Arturo Macías cortó la única oreja de la tarde - EFE

Pensando en Honduras

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La mayoría del público alicantino se quedó en casa, pensando en Honduras. No es que quisieran dedicarse a competir con Emmanuel Kant, ni a intentar inútilmente descifrar los abstrusos y vacuos mensajes «poéticos» de Zapatero, sino que prefirieron no salir para seguir por televisión el decisivo partido de fútbol de la selección española (así la llamábamos siempre, sin absurdos complejos) contra la hondureña.

En ninguna otra circunstancia, ni siquiera durante la lucha por la presidencia de la República de Zelaya y Micheletti, tantos españoles se han preocupado tanto por este país centroamericano.

El cartel taurino de esta tarde, además, tampoco era para tirar cohetes; ni siquiera en esta tierra, tan amante de la pirotecnia.

Los toros salmantinos de Valdefresno triunfaron en Fallas pero no en San Isidro: la corrida, bien presentada, es noble y floja, muy toreable.

El Cid está muy a gusto con su primero desde el comienzo. Destaca en verónicas, cargando la suerte, y en excelentes naturales, sin apreturas, pero el toro se raja y no lo mata a la primera.

Al cuarto, feote, que se cae antes del primer lance, lo conduce con suavidad y consigue alargar la embestida en algunos naturales estimables. Calienta al público encadenando molinetes y circulares pero vuelve a pinchar.

Matías Tejela lleva demasiado tiempo apuntando buenas maneras y sin disparar en las grandes Ferias. Al segundo, que embiste a cámara lenta, le da muchos muletazos, alguno bueno, pero demasiado forzados, con falta de naturalidad. Como anécdota, entra a matar diciendo: «Por el gol de España...» Y, después de eso, pincha.

El sobrero quinto es abanto y rajado desde el comienzo (los otros, sólo al final de la faena). Metiéndose con él, logra dominarlo, con mérito, darle todas las vueltas que quiere y una petición de oreja no atendida. A mitad de la faena ha estallado el grito triunfal, ahora en serio (antes, se había escuchado en broma): «¡Gol de España!»

Al mexicano Arturo Macías se le recibe con gran simpatía. El tercero embiste con tanta suavidad como el mejor toro mexicano, cuando no se derrumba. En el centro, hace el poste y luego, muy despacio, da muchísimos muletazos, sin especial enjundia, pero consigue un gran espadazo y la oreja. En el sexto, Macías aguanta en las gaoneras modernas, estáticas... y el toro se derrumba. Abre con los consabidos cambiados, en el centro, y alarga demasiado la faena.

El personal sale a toda velocidad para ver el segundo tiempo del España - Honduras. Para mí, en la Plaza de toros, sólo ha habido hondura en algún natural de El Cid.