Don Felipe, con Padilla, Rollán y Ábalos, posa con los mulilleros
Don Felipe, con Padilla, Rollán y Ábalos, posa con los mulilleros - Efe

El «VAR» del tendido de Las Ventas: «¿Y Pedro Sánchez para cuándo?»

Don Felipe posó con los mulilleros antes de subir al Palco Real en una tarde enrarecida

MadridActualizado:

«¡Que viene el Rey!», se escuchaba en el patio de arrastre, el «Hola» de la sociedad taurina. «¿Don Juan Carlos?», preguntó un aficionado. Rápidamente, respondió un acomodador: «No, no, Don Felipe», que ayer hizo su primer paseíllo este San Isidro para presidir la Corrida de Beneficencia. «¿Y Pedro Sánchez “pa” cuándo?», tarareó un veinteañero a modo de la canción del anillo de Jennifer Lopez. Esa cuestión se la habíamos trasladado al socialista Miguel Cid Cebrián, presidente de la Asociación Taurina Parlamentaria: «De momento, imposible. Los políticos son captadores de votos; el día que piensen que la Fiesta da escaños, vienen todos». Juan, de orondo «trapío» y más bético que Joaquín, intervino con su acento andaluz: «Ojú, es más fácil que yo participe en los Juegos Olímpicos a que la Moncloa apoye el toreo».

La tauromaquia sí cuenta con el respaldo de la Corona, leal a las tradiciones españolas. Y la afición se puso en pie para agradecer con una ovación de lujo la presencia de Don Felipe, que antes había conversado animadamente con los mulilleros, con los que posó en una foto para enmarcar en el túnel de arrastre. «Inolvidable, le va a encantar a mi madre», dijo uno. Trepaba la emoción al compás de las notas del Himno Nacional, con «¡vivas!» al Rey y a España.

El Palco Real se había engalanado para recibir al Jefe del Estado, acompañado por José Luis Ábalos -«el que llamó casposos a los taurinos», recordó un abonado- y Pedro Rollán. Al lado, Juan José Padilla, el torero de Adolfo Suárez, explicaba las claves de las embestidas y las faenas al Monarca. Recibió el brindis de los toreros: «Majestad, es un honor tenerle en nuestra Fiesta. Va por usted y por España», fue la dedicatoria de El Juli, con un cuvillo con tanta calidad como escaso poder, al que halló el temple. Pero Madrid necesita más: «No tenía casta ni emoción», señaló Carlos Herrera en el callejón. «¡Julián, hay que venir con toros!», le gritaron en el sol. «¿Y eso que son gallinas?», replicó la sombra.

Un gallo lanzaron después a Diego Ventura, que paseó la única oreja. Eso sí que eran toretes: «¡Hay que traerlos en puntas!», clamaron. Pero no era solo cuestión de pitones: «Anda, no sabía que hoy había novillos», espetó una voz de diez primaveras. A ese mismo niño, la estrella del «2», le encantó luego el jabonero quinto, de bella estampa. «Me gustaría llevármelo disecado». La inteligente faena, como la anterior de El Juli, transcurrió en medio de la división de opiniones. Ambiente enrarecido toda la tarde: de un lado, discusiones y cuchillos afilados con «peros» a todo; de otro, gente «bizcochona» con aplausos a granel. Se respiraba un bullicio casi ajeno a lo que pasaba en el redondel, donde Urdiales logró los «oles» más roncos por salpicados momentos de torería. Quien no perdió detalle fue Andrés Calamaro, en plena gira: «Me muestro en los toros». Sin complejos. Como la Casa Real: «Gracias por apoyar la cultura», brindó el último espada. Por el Rey, por la Fiesta y por España.