Momento de la cogida al diestro Román
Momento de la cogida al diestro Román - Paloma Aguilar

Sangre de Román, gloria de Curro Díaz

El valenciano sufre una cornada muy grave, al estoquear. Curro se sobrepone y corta una oreja

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En el tercer toro de Baltasar Ibán, un cinqueño muy complicado, Román realiza una faena épica, entra a matar por derecho y sufre una impresionante cogida. Asusta ver al diestro, consciente, tapándose con la mano la hemorragia, mientras lo trasladan rápidamente a la enfermería. Sufre una cornada de 30 centímetros que atraviesa el muslo izquierdo, de pronóstico muy grave. Curro Díaz logra vencer la dureza del momento, torea con estética y corta una oreja. La sangre y la gloria del toreo.

Se inicia el último tramo de San Isidro pero todavía quedan ocho festejos: más que casi todas las Feria españolas. Acudimos con la ilusión de ver los toros de Baltasar Ibán. Su casta Contreras se remonta al mítico tronco de Vistahermosa. La afición no olvida a «Bastonito», el bravísimo toro, con el que mantuvo una heroica pelea César Rincón. Los de esta tarde, serios, bien armados; varios, aplaudidos de salida; empujan fuerte, en el caballo, y son difíciles de banderillear; en general, sacan dificultades, salvo el buen cuarto.

Devuelto por flojo el primero, el sobrero de Montealto embiste con genio, es un toro complicado. Curro Díaz logra bajarle la cabeza en algunos muletazos, con buen oficio, y se lo quita de encima, a la segunda.

Después de un buen puyazo de Juan Antonio Carbonell, el segundo va a mejor, humilla y repite, le permite a Moral trazar dos tandas de derechazos largos, pero el animal se apaga pronto. No mata bien.

El valentísimo Román se ha ganado la sustitución de Emilio de Justo (que había elegido esta corrida) por lo que llaman «cruzar la línea roja»; dicho más claro, a veces roza la temeridad.

Aplauden de salida al tercero, de cinco años y medio, que derriba, primero, y también empuja en la segunda vara (se ovaciona a Chocolate). El toro se duele, en banderillas; el presidente no cambia el tercio, porque no lleva cuatro palos –sí se clavaron pero alguno se cayó– y El Sirio acaba siendo arrollado. Brinda al herido de Justo. En la muleta, el toro es reservón, pega arreones violentos. Román no se arruga: se coloca de frente, le saca algunos muletazos, tragando mucho. La gente agradece la gran entrega del diestro. En la estocada, sufre una cornada muy preocupante. El público, impresionado, exige la oreja.

Después de esto, la tarde se ha puesto amarga. En el cuarto, muy armado pero noble, Curro Díaz se sobrepone a la difícil situación, dibuja suaves lances y deja la montera delante de la enfermería. Ahora el público sí que valora el mérito de los relajados derechazos de Curro Díaz, su capacidad para improvisar, saliendo con torería de la cara del toro. La faena ha sido corta (no hace falta más) y clásica. Deja la espada en todo lo alto: justa oreja.

El quinto pega arreones, tropieza el engaño. Moral no logra superar las claras dificultades y mata mal, yéndose de la suerte. No ha tenido una buena tarde.

Buen oficio y valor sereno

El sexto se frena, echa las manos por delante; corta, en banderillas: no parece ofrecer posibilidad alguna. Aún así, poniéndose en el sitio, Curro Diaz le saca suaves muletazos por los dos lados. Mata a la segunda de un gran espadazo. No ha sido faena de pellizco sino de buen oficio y valor sereno, para culminar una tarde de auténtico profesional.

La cornada de Román ha sucedido a las de Gonzalo Caballero, Juan Leal y Manuel Escribano. No es algo nuevo. Me contaba Marcial Lalanda que, en San Isidro, solía estar lleno el Sanatorio de Toreros. Demuestra esto la entrega de los diestros. Sangre de Román, gloria de Curro Díaz. Este último, con implacable laconismo, lo ha definido: «Es el toreo». No queremos que pase pero esa cercanía del riesgo va unida a su grandeza.

Posdata. En 1972, los veterinarios de San Sebastián rechazaron íntegramente una corrida de Ibán. Don Baltasar los hizo sacrificar para que, en el reconocimiento post mortem, se comprobara que los toros tenían la edad, el peso y la integridad de las defensas exigibles: así salvó su honor de ganadero. A don Álvaro Domecq padre le escuché decir en público, en Sevilla: «Si le sale otro como ‘Bastonito’, el ganadero se ha de comer con patatas toda la ganadería». (Se entiende: porque ninguna figura la querrá torear). Probablemente, tenía razón pero eso demuestra cómo han evolucionado las ganaderías.