España aprueba su primer gran examen
Entrerríos intenta un disparo ante los defensores húngaros - efe
mundial de balonmano

España aprueba su primer gran examen

Los de Valero Rivera se imponen a Hungría por 22-28

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Comenzó el verdadero Mundial para España. Hungría ya eran palabras mayores, se sabía y así se demostró en un enfrentamiento trepidante y muy físico porque las dos selecciones aspiraban al mismo objetivo: ser primeras de grupo, si Croacia lo permite.

Tan frenético comenzó el partido que antes del primer minuto Víctor Tomás ya había levantado a la grada con su gol en el ataque inicial y los húngaros habían respondido de igual manera. No se podía fallar ante los 2'08 de Nagy y una defensa que no dejaba huecos.

Las dos torres españolas, Morros y Montoro, trataron continuamente de frenar el ritmo del partido, trepidante por cuanto los húngaros no dejaban respirar a Sterbik, algo inseguro al principio, pero demostrando su experiencia y su picardía ante los disparos desde los siete metros. No obstante, la poderosa zurda de Nagy traspasó la red española demasiadas veces en la primera mitad. Si en los Juegos Olímpicos España recibió 22 goles, en los primeros 30 minutos el marcador reflejó catorce preocupantes goles en contra.

Ya a los diez minutos Hungría disfrutaba de una ventaja de dos goles que se mantuvo hasta los últimos cuatro del primer tiempo. Demasiadas habían sido las concesiones españolas que se sumaron al acierto de Tatai para que la diferencia de dos goles resultada muy difícil de remontar. Y entonces llegó Rocas. El extremo se mantuvo en la misma línea de alto nivel que ante Australia, y con una multitud de recursos en el disparo lograron la igualdad con la que se llegó al descanso.

Espoleados con una grada y un Príncipe Felipe entregados que trataron de frenar a base de gritos y aplausos los ataques húngaros, España salió enchufada en la segunda mitad y pudo ponerse por delante en el marcador gracias a un robo de balón de Víctor Tomás que terminó en gol.

Hungría se seca

La situación cambió en favor de España, que sumó dos goles de diferencia y aguantó muchos más minutos sin encajar ningún tanto. Tatai, por el lado húngaro, y un Sterbik espectacular, fueron los grandes protagonistas al erigirse en infranqueables muros. Así, si durante la primera mitad hubo más goles de los debidos, la segunda se caracterizó por la ausencia de tantos. El gran trabajo defensivo, que tanto ha hecho por los triunfos de España siguió dando muy buen resultado. Con las espaldas cubiertas, Tomás aumentó la ventaja hasta los tres goles en el meridiano de la segunda parte.

Carlos Ruesga llevó la batuta al ataque mientras Hungría pareció perderse entre las manos de Sterbik, Morros y Montoro. Frenados por la contundencia española, a la que acompañaba una afición que se divirtió de lo lindo, ni siquiera Nagy, negando continuamente con la cabeza, fue capaz de llevar al equipo hacia arriba. Tanta intensidad pusieron los de Valero Rivera en cada defensa, que el nombre de Sterbik fue coreado una decena de veces.

El objetivo está casi cumplido. El sábado, Croacia, definitivo para saber los cruces en octavos, importantísimo para la moral española. Sin embargo, la selección acepta el reto porque el examen de Hungría se ha pasado con nota.