Los tres ases del corazón abarrotan Valdemorillo en el estreno de la cubierta

ROSARIO PÉREZVALDEMORILLO (MADRID). Expectación inusitada en Valdemorillo. Tres ases del corazón inauguraban la cubierta: Jesulín, Francisco Rivera Ordóñez y El Cordobés. A la hora de romper el

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ROSARIO PÉREZ

VALDEMORILLO (MADRID). Expectación inusitada en Valdemorillo. Tres ases del corazón inauguraban la cubierta: Jesulín, Francisco Rivera Ordóñez y El Cordobés. A la hora de romper el paseíllo, más fotógrafos que toreros en el ruedo. Y los tendidos abarrotados. Un minuto de silencio en memoria de Ángel Luis Bienvenida, sesenta segundos en recuerdo del último representante de una de las dinastías con mayor torería de la historia, precisamente en una tarde ayuna de ella.

Los mayores plácemes se los llevó El Cordobés, idolatrado por determinados públicos. La plaza se volcó con él, y Díaz ofreció su particular «show» en el quinto: saltos de la rana, rodillazos y un desplante a cuerpo limpio bailando al ritmo de la banda de música. Le llovieron claveles y las dos orejas. Otra más se embolsó en el segundo. El gentío enloqueció desde los trapaceros lances del saludo. Cómo retumbaban los oles: ni Curro a la verónica. Su conexión con el personal siguió con la muleta. Correspondió al cariño con un brindis y arrancó en los medios una faena cimentada sobre la diestra, con algunos trallazos aislados a izquierdas. Los muletazos de hinojos y su manera de irse del toro subieron aún más la temperatura, elevada de por sí por la calefacción. Aunque fulminó al toro de un bajonazo, los pañuelos, y los abanicos, flamearon.

Rivera Ordóñez se hartó de destorear en el tercero, al que cortó una oreja por la efectiva estocada, y puso tierra de por medio frente al sexto, con más motor que sus hermanos.

Después de la lección de vulgaridad de sus compañeros mediáticos, la faena de Jesulín al flojo cuarto supo a gloria. El de Ubrique, que iniciaba ayer su temporada de despedida de los ruedos, recurrió a su privilegiado temple y a su técnica para desgranar los mejores muletazos y ganarse un trofeo. Con el que estrenó la tarde -que no humilló ni por equivocación y falto de casta, tónica de la corrida de San Román-, abrevió.