Matías Tejela corta la única oreja en una tarde insípida

Matías Tejela cortó la única oreja de la tarde al segundo en un festejo en el que Jesulín pecó de frío y Manzanares, con el peor lote de una noble y floja corrida de Puerto de San Lorenzo, no tuvo

ABC. VALLADOLID.
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Matías Tejela cortó la única oreja de la tarde al segundo en un festejo en el que Jesulín pecó de frío y Manzanares, con el peor lote de una noble y floja corrida de Puerto de San Lorenzo, no tuvo opción.

Jesulín de Ubrique no pasó de aseado con el manejable primero. El toro embistió con nobleza, docilidad y un punto de sosería, y el de Ubrique le ejecutó muchos muletazos correctos pero sin alma. La larga faena no caló en el tendido en un conjunto sin emoción realizado en el tercio. Pinchó repetidamente y recibió el aviso entre el silencio del respetable. En el cuarto volvió a pecar de frío. El del Puerto embistió con claridad al principio de la faena para pararse paulatinamente después. Jesulín lo pasó sobre ambos pitones en otra labor carente de emoción.

Matías Tejela consiguió un trofeo del colaborador segundo. El toro no paró de berrear, por momentos reculó, pero cuando se decidió a embestir metió la cara con clase. Intercaló ambos pitones, hubo muletazos estimables pero todo a media altura por la justeza de fuerzas del rival, lo que restó emoción a una faena voluntariosa. Mató de una estocada de rápido efecto, lo que fue definitivo para que cayera la primera oreja de la tarde. A Tejela le tocó en quinto lugar el toro más encastado del encierro de Lorenzo Fraile, que transmitió y resultó repetidor. El madrileño firmó series aceptables con la diestra, de mano baja pero sin acabar de redondear faena. Labor intermitente que acabó de emborronar al fallar con los aceros.

A José María Manzanares le correspondió un inválido que se cayó de forma constante a lo largo de la lidia. Ante semejante animal la emoción resultó imposible. Entre el aburrimiento por una faena irrelevante de enfermero dejó muestras de decisión y entrega. Mató de estocada y saludó desde el tercio. El último no fue tan blando como el anterior pero resultó soso y deslucido. Manzanares confirmó su dulce momento con otra actuación presidida por la buena disposición. Otra cosa no cabía ante un antagonista sin posibilidades.