El torero catalán Serafín Marín, con la bandera española a modo de capote, reivi ndica la libertad de la Fiesta delante del monumento de Colón en Barcelona - job vermeulen

«¡Mójese, señor Zapatero, que tiene a España canina!»

Indignado por la «estocada hipócrita» con la que su Parlament de Cataluña quiere pulverizar la Fiesta, pide al presidente del Gobierno que «no permita reventar aún más la lista del paro»

BARCELONA Actualizado:

«Señores diputados, ¿quieren pasar ustedes a la Historia por colgarse la medalla de la prohibición?» Es la palabra dolida de Serafín Marín, la figura de Cataluña. La pregunta retumba por el paseo de Las Ramblas, camino del monumento a Colón. En tan señero lugar, se planta con la bandera de España y ensaya una verónica. La música callada del toreo se mezcla con feroces timbales de abolición. Redoblan al fondo como tambores de guerra. Su eco funerario llega desde el Parlament.

En el santuario de la libertad, los políticos tienen en su mano llevar a la horca o quitar la soga a una Fiesta con profundas raíces catalanas. Si otrora Barcelona ejerció de padre y madre del toreo, ahora intentan dejarla huérfana de toros unos cuantos diputados sin temple y con mando en la prohibición. «Deberían pensar más en el ciudadano. Somos muchos los que nos veremos perjudicados y engrosarán aún más las listas del paro», afirma Marín. Pone nombre y apellidos a las profesiones afectadas: «No sólo estamos los toreros, nuestras cuadrillas y los apoderados. No olvidemos a los ganaderos, mayorales, veterinarios, transportistas, sastres, fisioterapeutas, carpinteros, mulilleros o al corralero... No son conscientes del daño que van a hacer. Si hay cinco millones de parados, podríamos ponerle un seis si este cáncer se extendiese por el resto de España...»

Al matador barcelonés le indigna la hipocresía política. «A ellos no les importan los animales». Apunta al morrillo de la cuestión: «Por desgracia, hemos topado con varios catalanistas que sólo buscan la independencia. Se llama Fiesta Nacional; si su nombre fuese Fiesta Catalana, no la quitaba ni uno. Cataluña quiere ser un país independiente, y eso no puede ser. Reniegan de todo lo español. Y no se dan cuenta de que los toros están muy arraigados aquí».

Consciente de que el Estatut ha removido las dunas nacionalistas, recurre a la paremiología: «Como dice el refrán, España es una y no 51... Además, muchos de los que amamos Cataluña nos sentimos españoles por encima de todo». No es sospechoso de sentimiento catalán un torero que ha paseado en la mismísima Monumental de Madrid la barretina y la senyera. «Hay que tener dos cojones para hacer eso —dice—. Si ya hay que tenerlos muy gordos para ponerse delante de un toro, yo me he plantado a pecho descubierto en Las Ventas para defender lo mío y porque soy el estandarte de Cataluña. Los hay de aquí que dicen que son de Jaén. Pues no, yo soy de Montcada i Reixac». Su valor se agiganta mientras mece la bandera del toro negro ante la atónita mirada de las gentes que pasean por el puerto barcelonés y el pestañeo de dos mossos d'esquadra, que no dan crédito a la escena, pero que nos hacen un guiño cómplice.

Toreo de Villa en el Barça

Marín evoca entonces la campaña de Ciutadans: «Hacen comparaciones significativas. Los Mossos son Cataluña, pero la Guardia Civil también; el Barça es Cataluña, pero el Español también... ¿Cuento una anécdota?» Adelante: «Me hicieron una entrevista con Víctor Valdés y el club no nos dejó sacar el capote al Camp Nou». Colea aún el triunfo de la Selección Española y la celebración torera de Villa. Ahora que el jugador salta al césped blaugrana, Serafín Marín hace una petición: «Ojalá que celebre uno de sus goles toreando. Me encantaría que Villa fuese capaz de sacar un capote. Yo le regalo uno. O veinte. Para que cada tarde salga con uno distinto».

No suelen ser los toreros «fans» de la cosa política, pero a Marín no le ha quedado otra que meterse en faena e incluso dio el do de pecho en las comparecencias en el Parlament. «Allí tuve que aguantar que Patricia Gomà (Esquerra Republicana) me llamara verdugo en mi cara». Después de escuchar los discursos de todas las cuadrillas políticas, no oculta su admiración por Albert Rivera (Ciutadans): «Me encantan sus ideas, porque es un tío que nunca ha ido a una corrida, pero que lucha por la libertad que nos quieren robar». Y añade: «Otro que la ha defendido a capa y espada es Rafael Luna (PP)». Decepción por el viraje «traicionero» del PSC: «David Pérez la ha defendido, pero me siento engañado por su partido —subraya—. Para bien o para mal, respeto a los partidos con las ideas coherentes y firmes: aplaudo a ICV, porque ni quiere corridas ni corre-bous; al PP, porque apoya la Fiesta; a Ciutadans, porque lucha por la libertad. Pero al PSC no lo aplaudo, porque está entre dos aguas, ni tampoco a CiU. ¿Esa libertad de voto para qué? ¿Para quitarse un peso de encima? ¡Pero si saben lo que van a votar!»

«La Virgen del Puño»

La desazón da paso al reclamo: «¿Qué dice el presidente del Gobierno de todo esto? El señor Zapatero se tenía que haber mojado, que tiene a España canina y reventada. Antes, con Aznar, iba todo el mundo con el taco en el bolsillo, pero ahora vamos con el cocodrilo, y cada vez que metemos la mano, nos pega un bocado».

Conocedor de los entresijos de la Fiesta, no echa balones fuera y critica la cuota de pasotismo del planeta taurino. «Esto no empezó con la ILP. Arrancó cuando quitaron las portátiles y prohibieron la entrada a los menores. Ahora han llegado al corazón. El zorro está dentro del gallinero. ¿Quién lo va a sacar de ahí?»

Desde el Portal de la Paz, Serafín Marín oye ya doblar las campanas... «Antes era muy optimista, pero ahora sé que estamos en el filo de la navaja. Lo veo oscuro». Estación zaina para la libertad: «CiU no dará el brazo a torcer. Espero que lo pague en las próximas elecciones». Y hablando de pagos, nos referimos a los 300 millones de indemnización: 42 euros por coleta. «No sé cómo le sentará al catalán soltar ese dinero por una prohibición. Porque algunos son de la “Virgen del Puño”... Hay que indemnizar a mucha gente. Yo pienso luchar para que me den hasta el último céntimo, porque la economía no está como para regalar lo que me pertenece».

Boicot al producto catalán

Serafín Marín respira, guarda silencio y clava su mirada en el puerto, como si el barco que acaba de atracar portase el esportón de sus recuerdos. «Yo amo Barcelona. Ella me ha visto crecer como hombre y como torero». Su voz se apaga. Nostalgias de tiempos en vías de extinción. Apenas un mes atrás, Serafín Marín hacía el paseíllo en «su» plaza. «Puede que haya sido el penúltimo...» Su voz enmudece. La tierra que le concedió el carnet de matador pretende fijar fecha y hora de caducidad a la Fiesta: 28 de julio, 10 de la mañana. Hoy, los aficionados clamarán por la libertad en las puertas de la Monumental barcelonesa, mientras muchos amenazan ya con un boicot a los productos catalanes...