La hora de la verdad

MADRID Actualizado: Guardar
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Acierta la empresa con el cartel de toreros: las dos revelaciones de la temporada. No acierta con los toros de Gavira: flojos, sosos, descastados; algunos, con peligro. Están a punto de hundir la tarde, a pesar de la buena disposición de los diestros, que sufren varios revolcones. El momento culminante es la estocada del quinto: Fandiño, buen matador, entra a ley: el toro lo prende, le hace girar sobre el pitón. La voltereta es impresionante, se libra de la grave cornada sólo porque Dios quiere. Cae el toro: la oreja es la justa recompensa al valor auténtico, a la verdad del toreo.

En una tarde de notable expectación, hay que agradecer el gesto de la Infanta Elena, buena aficionada, que ocupa el Palco Real con sus hijos. (¿Les hubieran dejado entrar en Barcelona, donde no lo permiten a los menores de catorce años?). David Mora le brinda el segundo toro.

Fandiño, que ha aprendido el oficio en muchas corridas duras, ha dado esta temporada el paso a las grandes Ferias y lo ha pagado ya con sangre. Es torero firme («de hierro», llamaban a los vizcaínos de su línea), pero maneja el capote con gusto y es gran estoqueador.

Se rompe el pitón en el peto el primero, sustituido por un sobrero de los Lozano, que mansea, se queda corto. Compiten los dos diestros en chicuelinas. (Lo lógico sería que el segundo eligiera otro quite). Brinda a su compañero. Torea muy asentado pero el toro se queda a mitad del muletazo; para colmo de desgracias, se rompe una pezuña. Saluda después de una gran estocada.

El tercero es flojo, manso, huido. Después de las volteretas (en plural), lo lidia Fandiño con pantalones vaqueros, como en las estampas clásicas. No da ninguna facilidad el toro. Iván, molesto por el viento, aguanta con valor pero no impone su dominio.

Bonita estampa luce el quinto pero es muy manso. Fandiño lo dobla bien, logra series muy firmes por la derecha, menos lucidas al natural. Se adorna con ceñidas manoletinas y logra la estocada de la tarde... y de muchas tardes. Como diría Fernando Villalón, faena de «torero macho», que revalida su crédito.

David Mora intenta siempre torear con clasicismo, le falta afianzar su técnica y dominar la suerte suprema. Recibe al segundo a portagayola.Voltereta de Fandiño al quitar por gaoneras. El toro es noble pero se para. David aguanta parones, muletea muy suave y templado pero mata mal.

El cuarto es alto, escurrido, feo, manso, flojo: una birria. En cuanto le baja la mano, va al suelo: algo penoso. No es posible la faena. Entra a matar mal, con la mano muerta.

Arranca aplausos con el capote en el último. Lo brinda a su compañero, que estaba pasando por su pie a la enfermería. Cita de largo: al tercer derechazo, sufre una tremenda voltereta; por la izquierda, ídem de ídem. El toro busca por los dos pitones. Se justifica con valor. Esta vez mata con decisión.

Se la han jugado los dos toreros. merecen respeto. Hemos sentido la emoción auténtica de una gran estocada: lo que siempre se ha llamado la hora de la verdad.