Obertura en tono menor
Daniel Luque torea a la verónica al toro de Valdefresno - PALOMA AGUILAR

Obertura en tono menor

MADRID Actualizado:

Para empezar, tarde espléndida, toros decepcionantes, diestros discretos: el pan nuestro de cada día.

Todos los años, al comenzar la Feria de San Isidro, los aficionados leemos el artículo de Manuel Vicent, casi un rito primaveral. Digo «el» artículo porque se trata, básicamente, del mismo artículo: la Tauromaquia es sólo un amasijo de sangre, excrementos y basuras varias. Si uno lo ve así, es lógico que no le guste. Lo que da pena y merece compasión es ver solamente eso. Otras sensibilidades, por lo menos tan refinadas como la de Vicent, han percibido también otras cosas. Lo sentimos por él... A la habitual diatriba antitaurina ha incorporado Vicent este año un ataque a las cofradías y procesiones de Semana Santa, a las que califica: «Una morbosa exaltación de la violencia, una apología del terror...» Literalmente, así escribe. Imagino la gracia que les habrá hecho esto a los sevillanos —pocos o muchos— que lo hayan leído. Y a otros muchos que no son sevillanos, tampoco. Aunque menos gracia tiene, todavía, la legalización de Bildu... En todo caso, que nos coloquen, a los partidarios de la Fiesta, junto a los que respetan —sean cuales sean sus creencias— y admiran nuestra Semana Santa no es mala compañía.

¡Vamos a Las Ventas! Los toros de Valdefresno, nobles pero mansos, sosos, rajados, han permitido escaso lucimiento. Por muy agradecidos que estemos a Francia, no cabe elogiar hoy a Juan Bautista. Empezamos la Feria con un toro flojo: ¡qué raro! Lo torea pulcro, correcto, sin emoción; cuando baja la mano, se cae. Mata sin estrecharse. Peor está en el cuarto, manso, rebrincado, soso, sin clase. Lo dobla y se cae. Pinchazo hondo, también sin estrecharse, y un desastre con el descabello.

Además de manso, el segundo flojea. Tejela, voluntarioso, intenta sujetarlo, logra algún natural, aprovechando la querencia a tablas, pero alarga demasiado la faena. Recibe con garbo al quinto, bien armado, como todos. Aunque se cae varias veces, es el que más se deja de toda la corrida. Comienza Tejela bien la faena, consigue algún buen natural. No acaba de redondear el trasteo porque el toro se acaba rajando, pero le hace «cositas» que la gente, aburrida, agradece: intercala un pase cambiado que sorprende (ya lo hizo en Sevilla) y ajustadas bernadinas. Se alarga y no mata bien: petición insuficiente.

Llega con fuerza de Sevilla Daniel Luque y se encuentra, en el tercero, con el mismo problema de allí: ¿dónde torear a un toro que huye escandalosamente a tablas? Marcial Lalanda no dudaba: donde el toro esté más a gusto. La faena es desigual: a veces, lo sujeta; otras, se le va. Pero el toro recorre todo el redondel. El sexto parece mejor pero, en la muleta, se para, se raja. A Luque se le ve muy seguro por los dos lados.

Ya Covarrubias recogía un refrán: «Al primer tapón, zurrapa». Así hemos comenzado. Todo se queda en una obertura en tono menor. Habrá que esperar para que llegue una emocionante sinfonía.