes para no castigarse con el recuerdo del familiar muerto. Fernando Carro se grapó a ese vagón del atletismo cuando era un niño y el destino le ha traído hasta esta plata de Berlín.

«Se lo dedico a los atletas que trabajan en las escuelas populares, que nos hacen tanta falta al atletismo», sentenció cantarín después de la prueba.

Todo salió como esperaba el atleta madrileño. Una carrera sin altibajos, limpia de codazos y escaramuzas, sin el juego de los antebrazos que suele desnutrir las pruebas lentas de 3.000 obstáculos, su majestuoso paso por la ría, el inconveniente de las vallas altas, la fascinación de una modalidad diferente que, efectivamente, parece ideada para los africanos por su perfil salvaje e indómito.

Carro tiene algo de ese estilo. Le gustan las motos antiguas, los tatuajes por todo el cuerpo, la sensación de libertad. «No tengo ningún antecedente en mi familia dedicado al atletismo. Soy un alma libre. Las circunstancias de mi familia me llevaron al atletismo. No hay más», profundizó.

La carrera fue más o menos rápida, aunque nadie quiso asumir responsabilidades en el primer kilómetro. Luego sí. El italiano de origen africano Yohanes Chiapinelli dio gas al asunto y el pelotón se aceleró en el segundo kilómetro. «Siiiiiiuuuuu», gritó el italiano delante de los periodistas como si fuera Cristiano Ronaldo. Al separar la paja del grano, él se agenció el bronce.

«Fue la carrera que yo quería, porque así pude desplegar el plan pensado y mi técnica como atleta», dijo Carro.

La última vuelta

El francés de origen marroquí Mahiedine Mekhissi se lanzó desaforado a por la victoria en la última vuelta y Carro se blindó detrás de él en un cambio de ritmo imponente, como si se hubiera reencarnado en Domingo Ramón o Sánchez Vargas, históricos españoles del 3.000 obstáculos que tienen en Carro un digno sucesor.

«A 300 metros de la meta ya sabía que no me pasaban ni locos -analizó el madrileño-. Estaba seguro y con fuerzas para irme a por la plata».

En los últimos doscientos metros, con el italiano chillón pisándole los talones, Carro se hizo fuerte y aceleró por su hermano fallecido, por su club de atletismo en el barrio y por su familia. «La posguerra fue muy dura en mi casa y estas cosas no se olvidan», desveló sin abandonar la sonrisa en el rostro.

Aún tuvo ambición de ir a por el francés, conexión incompleta en la recta de meta, pero el premio de la medalla de plata alegra a la delegación española.