Octavio Chacón, en el inicio de faena al toro
Octavio Chacón, en el inicio de faena al toro - Paloma Aguilar

Las Ventas: Octavio Chacón, lidiador clásico

Herido en la mano, destaca en una seria pero deslucida corrida de Victorino Martín

Así contamos en vivo la corrida de Victorino en Las Ventas

Andrés Amorós
MadridActualizado:

Por tercer año consecutivo, los toros de Victorino Martín se lidian el Domingo de Ramos, en el primer festejo mayor de la temporada, en Las Ventas. (Este año, además, se cumplen cien de la presentación, en Madrid, de los Albaserrada: se celebrará en la fecha exacta, durante San Isidro). Es una buena costumbre, ya casi tradición: el día de las palmas y los ramos de olivo, por la entrada de Jesús en Jerusalén, vemos toros de Victorino Martín, en Madrid. Esta vez, los toros no dan buen juego: serios pero difíciles, los tres primeros; se quedan a medias, los otros tres. Destaca claramente Octavio Chacón: vuelve a demostrar que es un lidiador maduro.

Los tres diestros del cartel son especialistas en divisas duras, gozan del respeto de la afición madrileña. Tras 19 años de alternativa, Fernando Robleño va a torear tres tardes, en esta Plaza: toros de Victorino, Escolar y Valdellán. Ni un pero cabe ponerle. En el primero, de bella estampa, aplaudido, se luce Jesús Romero, con los palos. El toro sí embiste pero vuelve muy rápido y busca, por los dos lados: ¡una papeleta! Robleño prueba, con oficio, machetea y mete la mano con habilidad. No cabía mucho más. El cuarto, «Verdadero», cercano a los 600 kilos, es un pedazo de toro que mansea, recibe tres puyazos y va a más. Con buen oficio, lo aprovecha Robleño en series de muletazos pausados, por los dos lados, con sabor clásico. Mata desprendido y saluda.

Octavio Chacón ha sido una de las revelaciones de la pasada temporada: revelación tardía, después de bastantes años. Su experiencia le ha dado un gran oficio, tiene unas dotes de lidiador que hoy son insólitas. (Subrayo ese concepto básico, la lidia: ¡nada de moderneces como la «toreabilidad»!). En el segundo, levanta un clamor al lidiarlo con el capote. En la muleta, el toro va peor. Chacón sabe bien lo que hace: muy cruzado, le saca muletazos en corto, llevándolo tapado. Una labor de mérito que emborrona al matar: al hacer el toro un extraño, se corta con la espada. Según el parte, sufre «sección extensa del tercer dedo», de pronóstico reservado. Es intervenido, con anestesia local y sale para matar el sexto.

Muletazos lentos

Pepe Moral intenta hacer el toreo bueno también con los toros de las ganaderías duras. La espada le ha privado de no pocos triunfos. Un miura le lesionó, en Valdemorillo, al comenzar esta temporada. El tercero, protestado, mal picado, se lo pone difícil a los banderilleros; no le deja quedarse quieto al matador, que renuncia pronto y mata a la segunda: nada. Por la herida de Chacón, mata el quinto, que va bien al caballo pero flaquea, mete estupendamente la cabeza, le permite muletazos lentos y templados, acogidos desigualmente, porque el toro se para y le afean la colocación. Mata sin convicción. No ha sido su tarde.

Con la mano izquierda vendada sale de la enfermería Chacón, para matar al sexto, tobillero. Vuelve a dar la lidia adecuada, dejándolo lejos del caballo, que mueve bien Santiago Pérez: por fin, un tercio de varas notable, aunque el toro se queda a medias. Lo mismo sucede en la muleta: aunque flaquea, le planta cara con firmeza, le saca lo que el toro lleva dentro y lo mata por arriba. No se puede pedir más.

El cuarto victorino de esta tarde se llamaba «Verdadero». En esta España, que parece haber perdido el oremus en tantas cosas (también en lo taurino: recordemos que sigue cerrada la Plaza de Barcelona, sólo por miedo de su empresario, y que la de Estella se va a dedicar a «esparcimiento canino»), lo que sigue salvando a la Tauromaquia es su verdad, unida al toro encastado. Estos victorinos tienen la emoción ( y también los problemas) de una Fiesta auténtica, que nada tiene que ver con lo que un especialista en mercadeo aconseje a un político, para mantenerse en el poder. En Las Ventas, esta tarde, las palmas y los ramos de olivo celebran el maduro oficio de Octavio Chacón, que parece un diestro de otra época. No se preocupa de ponerse bonito ni de la verticalidad forzada, sabe andar a los toros y los conduce suavemente, con estilo sobrio y campero. En eso –tan sencillo y tan difícil– consiste la lidia clásica: dar a cada toro la faena que sus condiciones piden. Ése es el toreo verdadero.