Valverde o la forja de un rebelde

Valverde o la forja de un rebelde

ROSARIO PÉREZ | SALAMANCA
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En la tierra charra de sombrías soledades, ésas con las que tanto conviven los toreros, se entrena y lucha Javier Valverde para no pasar al rincón del olvido. Es la forja de un rebelde que ayer concitó méritos para abandonar La Glorieta triunfante. Aunque a punto estuvo de salir por la puerta de la enfermería. La tragedia sobrevoló en el primer muletazo por alto, al hilo de las tablas. Tremendo volteretón. Los tendidos, temerosos y con el corazón encogido, parecían una cosecha de hielo. Se incorporó Valverde maltrecho, con la sangre brotando y marcando una raya desde la frente a la barbilla. Agua fresca para reanimarse. Faltaba oxígeno. Se despojó de la chaquetilla, como alguna que otra tarde en los Madriles. Cogió la franela y se dirigió a «Mariposero», que no era fácil y al que ganó la partida. Valor a raudales. Rebeldía para adueñarse de las embestidas por la ruta correcta. No permitió que el toro se escapara. Siempre bien colocado, cimentó su medida faena a derechas, con muletazos encajados y con los riñones hundidos. Hubo pases de pecho hondos, algunos con gusto. Distancias cortas al final y buen remate para cuadrarlo. La espada prendió la llama de la trilogía de su obra. Hasta la empuñadura, aunque algo desprendida, desató la pañolada. La oreja fue de ley. Faena de legionario a Legionario, a quien había brindado. Se mostró por encima del deslucido sexto. Se entregó afanoso y se llevó algún achuchón. De nuevo manejó el acero con acierto y obtuvo el trofeo que le descerrajaba la puerta soñada.

El Cid cortó una oreja al estupendo cuarto, con mayor ritmo y clase, aunque con las fuerzas justas. Ya se atisbó en las lucidas verónicas del saludo. Manuel Jesús aprovechó luego el buen pitón derecho, conjugando tiempos, distancias y temple. Hubo series con prestancia y suavidad y dibujó circunferencias en torno al toro. Se anotó también algún natural notable, pases de pecho de pitón a rabo, un bello cambio de mano y una torera trincherilla. Pero su labor fue a menos, como el toro, y la estocada hizo guardia. Sensacional fue el espadazo al primero, que metió bien la cara cuando iba tapado, aunque manseó mucho y El Cid abrevió. En conjunto, la corrida de Valdefresno, baja de casta, salió suelta e hizo cosas de mansa, aunque tuvo un fondo noble.

El Fandi entusiasmó en banderillas. Maratoniano tercio, que agotó al noble segundo. Calamocheaba por su mermada fortaleza, pero el granadino no templó, salvo en una tanda en las postrimerías de su monótona y larga actuación. Al quinto, un sobrero del mismo hierro (el titular se dañó en chiqueros) con temperamento y bastante tela que cortar, no logró domeñarlo.