Manuel Vidrié
Manuel Vidrié

El sorprendente auge del arte de Marialva

TEXTO: ROSARIO PÉREZ FOTO: ABC«Un día don Álvaro Domecq me espetó en «Los Alburejos»: «Si Cañero levantara la cabeza, no se creería lo que se está haciendo hoy a caballo»», rememoraba ayer Manuel

Actualizado:

TEXTO: ROSARIO PÉREZ FOTO: ABC

«Un día don Álvaro Domecq me espetó en «Los Alburejos»: «Si Cañero levantara la cabeza, no se creería lo que se está haciendo hoy a caballo»», rememoraba ayer Manuel Vidrié. «Porque hay que ver con qué temple se torea, cómo se mueve esa muleta de 350 kilos que es un equino». El caballero de Torrelaguna, mano a mano con el rejoneador y ganadero Joaquín Moreno, arrancaba así su apasionante intervención durante la conferencia «La evolución del toreo a caballo», presentada por Pilar de la Vega de Anzo y moderada por el periodista Miguel Ángel Moncholi, experto en la materia.

Todos coincidieron en resaltar el «boom» actual del arte de Marialva: «Es en estos festejos en los primeros que se cuelga el «no hay billetes»», asegura Moncholi, quien lamenta que en la obra publicada sobre las bodas de platino de la Monumental («Las Ventas. 75 años de historia») «no haya un capítulo dedicado al rejoneo».

Son muchos los caballeros que han dejado huella en Madrid, pero sólo un nombre ha quedado inmortalizado: el de Vidrié, toda una vida a caballo. Su academia ha sido el campo. Y Las Ventas, su plaza. Siete Puertas Grandes avalan su trayectoria. Pese a este apabullante palmarés, el maestro de Torrelaguna, que rebosa humildad por los cuatro costados, aún se sonroja cuando le señalan como uno de los principales artífices del arte de Marialva. «Yo sólo he puesto un granito de arena», dice el madrileño. Toma la palabra Moreno para poner los puntos sobre las íes: «Aquí el primero que templa, que llega a los toros despacio, que se para delante del toro, que da un quiebro y lo vuelve a repetir, con sometimiento y cadencia, es Vidrié, que ha tenido un don, al igual que El Juli a pie».

Manuel Vidrié, quien llegó a codearse con personajes de la talla de Anthony Quinn en sus trabajos de doblaje en el cine, se muestra encantado de que el rejoneo haya cruzado fronteras insospechadas. «Es muy difícil que se pueda torear mejor que en esta época». Imposible pasar por alto «el fenómeno Mendoza». «Pablo Hermoso ha roto moldes», sentencia.

Las Ventas representa todo en la carrera de Vidrié. Y confiesa que en Madrid se pasa miedo hasta de orador. «Cuando toreaba en esta plaza, mis piernas parecían de chicle. Y todavía se me afloja la barriga, porque esto de hablar en público no es lo mío. A mí me bajan de un caballo y me quitan el techo de una encina y no soy persona». Y puntualiza que el corazón de sus corceles palpitaba a un ritmo especial en el escenario venteño. Sobre el albero de la calle de Alcalá aún palpitan también los lances y muletazos del centauro de Torrelaguna, que cabalga ahora en sueños a lomos de «Neptuno».