El último encuentro liguero entre ambos equipos fue en diciembre./ Archivo
El último encuentro liguero entre ambos equipos fue en diciembre./ Archivo

Athletic y Sporting se juegan la semifinal en el Molinón

El duelo entre los conjuntos que representan las raíces norteñas del fútbol español se salda con un empate a cero en un partido de libro

MARTÍN LÁZARO |
BILBAOActualizado:

El duelo entre los conjuntos que representan las raíces norteñas del fútbol español se saldó con un empate a cero en un partido de libro, con tensión hasta el final, abundancia del juego por alto, brega y aroma de tiempos pasados. Sin excesiva belleza, pero con una intensidad envidiable hasta el pitido final, Athletic y Sporting se midieron con dos ideas bien distintas: Caparrós, apelando a sus titulares y exprimiéndolos hasta el final, y Preciado rotando los jugadores y dando minutos a chavales valiosos pero muy jóvenes. El técnico de los asturianos ganó por los puntos, pero la eliminatoria se queda completamente abierta tras un choque de ida y vuelta, trabajado y, sobre todo, clásico.

La dinámica en la que pronto entró el partido fue la de un Sporting envalentonado y veloz contra un Athletic disidente del juego exhibido en los últimos encuentros, marcados por la presión, las entradas por las bandas y el dominio en la medular. Sólo la confianza en Fernando Llorente y algunos detalles de Iraola vertebraban a los de Caparrós, muy poco ambiciosos en la primera mitad. Esa confianza desapareció cuando el ariete riojano 'robó' un penalti a los centrales del Sporting para, inmediatamente después, marrarlo al buscar la escuadra. El yerro puso la puntilla al ya de por sí escaso equilibrio bilbaíno y espoleó a los visitantes, que encadenaron un trallazo de Lora, un remate fallido del gaditano desde dentro del área y una falta botada por Barral que acabó con un paradón de Iraizoz.

Los asturianos, sin embargo, no supieron mantener el impulso rematador y el empuje de la primera mitad. El Athletic, sin llegar a enhebrar un buen fútbol, por lo menos sí que consiguió asustar a Sergio Sánchez con un par de cabezazos de Fernando Llorente. Pero el Athletic no disponía de pólvora suficiente. El partido, entonces, comenzó a mudarse hacia lo táctico, hacia lo industrial: brega, balones divididos e intentonas a balón parado. El miedo a perder comba en la eliminatoria superó a las ansias iniciales del Sporting y al arreón momentáneo del Athletic en la segunda mitad, lo que deja el encuentro completamente abierto para la vuelta en El Molinón.