Khabib Nurmagomedov se bate en duelo contra un osezno a la edad de 8 años
Khabib Nurmagomedov se bate en duelo contra un osezno a la edad de 8 años

Artes Marciales MixtasKhabib Nurmagomedov, el luchador que se entrenaba contra oseznos con solo 8 años

El ruso, verdugo del mediático Conor McGregor, modeló su talento para la lucha de una forma muy peculiar

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Antes de perder la cabeza y originar una vergonzosa trifulca en torno al octógono del 'T-Mobile Arena' de Las Vegas, Khabib Nurmagomedov se apuntó una nueva victoria en su inmaculado currículo deportivo en las artes marciales mixtas (MMA), en el que acumula ya 27 victorias, 11 de ellas en la Ultimate Fighting Championship (UFC). Esta vez, además, logró imponerse ante el mediático irlandés Conor McGregor, dominador de esta especialidad hasta hace dos años, antes de que desviase su atención a la recompensa económica de una pelea con el boxeador Floyd Mayweather Jr.

Que Khabib es un sujeto extraordinario se veía venir desde lejos. Concretamente desde el año 1997, cuando el entonces neófito deportista ruso comenzaba a dar muestras de que su capacidad y talento para lucha eran de otro planeta. Con solo 8 años, este niño nacido en 1988 en Majachkalá, capital de Daguestán, entrenaba su faceta del cuerpo a cuerpo batiéndose en duelo con oseznos de mayor tamaño que él para mejorar sus agarres y derribos, desarrollando así una fuerza sobrehumana con la que actualmente domina a todos sus oponentes de la UFC, la mayor competición de MMA del mundo. Tanto es así, que se alzó como campeón del peso ligero frente a Al Iaquinta el pasado mes de abril.

A golpe de victorias es como se ha ido forjando la leyenda de este «águila» ruso, apodo por el que se le conoce. Probablemente por su fiereza y su capacidad de fijar una presa y cazarla con precisión milimétrica. Fue su progenitor, maestro de judo y boxeo, el que le introdujo en la lucha libre y el que le buscaba estos sparring tan particulares, aunque a la postre se ha podido comprobar que su eficacia está exenta de toda duda a tenor de su impecable palmarés. Khabib, además de tener un récord invicto de 27 victorias en MMA, es campeón del mundo del arte marcial sambo y de «grappling»; además de cinturón negro de judo, y ha sido criado con una disciplina marcial que hoy en día conserva.

Corría el año 2008 cuando el peleador ruso debutó en una pelea profesional. Solo un mes más tarde, encadenó tres victorias consecutivas en un torneo soviético en el mismo día, demostrando la dureza que ya lucía desde niño, pues sus combates se decidieron a los puntos. Dos nocaut consecutivos le valieron la oportunidad de pelear en una competición selectiva de M-1, una de las organizaciones de MMA de referencia en Rusia. Allí destrozó a todos sus contendientes. Khabib no ve rivales, solo obstáculos incómodos que ha de apartar para que no le roben su sueño de crear un legado exclusivo.

En su mente sabía que el 2011 tenía que ser el año de su explosión. El de abrir las puertas del olimpo de la lucha total. Y así lo hizo. Encadenó seis victorias de forma continua, todas antes del primer asalto, en ProFC, con todo tipo de herramientas: sumisiones, golpes y derribos. Ya nada podía separarle de la elite de las MMA. Recibió la llamada de UFC. Comenzó el espectáculo. Kamal Shalorus fue su primera víctima. Luego cayeron Gleison Tibau, Thiago Tavares, Abel Trujillo y Pat Healy. En ese momento, Khabib ya era una realidad. Y tuvo su prueba de fuego con Rafael dos Anjos al que derrotó por decisión unánime. Pero le sobrevinieron su peores pesadillas, las que le han cortado en más de una ocasión las alas al águila ruso: las lesiones.

Dos años estuvo Khabib alejado de la jaula estadounidense. Tiempo suficiente para conocerse, plantearse su futuro y acordarse de aquel osezno, ese que siempre que le tumbaba lograba reponerse. Y volvió más fuerte. Venció a Darrell Horcher, Michael Johnson y, frente a Edson Barboza, logró su noveno triunfo consecutivo en la UFC y su vigésimo quinta luz verde en el casillero. Un palmarés que hizo despertar el interés de Cristiano Ronaldo, gran aficionado a este deporte y con el que mantiene una buena relación.

Después, justo antes de la mediática pelea con McGregor, llegó el título del peso ligero de UFC al vencer a Al Iaquinta. Un rival elegido después de varios descartes por diferentes motivos, aunque a Nurmagomedov siempre le dio igual quién estuviera con él en el octógono: «Si quieren traigánme a King Kong y si él puede dar los 70 kilos de peso, hagámoslo».