La muerte de Rafael de Paula a los 85 años de edad ha conmocionado al mundo del toro, a quien el jerezano emocionaba con su genialidad y su singular personalidad. El diestro, para quien el sevillano Juan Belmonte era su dios, marcó un antes y ... un después en la historia de la tauromaquia como torero de arte, impredecible pero con auténtica magia en las muñecas.
Compañeros de profesión se pronuncian sobre su pérdida, acaecida este domingo 2 de noviembre en Jerez de la Frontera, su localidad natal. El ganadero Juan Pedro Domecq rememora a su abuelo y su poema 'Evocación', dedicado a Paula y recuerda al diestro como «un genio, un jerezano único. Se ha marchado el mejor cincelador de lances a la verónica». También desde la ganadería de Algarra recuerdan al torero. Aurora Algarra afirma que Paula «era místico y legendario. Se va un genio que ha marcado una historia en el mundo del toreo. Es insustituible, poseía un carisma único como torero y en su personalidad».
Pablo Aguado destaca su arte gitano, «tan desgarrador como escaso», del que fue referente y figura insustituible, mientras que Manuel Escribano y Borja Jiménez coinciden en afirmar que era un ser único. Para Escribano, «se nos ha ido un estandarte de la tauromaquia, que ha sido inspiración de todos los toreros y un ser único, que es lo más difícil», mientras que el de Espartinas confirma con pesar que »ha sido un torero irrepetible. Todos los toreros nos hemos fijado en él, en la manera en que cogía el capote y la muleta y en su forma única de expresar«. Y esa manera de torear a la verónica la destaca también Rafa Serna: «Ha sido un torero único, puro y libre hasta el final de sus días. Uno de los mejores intérpretes del toreo a la verónica».
Por su parte, Juan José Padilla, que compartía una cercana amistad con Paula, rememora cómo comenzó a verlo con 8 años en el coso de Jerez «con esa personalidad tan marcada dentro y fuera de la plaza». Padilla siente una tristeza profunda: «Me afloran los recuerdos, ha muerto la referencia por la que yo he querido ser torero. He tenido la suerte de torear con él en Jerez en una tarde histórica donde el cortó dos orejas y yo tres a una corrida de Los Guateles. No olvidaré esas conversaciones con él hablando del temple, la expresión y la naturalidad. Es un mito que deja huella».
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