Tejeda, durante la faena / IGNACIO GIL
Tejeda, durante la faena / IGNACIO GIL

Un templado sobrero de Peña

ZABALA DE LA SERNA | MADRID
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Cayó Ferrera herido en los albores de la tarde. Cayó con un seco derrote que le atravesó el muslo. Se le paró el toro debajo y... El toro de Cortés que había sido bravo en el caballo y derribó por dos veces con riñones. Y se venía pronto en la muleta, pero ¿se iba? La seria y honda corrida del segundo hierro de Victoriano del Río fue un poco, y más, todo eso, venirse pero no irse. Y para los toreros es mortal semejante movilidad, porque es engañosa para el público. «¡Mira cómo va!» ¿Y se va? ¡Qué va! Claro que sacarle punta a un sexteto que se mueve, por lo menos, puede parecer osado en los tiempos que corren. Pero cuando se mueve el toro hay que analizar cómo y hasta dónde.

De los siete toros que saltaron al ruedo marcó una diferencia abismal de temple el sobrero de Fernando Peña, cuarto bis. Y de desplazarse hasta el final. Salió ganando Matías Tejela con el precipitado cambio. Tejela nunca ha sido un torero de templanza, y cómo sería el reserva de Peña que por el izquierdo se templó. Matías siempre ha guardado en su muñeca izquierda una joya. La faena ahí cobró vuelo y otra velocidad a la de su derecha. El vuelo planeador del cóndor. ¿Y la suerte? Escondida la suerte, la suerte cargada. Si no humillaba más el toro de Fernando Peña era porque sus altas hechuras de lomo recto lo impedían. Surgieron unas bernadinas de mucho tendido. Un pinchazo y una estocada caída. Oreja. Ahora miren hacia atrás...

Tejela se llevó un lote de Puerta Grande, pues el segundo de Cortés, negro entrepelado, se quiso desplazar más que ninguno, y el torero lo único que quería era desplazarlo por las afueras, escondido tras la mata o la pala. Quizá sin terminar de desbordarse el toro, pero para lo que fueron sus hermanos, de segundo muslo como frontera...

Entiendo que la movilidad ganadera mola, pero en el juicio del profesional entra, por narices, la finura, que debería añadirle matices. O la parte que no se mide. El sexto, por ejemplo, justo de fuerza. Pero no se quedaba por sus carencias, sino por el denominador común de sus hermanos de no viajar. Tejela lo pinchó.

Lamentable fue la afición de Madrid con Luis Bolívar. Un tío que reaparece a las 48 horas de una cornada en esta plaza, un vendaje especial, la carne fresca abierta, y no recibe una ovación cuando se deshace el paseo... La sensibilidad de Las Ventas ha quedado para el caballo «Asterix», que se luxó una mano el otro día y provocó un estremecimiento mayor al que hombres heridos en esta feria como Gimeno Mora, Cuesta, Abellán, Ferrera con un boquete y el propio colombiano suscitan. El animalismo bulle.

Bolívar realizó un esfuerzo no valorado al reaparecer. El tercero tenía más volumen que cara, y el quinto, corrido turno, muchísima más cara que volumen. Y ambos compartieron un mismo patrón: el gazapeo. ¿Que Bolívar debió estar más firme? Es posible. Pero las ideas cambiantes, más que las pavorosas perchas, del quinto harían dudar a Aquiles. Los que se pillan el pellejo con la cremallera y se agarran dos semanas de baja se metían con su reaparición...