El ambiente y el rival no pueden achicar al Madrid, porque es mejor

ESTAMBUL. Enrique Ortego, enviado especial
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La imagen traía recuerdos. Pierluigi Collina se entrenaba en la banda, mientras el Real Madrid se ejercitaba al fondo. No era un escenario tan escelso como Old Trafford, pero a los madridistas no les importaría que se repitiera el resultado de entonces (2-3). Como en Manchester, el árbitro italiano es el juez del partido. Habrá que darle por una vez las gracias a la UEFA porque con este colegiado se garantiza que al menos no habrá intimidación por el ambiente. Ese temor que contaba ayer Irureta en ABC a propósito de que la caseta del árbitro está muy cerca de la del equipo local, se puede descartar. Y como además el Galatasaray también está contento porque ha ganado con él los dos últimos partidos que ha disputado, todos a priori están encantados de haberse conocido.

Sin embargo, aunque al Madrid le gusta el árbitro no le gustó un pelo que Collina se entrenase en el estadio al mismo tiempo que sus jugadores. Jorge Valdano se mostró sorprendido por ello e incluso llegó a llamar la atención a Graham Turner, Jefe de Prensa de la UEFA, aunque ante los medios españoles recurriese al manido «no pasa nada». Pero al club blanco no le pareció bien más que nada por una cuestión de imagen, auqello del que dirán...

EMRE, NO... PERO

La previa del encuentro ha estado marcada por los lamentos de los entrenadores sobre el estado físico de sus equipos. Del Bosque se expresó en la conferencia de Prensa en los mismos términos expuestos en ABC ayer. Y Lucescu también aprovechó la comparecencia pública para quejarse de la Federación turca, que no quiso suspender el partido del sábado contra el Besiktas. «Es como si se hubiera jugado un Madrid-Barça el pasado sábado». La estadística apunta que el «Galata» lleva un partido más (44) —25 de Liga, 15 de competiciones europeas y 4 de Copa— disputado esta temporada que el Madrid (43) —28 de Liga, 13 de competiciones europeas, 1 de la Copa Intercontinental y 1 de Copa del Rey—.

Lo que sí es fácil aventurar es que el de esta noche será un partido físico, porque los turcos siempre quieren llevar el duelo a ese terreno. Es curioso el concepto futbolístico del campeón otomano. Sus jugadores presionan como cosacos, no paran de correr en la recuperación del balón, se suben a la espalda del rival si es necesario para conseguir su objetivo, pero sin embargo cuando consiguen la iniciativa su fútbol es pausado, lento... y sobre todo previsible. Sus principales alternativas ofensivas son el balón largo a la cabeza de Jardel... y las genialidades de Hagi, que a sus 36 años todavía las tiene si se le deja un metro y un segundo. Parece —del rumano Lucescu no hay que fiarse— que no va a jugar el mejor jugador turco, Emre (20 años), no recuperado de su lesión, y que en su lugar actuará Umit, un buen futbolista también. La otra novedad del equipo es la presencia del brasileño Capone en el lateral derecho en lugar de Fatih, por la sencilla razón de que ha conseguido una buena identifación con su compatriota Jardel.

Del Bosque insistirá con su equipo titular. Nada de descanso. Está convencido de que sus hombres responderán hoy al máximo. Quiere que lleven la iniciativa del juego y exploten las deficiencias de los turcos, que las tienen sobre todo en el juego aéreo, donde sólo Popescu y Jardel dan la talla. Hierro, Helguera, Morientes, Raúl... deben meter el dedo en esa herida. Además, ni el ambiente ni la pasión turca deben prevalecer por encima del factor más importante: el Madrid es mejor equipo que el Galatasaray. En Estambul y en Madrid. Y en la Conchinchina... aunque ganaran la Supercopa en Mónaco.