Estampa que ve Contador a través de su ventana en el retiro de los Alpes
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Ciclismo

El retiro budista de Contador

Se ha aislado en el «pequeño Tíbet», al norte de Italia, para buscar su óptimo punto de forma en el Tour

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Aunque su personalidad tiende a querer quedar bien con todo el mundo, cuando Alberto Contador dice no es no. Y ha dicho no a cualquier distracción que le aparte de su plan: una tourné de tres meses para ingresar en la historia del ciclismo, ganar el Giro y el Tour el mismo año. En el cumplimiento de su hoja de ruta, el ciclista de Pinto ha decidido recluirse cual monje budista en los Dolomitas italianos. Se entrena, recupera y suda en Livigno, localidad conocida como el «pequeño Tíbet» de los Alpes.

Hasta Livigno se ha desplazado en busca de paz y soledad. Esta estación invernal es la última población italiana de la reserva de la Biosfera de Val Mustair, un lugar estratégico cerca de Bormio enclavado entre las montañas más bellas de Europa y en el cruce de caminos de Italia, Suiza y Austria. Livigno es algo parecido a Andorra: goza de un estatus de zona franca, sin sujeción a impuestos estatales tipo IVA. Por este motivo se ha convertido en un potente destino turístico: se pueden comprar productos de consumo habitual (alimentos, gasolina, alcohol) a menor coste. Por ese emplazamiento mezcla de montañas y aislamiento, en Italia se conoce a Livigno como el «pequeño Tíbet».

El ganador del Giro realizó un viaje de tres horas desde la suiza Lugano en compañía de su inseparable Jesús Hernández. El escalador representa para Contador lo que Sancho Panza a Don Quijote: escudero, compañero, ayudante o paje. Nacido en Burgohondo (Ávila) y criado en Parla (a siete kilómetros de Pinto), Hernández es el primer gregario de Contador.

Contador se ha recluido en Livigno esta semana y allí llevará a cabo un programa de entrenamientos diseñado por Steven de Jongh, el director del Tinkoff, consistente en suaves sesiones de recuperación que le sirvan para asimilar la importante carga de trabajo y de desgaste fisiológico que llevó a cabo durante el Giro.

El reto del Giro y el Tour en el mismo año ha modificado sustancialmente la planificación del ciclista. La novedad del desafío le obligó a retrasar su primer pico de forma, al contrario de otras temporadas. Antes era costumbre ver a Contador subir a los podios en la Vuelta al Algarve, la París-Niza o la Vuelta al País Vasco. Este año solo ha recogido el trofeo de una carrera: la espiral dorada del Giro de Italia.

El plan trazado por De Jongh prevé una incursión en la Route du Sud, la más floja de las tres carreras del calendario UCI que se celebran en Europa en junio. Un recorrido de cuatro etapas por los Pirineos y solo una de ellas, de alta montaña, en Bagneres de Luchon previo paso por el Bales y Val Louron, donde se encontrará a Nairo Quintana. No quiere exigirse en la Dauphine, en acción estos días con los otros favoritos del Tour (Nibali, Froome) o en la montañosa Vuelta a Suiza.

La Route du Sud le servirá para catalogar sensaciones y contrastar datos físicos. Afrontará entonces la última fase de la preparación:una concentración más corta en las mismas montañas donde ahora se ha retirado en plan budista. En Livigno o en la cercana Saint Moritz, ambas situadas por encima de los 1.800 metros de altitud.

El vencedor del Giro viajará el miércoles 1 de julio aUtrecht (Holanda), tres días antes del comienzo del Tour de Francia (4 de julio). Allí contará con un equipo nuevo respecto al que le ha escoltado en Italia y fue tan criticado. Solo el australiano Michael Rogers ha realizado el programa de preparación de Contador para correr y doblar en el Giro y en el Tour. Steven de Jongh elegirá a los otros siete tripulantes, entre los que deberían ser fijos Peter Sagan (maillot verde de la regularidad los últimos tres años) y Rafal Majka (rey de la montaña de 2014 y ganador de dos etapas).